
Investigadores del CSIC desarrollan MicroMg, un material que integrado en pinturas reduce hasta 16 ppm/h de CO₂ en interiores.
- Captura de CO₂ en paredes.
- Conversión a bicarbonato estable.
- Sin consumo energético.
- Material basado en magnesio.
- Aplicable en pinturas convencionales.
- Mejora del aire interior.
- Reutilizable, alta durabilidad.
- Potencial en edificios y ciudades.
El CSIC crea un material que añadido en las pinturas reduce el CO₂ de forma sostenible en interiores y exteriores
Investigadores del Instituto de Catálisis y Petroleoquímica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (ICP-CSIC) han desarrollado un nuevo material a base de magnesio capaz de capturar y transformar el CO₂ del aire a temperatura ambiente sin utilizar energía. Denominado MicroMg, el material convierte el CO₂ principalmente en bicarbonato y mantiene su eficacia cuando se incorpora a pinturas aplicadas en paredes. Este avance puede contribuir a mejorar la calidad del aire en interiores, donde niveles elevados de CO₂ pueden afectar al bienestar y al rendimiento cognitivo. Y también podría utilizarse en exteriores, mediante recubrimientos que ayuden a reducir este gas de efecto invernadero. El trabajo se ha publicado en la revista ACS Applied Energy Materials.
El aumento de la concentración de dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera constituye uno de los principales retos ambientales actuales. Además de su contribución al cambio climático, niveles elevados de este gas en espacios interiores —como oficinas, viviendas o centros educativos— pueden afectar al bienestar y al rendimiento cognitivo de las personas. Por ello, el desarrollo de materiales capaces de capturar o transformar el CO₂ de forma eficiente y sostenible se ha convertido en una línea de investigación clave para mejorar la calidad del aire y avanzar hacia entornos más saludables.
En este contexto se enmarca el trabajo del grupo de investigación del ICP-CSIC liderado por José Miguel Palomo, que ha desarrollado un nuevo material catalítico denominado MicroMg. Se trata de un biohíbrido basado en magnesio, capaz de transformar CO₂ en compuestos más estables en condiciones ambientales, que combina un componente inorgánico de magnesio con una biomolécula, una enzima que actúa como soporte y que guía la formación del material durante el proceso de síntesis.

Proceso respetuoso con el medio ambiente
El material que transforma el CO₂ se obtiene mediante un método sencillo y respetuoso con el medio ambiente. Se prepara en disolución acuosa, a temperatura ambiente y pH neutro, sin necesidad de condiciones agresivas ni reactivos tóxicos. Durante el proceso se forman microestructuras cristalinas bien definidas, con geometría cúbico-octaédrica, y un tamaño del orden de micras. Esta morfología no es casual: aumenta la superficie activa y favorece el contacto con el CO₂.
En experimentos realizados en medio acuoso, el material MicroMg demostró una elevada eficiencia para transformar el CO₂ en bicarbonato en aproximadamente 30 minutos, sin aporte energético externo. Este detalle no es menor: muchas tecnologías de captura de carbono actuales requieren calor, presión o electricidad, lo que limita su implantación a gran escala.
Además, el material mantiene su actividad tras varios ciclos de uso. Esa capacidad de reutilización lo sitúa en una posición interesante frente a otros sistemas más efímeros o difíciles de regenerar.
Cuando se integra en pinturas convencionales y se aplica sobre paredes, el comportamiento sigue siendo notable. En condiciones habituales de interiores —en torno a 900 ppm de CO₂—, las superficies tratadas reducen de forma significativa la concentración del gas. Incluso en escenarios más exigentes, con valores cercanos a 1.500 ppm, el material mantiene su actividad durante días, con tasas de eliminación aproximadas de 16 ppm por hora.
Otro punto clave: tras varios lavados, conserva más del 90 % de su eficacia. Esto abre la puerta a aplicaciones reales sin comprometer mantenimiento o durabilidad.

Más allá del laboratorio: edificios que “respiran”
Lo interesante de este avance no es solo el material en sí, sino cómo se integra. No estamos hablando de equipos complejos ni de instalaciones industriales, sino de algo tan cotidiano como una pintura.
Eso cambia las reglas del juego.
En un momento en el que la normativa europea (como la Directiva de Eficiencia Energética de los Edificios) está empujando hacia construcciones más eficientes y saludables, soluciones pasivas como esta pueden complementar a la ventilación mecánica o a los sistemas de filtrado. No sustituyen, pero sí ayudan.
En oficinas, colegios o bibliotecas —espacios donde el CO₂ puede dispararse fácilmente—, este tipo de recubrimientos podría actuar como un “amortiguador invisible” de la calidad del aire. No hace ruido, no consume energía, no requiere intervención. Está ahí, funcionando.
Y en exteriores… aunque el impacto será más difuso, la idea de superficies urbanas activas (fachadas, mobiliario urbano, infraestructuras) capaces de interactuar con el CO₂ empieza a tomar forma. Algo parecido a lo que ya ocurre con ciertos cementos fotocatalíticos, pero enfocado al carbono.
Potencial
La verdadera fuerza de MicroMg está en su facilidad de integración. No requiere cambiar hábitos, ni infraestructuras complejas, ni inversiones desproporcionadas. Se incorpora a algo que ya se usa: pintura.
A partir de ahí, se abren varias líneas interesantes:
- Rehabilitación energética de edificios: incluir pinturas captadoras de CO₂ junto a aislamientos y mejoras térmicas.
- Espacios educativos más saludables: aulas con mejor calidad del aire sin depender exclusivamente de ventilación constante.
- Oficinas con menor fatiga ambiental: apoyo pasivo a la ventilación en espacios cerrados.
- Infraestructura urbana activa: fachadas, túneles o estaciones que contribuyan a reducir contaminantes.
- Vivienda social o zonas con mala ventilación: solución accesible, sin consumo energético.
También puede jugar un papel relevante en escenarios donde la ventilación natural no es suficiente o resulta costosa energéticamente —invierno, olas de calor, edificios muy sellados—.
No es una revolución aislada. Más bien encaja dentro de una tendencia clara: materiales que dejan de ser pasivos y empiezan a interactuar con su entorno. Y ahí, poco a poco, se está construyendo otra forma de entender la arquitectura y la sostenibilidad.
Vía Consejo Superior de Investigaciones Científicas
Más información: Design of a Magnesium Microstructured Biohybrid Material for Practical Atmospheric CO2 Mitigation



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