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Investigadores estadounidenses crean robots más pequeños del mundo que realizan tareas programadas y nadan meses con energía solar, tienen el tamaño de una mota de polvo

21 diciembre, 2025 3 comentarios

4/5 - (20 votos)
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Universidades de Michigan y Pensilvania desarrollan robots programables 10.000 veces más pequeños que los convencionales, útiles para medicina y manufactura.

  • Robots microscópicos.
  • Tamaño casi invisible.
  • Programables, autónomos.
  • Energía solar integrada.
  • Sensores, computación, movimiento.
  • Medicina, fabricación, ciencia básica.
  • Nueva escala tecnológica.

Los robots programables más pequeños del mundo realizan tareas

Microrrobots nadadores desarrollados por la Universidad de Michigan y la Universidad de Pensilvania son capaces de percibir su entorno, procesar información y ejecutar acciones, todo ello en una escala que hasta ahora parecía inalcanzable para la robótica. No se trata de una mejora incremental. Es un salto de escala.

El robot tiene forma rectangular y resulta apenas perceptible a simple vista. Su tamaño ronda los 0,2 × 0,3 × 0,05 milímetros, comparable al de muchos microorganismos. Para hacerse una idea: es solo un poco más ancho que el número “1” acuñado en una moneda estadounidense y aproximadamente un tercio de su altura. Pequeñísimo. Pero completo.

Estos dispositivos son los robots totalmente programables y autónomos más pequeños jamás construidos. Incorporan sensores, un sistema de propulsión, un procesador y una fuente de energía integrada. Todo en una sola pieza, fabricada con técnicas derivadas de la microelectrónica.

A diferencia de otros microrrobots experimentales, estos no dependen de cables, campos externos continuos ni control directo desde fuera. Funcionan de forma autónoma durante meses, y su coste unitario puede situarse por debajo de un euro, un detalle nada menor cuando se piensa en aplicaciones a gran escala.

Los microbots se producen en una lámina (arriba a la izquierda) aproximadamente en la zona de la punta de un dedo (abajo a la izquierda). Cada robot contiene células solares para la captación de energía, algunas de las cuales también funcionan como receptores ópticos, un sensor de temperatura a cada lado del microrobot para detectar diferencias, un procesador para captar información y tomar decisiones, y cuatro paneles actuadores que impulsan su movimiento. Cuatro de los receptores permiten al robot identificar si un programa entrante está dirigido a él. Crédito de la imagen: Maya Lassiter, Universidad de Pensilvania

Microrrobots que nadan, piensan y actúan

Cada uno de estos microrrobots puede desplazarse siguiendo trayectorias complejas, detectar variaciones locales de temperatura y modificar su comportamiento en función de lo que percibe. Todo ello alimentado exclusivamente por luz, gracias a diminutas células solares que ocupan buena parte de su superficie.

La clave está en la integración. No es solo que el robot se mueva o mida datos. Es que decide qué hacer con esa información. El procesador que gobierna el sistema opera con apenas 75 nanovatios, una cifra unas 100.000 veces inferior al consumo típico de un reloj inteligente. Una austeridad energética extrema, casi biológica.

Este nivel de eficiencia ha obligado a replantear desde cero la forma de programar. Instrucciones que en un sistema convencional requerirían múltiples pasos aquí se condensan en órdenes únicas, diseñadas específicamente para caber en una memoria microscópica. Menos líneas de código. Menos energía. Más inteligencia por milímetro cuadrado.

Microrobots sobre una sección transversal de tejido cutáneo. Con este tamaño tan pequeño, los robots se vuelven comparables a muchas estructuras en microbiología, desde un paramecio unicelular hasta células vegetales o osos acuáticos. Crédito de la imagen: Maya Lassiter, Universidad de Pensilvania

Cómo moverse cuando el agua se comporta como alquitrán

A esta escala, las reglas cambian. En el mundo microscópico, el agua no fluye: arrastra. La viscosidad domina, y moverse es como intentar nadar en alquitrán. Durante décadas, este problema ha frenado el desarrollo de microrrobots realmente autónomos.

La solución adoptada aquí es elegante. En lugar de empujarse a sí mismos, estos robots mueven el fluido que los rodea. Generan un pequeño campo eléctrico que desplaza iones en el agua. Esos iones empujan a las moléculas cercanas y, con ello, al robot. Propulsión electrocinética, sin piezas móviles. Menos desgaste. Más durabilidad.

El resultado es un sistema sorprendentemente robusto. Los robots pueden manipularse con micropipetas, agruparse y desplazarse de forma coordinada, casi como un banco de peces microscópicos. Y seguir funcionando durante semanas, incluso meses.

Solo el ordenador M3 (Michigan Micro Mote), mostrado flotando sobre lo que parece ser el hombro de Lincoln para mayor escala. Foto tomada en el Laboratorio de Circuitos Integrados de Michigan. Crédito de la imagen: Michael Simari

Fabricación en serie y control individual

Los microrrobots se fabrican en láminas, de manera similar a los chips electrónicos. En una superficie del tamaño de una yema de dedo pueden producirse decenas de unidades idénticas. Cada una incorpora células solares, sensores térmicos, actuadores y un identificador único que permite programarla de forma individual mediante pulsos de luz.

Esta capacidad abre la puerta a comportamientos colectivos complejos. Un grupo de robots podría repartirse tareas, responder de forma distinta a un mismo estímulo o colaborar en entornos donde el acceso humano es imposible.

En los experimentos descritos, los robots detectan diferencias de temperatura con una precisión cercana a 0,3 °C. Para comunicar esa información no emiten señales digitales tradicionales. Se mueven. Literalmente. Un pequeño “baile” que recuerda a la danza de las abejas, donde el movimiento codifica datos.

Aplicaciones reales más allá del laboratorio

Las implicaciones son profundas. En medicina, estos microrrobots podrían monitorizar la actividad de células individuales, detectar zonas con metabolismo alterado o servir como plataformas de diagnóstico en tejidos donde hoy solo llegan sondas pasivas.

En fabricación avanzada, podrían ayudar a ensamblar estructuras microscópicas, inspeccionar superficies a escala micro o actuar como sensores distribuidos en procesos industriales delicados.

También hay interés desde ámbitos como la defensa, la investigación ambiental o la ciencia básica. No por su tamaño, sino por lo que permite: observar y actuar donde antes solo se podía inferir.

Vía University of Michigan

Más información: Science Robotics

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Publicado en: Tecnología verde

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Comentarios

  1. Nelson Gallego dice

    22 diciembre, 2025 a las 05:00

    cómo se fabrican, los aparatos que los fabrican deben ser también microscópicos?

    Responder
  2. Aeiou dice

    22 diciembre, 2025 a las 11:49

    Como tú nepe

    Responder
  3. Anónimo dice

    30 diciembre, 2025 a las 17:53

    Se prepara una oblea de semi conductores donde están impresos los circuitos y el micro mecanismo adjunto. luego se separan por microcorte, pero de un lote de 10000 circuitos, solo el 1% es útil.

    Responder

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