
Tras décadas al borde de la desaparición, este gigante nocturno vuelve a reproducirse por sí solo en libertad y ya suma varias generaciones nacidas en nuevos refugios.
- 🦗 El wētāpunga es el insecto más pesado de Nueva Zelanda y uno de los ortópteros más pesados conocidos.
- 🏝️ Llegó a sobrevivir de forma natural únicamente en una isla tras desaparecer del resto de su antigua distribución.
- 🌱 Un programa de cría ha permitido liberar más de 11.000 ejemplares en 10 nuevos enclaves.
- 🐀 La eliminación y exclusión de depredadores invasores ha sido fundamental para que las nuevas poblaciones puedan prosperar.
- ✅ En dos islas ya se han identificado al menos cuatro generaciones nacidas en libertad, una señal especialmente importante de que la recuperación funciona.
Durante décadas, el wētāpunga (Deinacrida heteracantha) estuvo peligrosamente cerca de convertirse en otra especie desaparecida de Nueva Zelanda. Este enorme insecto, incapaz de volar y especialmente vulnerable frente a los mamíferos introducidos por el ser humano, terminó refugiado en un único lugar.
Ahora la situación es muy diferente. Tras unos 15 años de cría en cautividad, eliminación de depredadores y reintroducciones cuidadosamente planificadas, se han establecido nuevas poblaciones en diferentes enclaves protegidos.
El programa ha realizado 45 translocaciones y liberado más de 11.000 wētāpunga en 10 nuevos lugares, ocho islas libres de depredadores y dos santuarios vallados situados en tierra firme. El resultado ha permitido que la clasificación de conservación de la especie haya mejorado desde Nationally Endangered hasta Nationally Increasing.
Un insecto gigante que puede pesar más que un gorrión
El wētāpunga pertenece al grupo de los wētā gigantes, unos insectos endémicos de Nueva Zelanda emparentados con grillos y saltamontes.
Es la especie de wētā gigante de mayor tamaño del país y el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda la describe como el ortóptero más pesado del mundo. Las hembras son considerablemente mayores que los machos y pueden alcanzar aproximadamente 35 gramos, suficiente para superar el peso de algunos pequeños pájaros.
Su aspecto puede resultar intimidante, pero su enorme tamaño se convirtió precisamente en una desventaja cuando aparecieron en Nueva Zelanda mamíferos depredadores frente a los que estos insectos no habían evolucionado.
El wētāpunga es nocturno y durante el día suele permanecer escondido entre hojas muertas y vegetación. Los adultos viven aproximadamente entre seis y nueve meses y las hembras depositan numerosos grupos de huevos en el suelo húmedo del bosque.
De ocupar buena parte del norte de Nueva Zelanda a sobrevivir en una sola isla
En el pasado, la especie estaba distribuida por Northland, Auckland y varias islas próximas.
La transformación de los bosques para usos agrícolas redujo considerablemente su hábitat. A este problema se sumó otro todavía más grave: la llegada de ratas, armiños, gatos y otros mamíferos introducidos.
Para un insecto grande, nocturno y sin capacidad de vuelo, estos nuevos depredadores fueron devastadores.
A mediados del siglo XX, el wētāpunga había desaparecido de prácticamente toda su distribución histórica. Su último refugio natural quedó reducido a Te Hauturu-o-Toi/Little Barrier Island, una isla boscosa de unos 31 km² situada en el golfo de Hauraki.
Incluso allí existían problemas. Los gatos fueron eliminados de la isla en 1980 y las ratas del Pacífico en 2004. Los censos posteriores detectaron una recuperación, pero la población seguía siendo demasiado pequeña como para retirar decenas de ejemplares y trasladarlos directamente a otros lugares.
Los conservacionistas tuvieron que plantear una estrategia diferente.

Criarlos en cautividad para multiplicar una población muy pequeña
En lugar de extraer grandes cantidades de individuos de la última población silvestre, se recogieron pequeños grupos para crear colonias reproductoras.
Butterfly Creek inició las primeras técnicas de cría y posteriormente el Auckland Zoo consiguió ampliar considerablemente el programa.
La reproducción resultó extraordinariamente productiva. Los huevos tardaban de media alrededor de nueve meses y medio en eclosionar, aunque algunos continuaban siendo viables después de dos años. Una sola hembra llegó a producir 1.350 crías.
Los jóvenes pasaban por diez mudas durante aproximadamente 14 meses antes de alcanzar la edad adulta.
Pero producir miles de insectos planteaba otro problema: criarlos individualmente requería demasiado espacio y trabajo.
El cambio que permitió criar miles de ejemplares
El Auckland Zoo desarrolló un sistema de cría comunitaria mediante grandes recintos de malla.
Los investigadores comprobaron que una densidad de aproximadamente 20 ejemplares por recinto ofrecía buenos resultados, especialmente cuando los individuos tenían edades similares.
Esto era importante porque las diferencias de tamaño podían provocar que los ejemplares mayores se comieran a algunos de los pequeños.
Al ajustar la densidad, la alimentación y la edad de los grupos, la supervivencia llegó hasta aproximadamente el 80 % antes de la liberación. Los jóvenes recibían hojas de plantas autóctonas, hojarasca húmeda y alimento rico en proteínas.
Esta metodología permitió pasar de una conservación casi artesanal a criar suficientes ejemplares como para establecer poblaciones completamente nuevas.
Entre 2014 y 2025, solo el Auckland Zoo crió y liberó 8.874 wētāpunga.

Más de 11.000 insectos liberados
Las primeras reintroducciones comenzaron en Motuora en 2010 y Tiritiri Matangi en 2011.
Desde entonces, el programa ha ido ampliándose hasta alcanzar ocho islas libres de depredadores y dos santuarios vallados en tierra firme. En total se han realizado 45 translocaciones.
El traslado también tuvo que adaptarse a las características del animal.
Algunos ejemplares fueron transportados individualmente dentro de tubos de bambú, que posteriormente se sujetaban a las ramas de los árboles. Los grupos numerosos de ejemplares jóvenes podían liberarse directamente sobre la vegetación durante la noche.
Según los datos recopilados por el programa, no se registraron muertes durante estos traslados.
La prueba definitiva: ya se reproducen solos
Liberar miles de animales no garantiza por sí mismo que una reintroducción haya funcionado.
La verdadera prueba consiste en comprobar si sobreviven, se reproducen y sus descendientes vuelven a reproducirse durante varias generaciones sin depender continuamente de nuevos ejemplares criados en cautividad.
Eso es precisamente lo que está ocurriendo.
El seguimiento intensivo realizado en Motuora y Tiritiri Matangi ha confirmado al menos cuatro generaciones de wētāpunga nacidas en libertad. Los investigadores incluso han identificado indicios compatibles con una quinta generación en uno de los enclaves estudiados.
Alcanzar cuatro generaciones es considerado internacionalmente un indicador de establecimiento exitoso de una población después de una translocación.
En algunas de estas nuevas poblaciones resulta incluso mucho más fácil encontrar wētāpunga que en la isla que sirvió como población original. En uno de los muestreos se alcanzaron 28,5 ejemplares detectados por persona y hora de búsqueda, frente a 1,4 en Little Barrier Island después de eliminar las ratas.
El control de especies invasoras resulta tan importante como la cría
El proyecto muestra también que criar animales amenazados es solamente una parte de la solución.
Liberar wētāpunga en un territorio donde siguieran presentes abundantes depredadores introducidos probablemente reproduciría el mismo problema que provocó su desaparición.
Por eso las reintroducciones se han concentrado principalmente en islas libres de depredadores y recintos terrestres protegidos mediante vallados específicos.
La recuperación combina así varias estrategias: restauración del hábitat, control de especies invasoras, cría en cautividad, selección de nuevos enclaves, liberaciones sucesivas y seguimiento durante varias generaciones.
Todavía quedan riesgos
La recuperación no significa que el problema esté completamente resuelto.
Las nuevas poblaciones proceden de un número relativamente reducido de fundadores, por lo que uno de los aspectos que deberá vigilarse a largo plazo es su diversidad genética. Los investigadores ya han recogido muestras de ADN para estudiar esta cuestión.
Además, los dos santuarios situados en tierra firme todavía albergan ratones. Estas reintroducciones servirán precisamente para comprobar hasta qué punto el wētāpunga puede mantener poblaciones estables cuando estos pequeños mamíferos siguen presentes.
Aun así, la evolución de la especie es notable. Cuando comenzó el programa estaba clasificada en Nueva Zelanda como Nationally Endangered. En 2022 su situación había mejorado hasta la categoría Threatened – Nationally Increasing, que identifica especies amenazadas cuyas poblaciones están creciendo.
Después de quedar confinada a una única isla, la especie dispone ahora de nuevas poblaciones y, lo que resulta más importante, algunas ya llevan cuatro o más generaciones reproduciéndose por sí mismas en libertad.
Vía Department of Conservation (New Zealand)
Más información: Zoos bred and released 11,000 wētāpunga, helping New Zealand’s heaviest insect bounce back from the brink

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