
Científicos aumentan hasta 8,5 veces el rendimiento de cultivos con fertilizante de larvas de mosca soldado negra.
- 🌽 Más del doble de rendimiento de maíz.
- 🪰 Fertilizante producido con residuos y mosca soldado negra.
- 🌱 Maíz, caupí, Desmodium y Brachiaria en una misma estrategia.
- 📈 Hasta 3,3 veces más eficiencia en el uso de la tierra.
- 🌍 Mayor carbono almacenado en la biomasa vegetal.
- 🐄 Alimentos para personas y forraje para ganado.
- 🧪 Ensayo de dos años en tres regiones de Kenia.
- ⚠️ Resultados prometedores, todavía pendientes de validación a largo plazo.
Combinar cultivos con fertilizante de insectos multiplica la producción agrícola y almacena más carbono en el campo
¿Por qué importa?
Una hectárea agrícola no tiene por qué dedicarse a producir una sola cosa. Un estudio realizado en Kenia muestra que combinar diferentes cultivos, control biológico de plagas y fertilizante obtenido mediante larvas de mosca soldado negra puede aumentar simultáneamente la producción de alimentos, forraje, proteínas y biomasa vegetal.
La propuesta resulta especialmente interesante porque une dos problemas que normalmente se abordan por separado: la necesidad de producir más alimentos con poca tierra y la enorme cantidad de residuos orgánicos que todavía se desaprovechan.
Una parcela diseñada como un pequeño ecosistema
El planteamiento va bastante más allá de sustituir un fertilizante químico por otro orgánico.
Investigadores del International Centre of Insect Physiology and Ecology (icipe) y otras instituciones africanas estudiaron qué ocurre al combinar la tecnología agrícola conocida como push-pull con fertilizante elaborado a partir del frass de la mosca soldado negra (Hermetia illucens).
El push-pull lleva años utilizándose en África oriental. Su lógica es sencilla de entender: determinadas plantas acompañantes ayudan a alejar las plagas del cultivo principal, mientras otras situadas alrededor de la parcela contribuyen a atraerlas hacia zonas donde provocan menos daño.
En los sistemas estudiados aparecen Desmodium, una leguminosa, y Brachiaria, una gramínea utilizada también como forraje. El agricultor deja así de depender exclusivamente del maíz cultivado en solitario.
Los investigadores fueron un poco más lejos con una variante denominada VIPP —Vegetable-Integrated Push-Pull—, que incorpora además cultivos destinados directamente a la alimentación humana.
En este caso se utilizó caupí, una leguminosa muy extendida en África.
El segundo ingrediente llega de los residuos orgánicos
Aquí entra en escena la mosca soldado negra.
Sus larvas pueden alimentarse de determinadas corrientes de materia orgánica. Durante ese proceso generan biomasa aprovechable y un residuo denominado frass, compuesto por excreciones de los insectos, restos del alimento procesado y otros materiales orgánicos.
Una vez correctamente procesado y caracterizado, este material puede utilizarse como fertilizante.
La idea introduce una pieza interesante de economía circular: nutrientes presentes en residuos orgánicos regresan a la producción agrícola en lugar de terminar desaprovechados.
En el experimento keniano, el fertilizante de frass se aplicó a razón de 5 toneladas por hectárea. Para poder comparar, algunas parcelas convencionales recibieron 250 kg/ha de fosfato diamónico (DAP) y tratamientos con pesticidas.
No se trataba, por tanto, de observar simplemente si el frass fertilizaba. La cuestión era más ambiciosa: comprobar qué ocurría cuando se integraba dentro de un sistema agrícola diversificado.

El resultado más interesante aparece al combinar las tecnologías
El estudio siguió durante 2024 y 2025 12 sistemas agrícolas diferentes en Busia, Homa Bay y Kisii, tres zonas de Kenia con condiciones climáticas y edáficas distintas.
Las parcelas diversificadas produjeron entre 4,7 y 11,2 veces más biomasa aérea, reservas de carbono en esa biomasa y producción agrícola total, dependiendo del sistema y de la referencia utilizada.
Una parte importante de esa diferencia tiene una explicación que conviene señalar: los sistemas diversificados producen varias cosechas y forraje simultáneamente, mientras que el monocultivo produce básicamente una. No significa que una planta de maíz pase mágicamente a rendir once veces más.
De hecho, cuando se observa específicamente el grano de maíz, la mejora resulta mucho más moderada y creíble: los sistemas diversificados y fertilizados con frass consiguieron aproximadamente duplicar su rendimiento frente al monocultivo sin tratar.
Producir más sin necesitar proporcionalmente más terreno
Uno de los indicadores más reveladores del estudio es el LER o índice equivalente de tierra.
Sirve para comparar cuánto terreno necesitarían varios monocultivos para producir lo mismo que una hectárea donde esos cultivos crecen conjuntamente.
Un valor de 1 significa que no existe ventaja. Por encima de 1, la combinación utiliza la superficie con mayor eficiencia.
Todos los sistemas diversificados estudiados superaron ese umbral, con valores comprendidos aproximadamente entre 2,0 y 3,3.
El mejor resultado, 3,3, apareció en el sistema push-pull con maíz y fertilizante procedente de mosca soldado negra.
Dicho de una forma más intuitiva: bajo las condiciones concretas del ensayo, se necesitaría bastante más superficie cultivada en monocultivos separados para obtener conjuntamente una producción equivalente.
Eso importa mucho en regiones donde ampliar la frontera agrícola puede significar competir con bosques, pastizales o ecosistemas naturales.
También cambia qué tipo de alimento sale del campo
Medir únicamente toneladas puede esconder otro asunto importante: la calidad nutricional de lo producido.
Introducir caupí incrementó considerablemente la producción de proteína destinada a alimentación humana. El Desmodium, por su parte, aportó una cantidad importante de proteína para alimentación animal.
La explotación puede producir así maíz y legumbres para las personas al mismo tiempo que genera forraje.
Para pequeñas explotaciones mixtas, donde agricultura y ganadería conviven, esa combinación puede tener más utilidad económica que perseguir únicamente el máximo rendimiento posible de cereal.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente
El beneficio ambiental potencial aparece por varios frentes.
El primero es la reducción de la dependencia de insumos externos. Las plantas acompañantes participan en el control ecológico de determinadas plagas y el frass proporciona nutrientes y materia orgánica.
El segundo está relacionado con los residuos. La cría de mosca soldado negra puede transformar determinadas corrientes orgánicas en productos aprovechables, entre ellos proteína para alimentación animal y fertilizante.
Y existe un tercer elemento: el carbono.
Las parcelas diversificadas acumularon considerablemente más biomasa vegetal y carbono en esa biomasa que los monocultivos estudiados. Desmodium y Brachiaria tuvieron un peso importante en ese resultado.
Conviene mantener cierta cautela aquí. Carbono almacenado en biomasa aérea no equivale automáticamente a secuestro permanente de CO₂. Parte regresará a la atmósfera al descomponerse la vegetación o utilizarse como alimento.
Para determinar el beneficio climático neto sería necesario conocer además la evolución del carbono orgánico del suelo durante periodos largos, las emisiones asociadas a los fertilizantes evitados, el tratamiento de los residuos y el balance completo de gases de efecto invernadero.
Una economía circular que ya intenta salir de las parcelas experimentales
La investigación no aparece aislada.
El icipe trabaja en África oriental en programas destinados a integrar cría regenerativa de mosca soldado negra y sistemas agrícolas VIPP. El objetivo es conectar residuos orgánicos, producción de insectos, fertilizantes, alimentación animal y agricultura.
El enfoque tiene una lógica territorial interesante.
Los residuos pueden procesarse relativamente cerca de donde se generan. Las larvas proporcionan una materia prima rica en proteína para determinados piensos y el frass regresa al campo. Los cultivos producen alimentos y forraje. Parte de los nutrientes empieza así a circular localmente.
En lugar de una cadena lineal —comprar insumos, cultivar y eliminar residuos— aparece una red de aprovechamientos.
Y ahí probablemente reside una de las partes más atractivas de la propuesta.
Hay razones para no extrapolar todavía los resultados
El experimento ofrece resultados sólidos, pero dos años siguen siendo poco tiempo para evaluar un sistema agrícola completo.
Los propios investigadores consideran necesarios ensayos de mayor duración.
Además, las parcelas experimentales tenían aproximadamente 36 m². El siguiente paso importante será comprobar el comportamiento de estas combinaciones en explotaciones reales, donde aparecen problemas que un ensayo controlado apenas refleja: disponibilidad de semillas, mano de obra, costes de transporte del fertilizante, variabilidad meteorológica, acceso a mercados o disponibilidad constante de residuos adecuados para criar insectos.
También existe una cuestión práctica con las 5 t/ha de frass utilizadas. Producir, transportar y distribuir toneladas de fertilizante orgánico puede ser perfectamente viable a escala local y resultar mucho más complicado cuando las distancias aumentan.
El origen del residuo utilizado para criar las larvas también importa. Un fertilizante procedente de insectos necesita controles de composición, higiene y contaminantes antes de aplicarse de manera generalizada al suelo agrícola.
Más información: Coupling intensified push–pull technology with insect frass biofertilization improves land productivity, protein yield and carbon stocks

Deja una respuesta