
Finnfjord AS, una empresa noruega que produce ferrosilicio, captura 300,000 toneladas de CO₂ anuales y las utiliza para cultivar microalgas. Estas algas se incorporan como ingrediente saludable en el pienso para salmones.
- CO₂ transformado en alimento para salmones.
- Alga como fuente rica en omega-3.
- Hasta 15 % de inclusión en el pienso.
- Menos piojos del salmón, mejor salud.
- Cero emisiones como objetivo real.
- Tecnología escalable y en evolución.
De contaminante a recurso: alimentar salmones con CO₂
Lo que antes era un residuo contaminante, ahora se convierte en ingrediente clave para acuicultura sostenible. En el norte de Noruega, la planta metalúrgica Finnfjord AS captura 300.000 toneladas anuales de dióxido de carbono que, lejos de emitirse a la atmósfera, se utilizan para alimentar microalgas. Estas algas, ricas en ácidos grasos esenciales, se integran en el pienso de salmones criados en piscifactorías.
La iniciativa no es solo una solución creativa para reducir emisiones. Representa un nuevo modelo de economía circular en el que el carbono deja de ser un problema y se convierte en parte de la solución.
Una apuesta técnica con impacto ecológico
El instituto noruego Nofima, junto a la Universidad Ártica de Noruega (UiT) y SINTEF, lidera las pruebas con salmones alimentados con estas microalgas. Las pruebas abarcan todo el ciclo de vida del pez, desde alevines hasta la talla comercial. Los resultados son consistentes: los salmones crecen bien, mantienen su salud y presentan una carne de calidad equivalente a la de animales alimentados con dietas convencionales.
Además, los piensos enriquecidos con algas muestran otro beneficio inesperado: reducción en la incidencia de piojos del salmón, una plaga común en acuicultura que representa un gran problema ambiental y económico. Esta propiedad podría suponer un avance importante hacia sistemas de cría más limpios y con menos uso de productos químicos.
Microalgas: pequeñas, pero poderosas
Uno de los mayores retos de la acuicultura global ha sido encontrar fuentes sostenibles de omega-3, tradicionalmente extraídas del pescado salvaje. Aquí entran en juego las microalgas, especialmente las diatomeas, que sintetizan ácidos grasos como DHA y EPA directamente desde el CO₂ capturado.
Hasta hace poco, la inclusión de estas algas en el pienso no superaba el 3 %, debido a problemas técnicos relacionados con su procesamiento, especialmente el alto contenido de agua. Pero gracias a mejoras en la tecnología, ya se ha alcanzado una inclusión del 15 % sin efectos adversos para los peces.
Este salto cuantitativo no es menor. Implica que menos pescado salvaje debe capturarse para producir aceites marinos, al tiempo que se da un uso útil a las emisiones industriales. El círculo se cierra.
Alimentar el futuro desde los residuos
En el corazón del proceso está un sistema desarrollado por Finnfjord AS y UiT, que inyecta gases de escape industriales directamente en biorreactores de algas. Estas algas, cultivadas en tanques controlados, transforman el CO₂ y el NOx en proteínas y aceites marinos. Posteriormente, el material se seca, procesa y se convierte en pienso funcional.
Esta solución no depende de condiciones climáticas o de estaciones del año, lo que facilita su escalado industrial y asegura una producción estable. Además, permite una producción local de insumos para acuicultura, reduciendo la dependencia de ingredientes importados y el impacto ambiental asociado al transporte.
Una investigación con respaldo público
El proyecto AlgOpti, que integra a Finnfjord AS y otros actores clave, recibió en 2021 una financiación de 93,3 millones de coronas noruegas a través del programa Green Platform. Este apoyo público refleja una apuesta clara por tecnologías que reduzcan las emisiones y fomenten la bioeconomía.
De esta iniciativa también surgió el proyecto Mikro-fôr, enfocado específicamente en desarrollar microalgas como materia prima para piensos acuícolas, y financiado por el Fondo Noruego de Investigación en Productos del Mar (FHF).
Ambos proyectos buscan no solo validar la eficacia nutricional de las algas, sino también optimizar su cultivo y procesamiento, para asegurar su viabilidad técnica y económica a largo plazo.
Potencial
Esta tecnología no solo reduce emisiones; redefine cómo producimos alimentos en un mundo en crisis climática. A continuación, algunas claves de su potencial transformador:
- Reutilización de CO₂ industrial como materia prima útil, en lugar de residuo atmosférico.
- Reducción de la sobrepesca, al sustituir aceites marinos extraídos del océano por fuentes cultivables y escalables.
- Menor huella de carbono en la producción de salmón, uno de los principales productos acuícolas del mundo.
- Desarrollo de cadenas de suministro más locales y resilientes, clave ante un contexto de crisis global e incertidumbre geopolítica.
- Estímulo a la innovación agrícola y tecnológica, con sinergias en sectores como la biotecnología, la nutrición animal y la captura de carbono.
En conjunto, iniciativas como esta no solo apuntan a una mejora puntual en la alimentación de peces. Proponen un cambio de paradigma: convertir el CO₂ de problema climático a recurso estratégico para construir un sistema alimentario más justo, limpio y resiliente.
Vía Científicos crean alimentos saludables para salmones a partir del CO₂ CONTAMINANTE – Nofima



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