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Investigadores singapurenses desarrollan células solares ultrafinas y transparentes capaces de convertir ventanas en generadores eléctricos, hasta 10.000 veces más finas que un cabello

18 mayo, 2026 Deja un comentario

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Nuevo avance de NTU permite fabricar células solares semitransparentes con 41% de transparencia y hasta 12% de eficiencia.

  • 🌞 Ventanas que generan electricidad.
  • 🏙️ Fachadas urbanas convertidas en mini centrales solares.
  • 🔬 Células solares ultrafinas, apenas 10 nanómetros.
  • 👓 Aplicaciones en coches, edificios y dispositivos portátiles.
  • ⚡ Producción energética incluso con luz difusa y cielos nublados.
  • 🌍 Menos dependencia de tejados y suelo disponible.
  • 🏗️ Arquitectura solar integrada, casi invisible.
  • 🚗 Cristales inteligentes capaces de recargar vehículos aparcados.

Las ventanas dejan de ser superficies pasivas

La energía solar lleva años ligada a tejados llenos de paneles oscuros y estructuras visibles desde lejos. Pero eso podría empezar a cambiar. Investigadores de la Nanyang Technological University han desarrollado unas células solares ultrafinas y semitransparentes capaces de integrarse en cristales y superficies arquitectónicas sin alterar apenas su apariencia. Una idea que, hasta hace poco, parecía más propia de la ciencia ficción que de un laboratorio real.

El avance gira en torno a unas células solares de perovskita extremadamente finas. Tanto, que llegan a ser unas 10.000 veces más delgadas que un cabello humano. Aun así, logran convertir la luz en electricidad con eficiencias muy competitivas para este tipo de tecnología ultratransparente. Y ahí está lo interesante: no se trata solo de generar energía, también de hacerlo sin invadir espacio ni transformar visualmente edificios o vehículos.

En ciudades densas, donde cada metro cuadrado cuenta y los tejados no siempre son suficientes, convertir ventanas y fachadas en superficies activas puede cambiar muchas reglas del juego.

Qué hace diferente a esta nueva generación de células solares

Las células solares convencionales de silicio funcionan muy bien bajo luz directa, aunque tienen limitaciones evidentes cuando se intenta integrarlas en elementos transparentes o ligeros. Las perovskitas, en cambio, ofrecen una flexibilidad enorme.

El equipo dirigido por la profesora Annalisa Bruno ha conseguido fabricar dispositivos semitransparentes utilizando un proceso llamado evaporación térmica, una técnica industrial ya conocida en sectores electrónicos avanzados. Básicamente, los materiales se evaporan en una cámara de vacío y se depositan en capas ultrafinas sobre una superficie.

La ventaja es doble. Por un lado, permite controlar con mucha precisión el grosor y la transparencia. Por otro, evita el uso de ciertos disolventes tóxicos habituales en otros procesos de fabricación de perovskitas.

El resultado: ventanas capaces de dejar pasar la luz natural mientras producen electricidad. Sin marcos aparatosos, sin aspecto industrial. Casi invisibles.

Energía solar donde antes parecía imposible

Una de las grandes limitaciones de la energía solar urbana es la superficie disponible. En muchas ciudades modernas abundan los rascacielos revestidos de cristal, pero esas enormes fachadas apenas hacen algo más que reflejar calor o dejar entrar luz.

Con esta tecnología, esos mismos edificios podrían convertirse en generadores energéticos distribuidos.

Los investigadores estiman que, si el sistema se escalara manteniendo prestaciones similares, una gran torre acristalada podría producir cientos de megavatios-hora al año. Eso equivaldría aproximadamente al consumo eléctrico anual de unas 100 viviendas de tamaño medio en Singapur.

No es poca cosa. Sobre todo porque esa generación eléctrica se produciría en espacios ya construidos, sin ocupar suelo agrícola ni áreas naturales.

Y hay otro detalle importante: estas células funcionan relativamente bien incluso con luz indirecta o cielos cubiertos. Algo especialmente útil en entornos urbanos con sombras constantes o en regiones donde la radiación solar directa no es perfecta todo el año.

Arquitectura solar integrada: la tendencia que empieza a despegar

La integración fotovoltaica en edificios, conocida como BIPV (Building Integrated Photovoltaics), lleva años avanzando lentamente. Hasta ahora, muchas soluciones chocaban con problemas estéticos, costes elevados o rendimientos limitados.

Pero el contexto está cambiando rápido.

La presión normativa sobre la eficiencia energética de los edificios es cada vez mayor en Europa y Asia. La nueva Directiva Europea de Eficiencia Energética de los Edificios impulsa construcciones con emisiones casi nulas y fomenta el autoconsumo integrado. En paralelo, ciudades como Singapur o Dubái están acelerando estrategias de generación energética urbana para reducir dependencia exterior.

En ese escenario, las superficies transparentes activas tienen muchísimo sentido.

Ya no se trata solo de poner paneles en un tejado. Se empieza a hablar de edificios capaces de producir energía desde múltiples superficies al mismo tiempo: fachadas, barandillas, tragaluces, marquesinas o incluso cristales tintados.

Y claro, ahí las perovskitas tienen una ventaja enorme por su ligereza y versatilidad.

Vehículos, gafas inteligentes y electrónica portátil

El potencial no termina en la arquitectura.

Las nuevas células ultrafinas también podrían integrarse en vehículos eléctricos, especialmente en techos panorámicos y lunas. Un coche aparcado al sol podría recuperar parte de la energía consumida por climatización, sensores o sistemas auxiliares.

No reemplazarían una recarga completa, obviamente. Pero sí ayudarían a reducir consumos fantasma y aumentar autonomía en ciertos escenarios urbanos.

En electrónica portátil ocurre algo parecido. Gafas inteligentes, sensores ambientales o wearables podrían aprovechar superficies transparentes para alimentar pequeños componentes electrónicos sin depender tanto de baterías externas.

Pequeños aportes energéticos. Continuos. Invisibles. Ahí está el cambio.

El gran desafío pendiente: durabilidad y estabilidad

Las perovskitas llevan años prometiendo revoluciones energéticas. El problema es que muchas veces funcionan espectacularmente en laboratorio… y bastante peor cuando pasan meses expuestas al calor, la humedad o la radiación ultravioleta.

Eso sigue siendo el gran reto.

Los investigadores reconocen que ahora deben centrarse en mejorar la estabilidad a largo plazo y validar el rendimiento en superficies grandes. No basta con obtener buenos resultados en muestras pequeñas.

La industria necesita garantías de durabilidad durante décadas. Especialmente en edificios, donde sustituir cristales tecnológicos cada pocos años sería económicamente inviable.

Aun así, el hecho de que el proceso de fabricación sea compatible con técnicas industriales existentes acerca bastante más esta tecnología al mercado real. Mucho más que hace cinco años.

Potencial

La transformación de superficies cotidianas en pequeñas fuentes de energía puede cambiar profundamente la relación entre ciudades y electricidad.

Ventanas que producen energía. Marquesinas solares transparentes. Fachadas activas en hospitales, oficinas y viviendas. Vehículos que recuperan parte de su consumo mientras permanecen estacionados. Todo suma.

Además, esta integración discreta puede facilitar una adopción social mucho más rápida que otras infraestructuras energéticas más invasivas visualmente.

En entornos urbanos densos, donde el espacio libre escasea y la demanda energética no deja de crecer, aprovechar superficies ya existentes parece casi una obligación. Y ahí las células solares ultrafinas tienen mucho recorrido.

Queda trabajo, bastante. Mejorar estabilidad, abaratar producción, garantizar reciclabilidad. Pero el concepto ya está encima de la mesa. Y esta vez no parece una promesa vacía de laboratorio.

Vía NTU Singapore

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Publicado en: Fotovoltaica

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