
Investigadores de UNIST desarrollan método para reciclar PET a 100 °C y producir hidrógeno limpio y materias primas de alta pureza.
- Plástico PET → materias primas originales recuperadas.
- Proceso a 100 °C, baja presión.
- Sin procesos complejos ni alto consumo energético.
- Producción de ácido tereftálico (TPA) reutilizable.
- Generación de hidrógeno limpio a bajo voltaje.
- Subproductos valiosos: ácido fórmico y glicólico.
- Coste potencial inferior al PET virgen.
- Paso real hacia economía circular del plástico.
Innovador método de reciclaje convierte residuos de PET en materias primas de alta calidad e hidrógeno limpio
El polietileno tereftalato (PET) se ha convertido en uno de los grandes retos del reciclaje moderno. Está en botellas, envases, textiles… y, aunque se recicla, rara vez vuelve a su forma original. En muchos casos termina degradado en productos de menor calidad. Es un bucle incompleto.
Los métodos tradicionales —como la hidrólisis alcalina, glicólisis o metanólisis— funcionan, pero exigen altas temperaturas (más de 200 °C), consumen mucha energía y requieren procesos de separación complejos. Todo esto encarece el reciclaje y limita su viabilidad a gran escala.
Aquí es donde entra una propuesta distinta. Investigadores han desarrollado un sistema basado en polioxometalatos, un tipo de catalizador que permite romper el PET en condiciones mucho más suaves: alrededor de 100 °C y baja presión, en un medio acuoso. Menos energía. Menos complejidad. Más eficiencia.
El resultado es interesante por varias razones. Por un lado, se obtiene ácido tereftálico (TPA) de alta pureza, una de las materias primas esenciales para fabricar PET nuevo. Por otro, se genera etilenglicol (EG), que no se desperdicia: se transforma en compuestos útiles como ácido glicólico y ácido fórmico, ambos con aplicaciones industriales.
Y hay algo más. Durante el proceso, el catalizador actúa como una especie de “batería química”, almacenando electrones. Esos electrones pueden aprovecharse para producir hidrógeno limpio con un consumo energético reducido —alrededor de 1,2 voltios, un 25 % menos que en la electrólisis convencional— o incluso generar electricidad en una pila de combustible.
Un salto cualitativo en el reciclaje del PET
Lo realmente relevante no es solo que funcione en laboratorio. Es que encaja con un problema real: hoy, apenas un 20 % del PET se recupera como material de alta calidad. El resto pierde valor en cada ciclo.
Este nuevo enfoque rompe esa dinámica. Permite un reciclaje “de vuelta al origen”, donde el plástico usado vuelve a convertirse en materia prima equivalente a la del petróleo. Sin degradación. Sin pérdida de calidad.
Además, el proceso es sorprendentemente sencillo. El PET triturado se mezcla con agua, un disolvente (DMSO) y el catalizador. Se calienta. Se filtra. Y el TPA se recupera con alta pureza. Sin etapas industriales complejas ni cadenas de separación costosas.
Este tipo de simplicidad es clave si se piensa en su implantación a gran escala. Menos pasos, menos costes, menos barreras.
Energía y química en un mismo proceso
Uno de los aspectos más interesantes es la integración entre reciclaje y energía. No se trata solo de transformar residuos en materiales útiles. También se recupera energía en forma de hidrógeno.
El ácido fórmico, uno de los productos generados, ya se investiga como vector energético en Europa. Puede almacenar hidrógeno de forma líquida, más fácil de transportar y manejar que el gas comprimido. Este proceso lo produce directamente a partir de residuos plásticos. No está mal.
Además, el hidrógeno generado a bajo voltaje abre la puerta a sistemas más eficientes y accesibles. En contextos donde la electrólisis tradicional resulta cara o intensiva, este tipo de soluciones híbridas pueden marcar la diferencia.
Todo encaja dentro de una lógica: convertir residuos en recursos, y recursos en energía.
Viabilidad económica y contexto actual
La tecnología no solo destaca por su eficiencia técnica. También apunta a ser competitiva económicamente. El análisis indica que el TPA reciclado podría costar alrededor de 0,81 dólares por kilogramo, incluso por debajo del material virgen derivado del petróleo.
Esto cambia las reglas del juego. Hasta ahora, el reciclaje químico ha tenido dificultades para competir en precio. Si esta tendencia se confirma, el incentivo económico podría acelerar su adopción industrial.
En paralelo, el contexto regulatorio está empujando en esa dirección. La Unión Europea ya exige porcentajes mínimos de plástico reciclado en envases y está penalizando el uso de material virgen. Tecnologías capaces de ofrecer reciclado de alta calidad tienen ventaja.
También encaja con estrategias de descarbonización industrial, donde el hidrógeno empieza a jugar un papel importante en sectores como la química, el acero o el transporte pesado.
Potencial
Este tipo de tecnología abre escenarios bastante concretos, no solo teóricos.
Por ejemplo, plantas de reciclaje capaces de producir materias primas y energía localmente, reduciendo transporte y emisiones. O instalaciones integradas en polígonos industriales donde el residuo de una empresa se convierte en recurso para otra. Economía circular de verdad, no solo en discurso.
También podría facilitar la creación de cadenas de suministro más resilientes, menos dependientes del petróleo y más basadas en materiales recuperados.
En el ámbito energético, el vínculo entre residuos y producción de hidrógeno ofrece oportunidades interesantes, sobre todo en regiones con objetivos de descarbonización ambiciosos.
Y hay algo más. Este tipo de avances cambia la narrativa del residuo. El plástico deja de ser un problema a gestionar para convertirse en una fuente de valor. Materia prima, energía, química útil. Todo en uno.
Más información: Green Chemistry (RSC Publishing)



Daniela Pichetto dice
Fantástico!!!
Ojalá que esté descubrimiento se ponga en marcha lo más pronto posible…