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Investigadores surcoreanos desarrollan baterías acuosas que superan las 2.800 horas de funcionamiento con un simple aditivo

14 junio, 2026 Deja un comentario

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Equipo de la Universidad Sungkyunkwan desarrolla un aditivo nanoestructurado que permite baterías acuosas con más de 2.800 horas de funcionamiento estable.

🔋 Más de 2.800 horas de funcionamiento estable.
💧 Electrolitos acuosos más seguros y sostenibles.
🧪 Nanoaditivo zwitteriónico en cantidades mínimas.
⚡ Mayor capacidad y vida útil simultáneamente.
🏭 Menor dependencia de materiales costosos.
🤖 Potencial para centros de datos e infraestructuras de IA.
🌍 Almacenamiento renovable más accesible y seguro.

Las baterías acuosas dan un salto histórico: un sencillo aditivo multiplica su vida útil y acerca el almacenamiento energético sostenible a gran escala

Durante años, las baterías acuosas de zinc han sido consideradas una de las alternativas más prometedoras a las baterías de ion-litio. Utilizan agua como base del electrolito, reducen riesgos de incendio y emplean materiales abundantes y relativamente económicos. Sin embargo, un problema persistente había frenado su expansión comercial: la rápida degradación de sus electrodos tras numerosos ciclos de carga y descarga.

Ahora, un equipo de investigadores de Corea del Sur liderado por el profesor Hoseok Park ha desarrollado una estrategia sorprendentemente simple para resolver gran parte de ese desafío. El avance, publicado en la revista científica Nano-Micro Letters, demuestra que una pequeña cantidad de un aditivo especialmente diseñado puede transformar radicalmente el comportamiento de estas baterías.

El gran obstáculo de las baterías acuosas

Las baterías basadas en zinc presentan ventajas evidentes desde el punto de vista de la sostenibilidad. El zinc es abundante, reciclable y mucho menos problemático desde una perspectiva geopolítica que otros materiales estratégicos.

El inconveniente aparece durante el funcionamiento. Cuando los iones de zinc se depositan sobre los electrodos, suelen hacerlo de manera irregular. Con el tiempo se generan estructuras desordenadas que reducen la eficiencia del sistema y aceleran el deterioro.

A esto se suma otro fenómeno igualmente perjudicial: la interacción directa entre el zinc metálico y el agua del electrolito. Estas reacciones secundarias provocan corrosión, pérdida de capacidad y una disminución progresiva de la vida útil de la batería.

En otras palabras, las baterías acuosas ofrecían seguridad y bajo coste, pero todavía les faltaba la durabilidad necesaria para competir en aplicaciones exigentes.

Una molécula diminuta con un efecto enorme

La clave del descubrimiento reside en una familia de compuestos conocidos como zwitteriones, moléculas que poseen simultáneamente cargas positivas y negativas dentro de la misma estructura química.

Aunque globalmente son neutras, estas moléculas tienen una extraordinaria capacidad para organizar el comportamiento de los iones que las rodean.

Los investigadores desarrollaron un aditivo denominado C10, capaz de autoorganizarse espontáneamente en nanoestructuras de apenas 3,77 nanómetros cuando se introduce en pequeñas cantidades dentro del electrolito.

Este fenómeno de autoensamblaje genera una especie de arquitectura invisible que modifica profundamente la forma en que el zinc se comporta dentro de la batería.

Cómo funcionan las nanoestructuras protectoras

Las nanoestructuras creadas por el aditivo cumplen una doble función.

Por una parte, guían a los iones de zinc para que se depositen de forma uniforme sobre la superficie del electrodo. Esto evita acumulaciones irregulares y reduce los daños asociados al crecimiento descontrolado de estructuras metálicas.

Por otra, forman una capa protectora extremadamente fina sobre el zinc metálico. Esta barrera limita el contacto directo con el agua y reduce significativamente las reacciones químicas no deseadas que aceleran la degradación.

Lo interesante es que este mecanismo se consigue sin recurrir a materiales exóticos ni a procesos industriales complejos. Una modificación relativamente sencilla logra mejorar simultáneamente dos parámetros que normalmente resultan difíciles de optimizar al mismo tiempo: la capacidad energética y la estabilidad a largo plazo.

Resultados que llaman la atención del sector energético

Los ensayos realizados por el equipo coreano muestran cifras especialmente destacables.

Las baterías equipadas con el nuevo electrolito mantuvieron una estabilidad superior a 2.800 horas de funcionamiento continuo, una cifra excepcional para este tipo de tecnologías.

Además, alcanzaron una capacidad superficial de 8,10 mAh/cm², situándose entre los mejores resultados registrados hasta ahora en baterías acuosas de zinc.

La combinación de ambas mejoras resulta especialmente relevante porque muchas tecnologías logran aumentar la capacidad sacrificando durabilidad, o al contrario. Conseguir avances simultáneos en ambos frentes es lo que convierte este trabajo en un desarrollo particularmente prometedor.

El papel creciente del almacenamiento energético

Este avance llega en un momento estratégico. La expansión de las energías renovables está impulsando una demanda sin precedentes de sistemas de almacenamiento.

La generación solar y eólica depende de condiciones ambientales variables. Para garantizar un suministro estable es necesario almacenar grandes cantidades de energía durante horas o incluso días.

Actualmente, las baterías de ion-litio dominan este mercado. Sin embargo, diversos expertos llevan años señalando la necesidad de diversificar tecnologías para reducir costes, mejorar la seguridad y disminuir la presión sobre las cadenas de suministro de materiales críticos.

Las baterías acuosas podrían ocupar un espacio muy relevante en aplicaciones estacionarias, donde el peso y el volumen son menos importantes que la seguridad, el coste y la durabilidad.

Más allá de las renovables: el desafío energético de la inteligencia artificial

Otro aspecto interesante señalado por los investigadores es el crecimiento explosivo de los centros de datos vinculados a la inteligencia artificial.

Los nuevos sistemas de IA generativa requieren enormes cantidades de electricidad y necesitan infraestructuras de respaldo capaces de garantizar un suministro continuo.

Empresas tecnológicas de todo el mundo están invirtiendo miles de millones en nuevos centros de procesamiento, lo que está impulsando la búsqueda de soluciones de almacenamiento más seguras y económicas.

En este contexto, tecnologías basadas en agua y zinc podrían convertirse en una alternativa especialmente atractiva para instalaciones de gran escala, donde los riesgos asociados a incendios o sobrecalentamientos adquieren una relevancia crítica.

Potencial

La transición energética necesita mucho más que paneles solares y aerogeneradores. Necesita formas fiables, seguras y asequibles de almacenar la energía cuando sobra para utilizarla cuando hace falta.

Tecnologías como esta podrían facilitar el despliegue de microredes renovables, mejorar la integración de la energía solar en edificios, reforzar infraestructuras críticas y proporcionar almacenamiento estacionario de bajo coste en regiones donde las soluciones actuales siguen siendo demasiado caras.

También podrían favorecer el desarrollo de centros de datos más eficientes energéticamente, reducir riesgos de incendio en instalaciones de almacenamiento y prolongar la vida útil de los sistemas energéticos.

Todavía quedan etapas de validación industrial antes de una posible comercialización masiva. Aun así, este trabajo demuestra algo importante: a veces los grandes avances no requieren reinventar toda una tecnología. Basta con comprender mejor cómo se comportan los materiales a escala nanométrica para desbloquear prestaciones que parecían inalcanzables. Y eso, en el camino hacia una economía más limpia y resiliente, puede marcar una diferencia enorme.

Más información: Shengyang Huang et al, Self-Assembled Ordered Nanostructure of Zwitterionic Co-Solutes Induces Localized High-Concentration Electrolytes for Ultrastable and Efficient Zinc Metal Anodes, Nano-Micro Letters (2026). DOI: 10.1007/s40820-025-02040-4

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Publicado en: Almacenamiento de energía

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