
Tecnología de reciclaje surcoreana supera las limitaciones del método húmedo y separa níquel y cobalto con una eficiencia sin precedentes.
- Recuperación de metales críticos de baterías usadas.
- Más del 95 % de níquel y cobalto recuperado.
- Pureza superior al 99,9 %.
- Sin ácidos fuertes ni residuos tóxicos.
- Tecnología electroquímica, un solo paso.
- Menos impacto ambiental, más eficiencia.
- Solvente especial reutilizable hasta 4 veces.
- Apoyo a la transición energética limpia.
Una revolución silenciosa en el reciclaje de baterías
La tecnología desarrollada por el equipo del profesor Kwiyong Kim, en la Universidad Nacional de Ciencia y Tecnología de Ulsan (UNIST), no es solo una mejora técnica. Es una respuesta directa a uno de los desafíos más urgentes en la economía circular: cómo recuperar metales estratégicos sin agravar la crisis ambiental. En un contexto donde la demanda de baterías de ion litio se dispara, esta innovación ofrece una vía realista y escalable para cerrar el ciclo de los materiales.
El sistema logra lo que durante años parecía contradictorio: alta eficiencia de recuperación y altísima pureza, sin recurrir a procesos contaminantes o costosos. Frente a los métodos tradicionales basados en ácidos fuertes, que generan lodos tóxicos y emisiones peligrosas, esta alternativa electroquímica elimina buena parte del impacto ambiental y operativo. Todo, con un enfoque selectivo, reversible y mucho más limpio.
Urban mining: una mina que crece en nuestras ciudades
Los residuos de baterías, especialmente las de vehículos eléctricos y dispositivos electrónicos, se han convertido en un recurso emergente. Lo que antes era basura hoy se reconoce como un depósito valioso de níquel, cobalto, manganeso y litio, todos esenciales para la transición energética. Pero separarlos con precisión, sin mezclar impurezas, sigue siendo el cuello de botella.
El nuevo sistema electroquímico da un paso adelante en esa dirección. No solo separa con precisión el níquel y el cobalto, sino que lo hace mediante un proceso de auto-purificación natural. Es decir, la misma reacción genera compuestos que eliminan impurezas sin añadir etapas adicionales. Esto no solo reduce el uso de reactivos, sino que simplifica enormemente la logística industrial.
La clave: un disolvente que sabe lo que hace
El corazón de esta innovación está en el disolvente especial, diseñado para comportarse de forma inteligente. Su formulación incluye etilenglicol y cloruros, que interactúan de forma diferenciada con los metales. Así, los iones de níquel y cobalto no se reducen al mismo tiempo, como suele suceder, sino que lo hacen en momentos distintos. Esto permite recoger cada metal por separado y con pureza superior al 99,9 %, incluso desde mezclas reales obtenidas de baterías comerciales tipo NCM.
Además, este disolvente no es de un solo uso. Puede reciclarse al menos cuatro veces sin pérdida de eficiencia, lo que refuerza su valor como tecnología sostenible. En un entorno donde cada litro de agua contaminada cuenta, poder reducir al mínimo el uso de productos químicos es una victoria ambiental directa.
Implicaciones reales: menos minería, más autonomía
El impacto de este avance va más allá del laboratorio. Si se implementa a escala industrial, permitirá reducir la dependencia de la minería extractiva, especialmente en regiones geopolíticamente sensibles donde se concentran las reservas de cobalto, como la República Democrática del Congo.
También abre la puerta a una gestión más local de los residuos tecnológicos. Países que hoy exportan baterías usadas podrán procesarlas internamente, generando empleo verde y tecnología propia. En Europa, esta línea coincide con los objetivos del Reglamento de Baterías aprobado en 2023, que exige recuperar al menos el 90 % del níquel y el cobalto de las baterías en desuso antes de 2030.
Potencial
El verdadero valor de esta tecnología no está solo en sus cifras. Está en su capacidad para integrarse en modelos de producción circular, donde el fin de vida de un producto no significa el fin de sus materiales. Algunas ideas prácticas y realistas que podrían derivarse de este avance:
- Plantas urbanas de reciclaje inteligente, conectadas a redes de recogida local de baterías de móviles, patinetes o bicicletas eléctricas.
- Recuperación directa en puntos de venta: que las tiendas de electrónica recojan baterías y alimenten pequeñas instalaciones modulares basadas en este sistema.
- Economía de materiales críticos: reutilizar el cobalto y el níquel recuperado para fabricar nuevas celdas, reduciendo costes y emisiones asociadas a su extracción.
- Simbiosis industrial: usar el calor residual o la energía renovable de otras industrias para alimentar el proceso electroquímico.
Este tipo de innovaciones no solucionan por sí solas la crisis climática. Pero permiten caminar en la dirección correcta con pasos firmes y medibles. Recuperar lo que ya se ha extraído, y hacerlo bien, es una de las formas más inteligentes de cuidar el planeta sin frenar el progreso.
Más información: Seongmin Choi et al, Recuperación electroquímica altamente selectiva y casi completa de cobalto y níquel de baterías gastadas a través de solventes eutécticos profundos multifuncionales, Materiales de almacenamiento de energía (2025). DOI: 10.1016/j.ensm.2025.104646



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