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Los árboles urbanos no son solo decoración: científicos piden convertirlos en infraestructura obligatoria

10 julio, 2026 4 comentarios

4.5/5 - (21 votos)
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Científicos británicos proponen convertir los bosques urbanos en infraestructura esencial para combatir el calor, las inundaciones y la desigualdad.

  • 🌳 Árboles urbanos como infraestructura esencial, no decoración.
  • 🌡️ Menos calor extremo en calles y viviendas.
  • 🌧️ Suelo permeable, sombra y menor riesgo de inundaciones.
  • 🏘️ Prioridad para los barrios con menos zonas verdes.
  • 🐦 Refugio y corredores ecológicos para la biodiversidad.
  • 💶 Presupuestos estables para plantar, regar, podar y conservar.
  • 📜 Objetivos de cobertura vegetal respaldados por normas y planificación.

Los científicos piden tratar los árboles urbanos como una infraestructura obligatoria

Durante décadas, los árboles de las ciudades se han considerado un complemento agradable. Algo que embellece una avenida, mejora un parque o hace más atractiva una plaza. Esa visión empieza a quedarse corta.

Un grupo internacional de científicos sostiene que los bosques urbanos deberían recibir un tratamiento similar al transporte público, el saneamiento, la educación o las redes de suministro de agua (la humedad del suelo es esencial para que los árboles enfríen). Es decir, deberían formar parte de las infraestructuras esenciales que una ciudad está obligada a planificar, financiar y mantener.

La propuesta, publicada en la revista PLOS Climate y liderada por el ecólogo Manuel Esperón-Rodríguez, de la Universidad de Bangor, plantea un cambio importante en la forma de gestionar la vegetación urbana.

No se trata simplemente de plantar más árboles.

La cuestión es mucho más amplia: garantizar que todas las ciudades dispongan de una infraestructura verde suficiente, bien distribuida, adaptada al clima futuro y mantenida durante décadas.

Y eso cambia bastante las reglas del juego.

Una infraestructura que trabaja las 24 horas

Un árbol adulto presta simultáneamente varios servicios que una ciudad tendría que proporcionar mediante diferentes infraestructuras.

Su copa intercepta parte de la radiación solar y reduce el calentamiento de calles, fachadas y vehículos. Mediante la evapotranspiración libera humedad y contribuye a disminuir la temperatura del entorno.

Sus raíces facilitan la infiltración del agua de lluvia, estabilizan el suelo y reducen parte de la escorrentía superficial que termina saturando los sistemas de drenaje.

La vegetación urbana también captura partículas contaminantes, almacena carbono, amortigua el ruido y proporciona refugio a insectos, aves y pequeños animales.

A todo ello se añade un beneficio difícil de representar en una hoja de cálculo: vivir cerca de espacios verdes mejora la calidad de vida y favorece la actividad física, la convivencia y el contacto cotidiano con la naturaleza.

El problema aparece cuando estos servicios ambientales se consideran secundarios.

Una carretera deteriorada genera rápidamente una partida presupuestaria. Una red de saneamiento insuficiente obliga a intervenir. Sin embargo, la pérdida progresiva del arbolado puede prolongarse durante años sin provocar una respuesta equivalente.

Los investigadores proponen corregir precisamente esa diferencia.

Plantar árboles es la parte fácil

Muchas campañas municipales se concentran en anunciar grandes cifras de plantación.

Miles de árboles nuevos. Nuevos parques. Más superficie verde.

Pero plantar es apenas el principio.

Los primeros años son especialmente delicados. Los ejemplares jóvenes necesitan riego, seguimiento, protección frente al vandalismo, reposición de marras y vigilancia ante plagas y enfermedades.

Un árbol plantado que muere dos veranos después aporta muy poco a la adaptación climática de una ciudad.

Por este motivo, los científicos reclaman presupuestos específicos y permanentes para la gestión de los bosques urbanos.

La financiación privada puede colaborar en determinados proyectos, pero resulta difícil garantizar mediante aportaciones puntuales el mantenimiento de una infraestructura que debe sobrevivir durante décadas.

La propuesta consiste en integrar la vegetación dentro de la planificación presupuestaria ordinaria de los municipios.

Inventariar árboles. Evaluar su estado. Renovar ejemplares envejecidos. Proteger el suelo disponible para las raíces. Asegurar el suministro de agua durante los primeros años. Controlar enfermedades.

Trabajo constante. Poco vistoso, quizá. Pero imprescindible.

La sombra se está convirtiendo en un recurso urbano estratégico

El aumento de las temperaturas está cambiando la relación entre las ciudades y sus árboles.

Las superficies de asfalto, hormigón y otros materiales artificiales absorben energía durante el día y la liberan lentamente durante la noche. Este fenómeno contribuye a crear la conocida isla de calor urbana.

El problema se agrava durante las olas de calor.

Cuando las temperaturas nocturnas permanecen elevadas, los edificios no consiguen enfriarse y aumenta la exposición continuada de la población al estrés térmico.

Aquí aparece una de las funciones más importantes del arbolado.

La sombra puede reducir significativamente la radiación solar que reciben las superficies urbanas y mejorar el confort térmico de calles, plazas, patios escolares y recorridos peatonales.

No todos los árboles ofrecen el mismo resultado.

Importan el tamaño de la copa, la densidad del follaje, la orientación de las calles, la disponibilidad de suelo, el acceso al agua y la distribución espacial de los ejemplares.

Por eso, la planificación del arbolado urbano necesita datos, mapas térmicos e inventarios detallados, no únicamente objetivos generales de plantación.

El problema de las ciudades verdes desiguales

Existe además una dimensión social que los investigadores consideran fundamental.

La cobertura vegetal no está distribuida de manera uniforme.

En numerosas ciudades, los barrios con mayores ingresos disponen de más árboles, parques y jardines. Las zonas densamente construidas y con menor renta suelen presentar menos vegetación y mayores temperaturas.

La diferencia tiene consecuencias reales.

Las personas mayores, los niños, quienes trabajan al aire libre y los hogares que no pueden utilizar sistemas de climatización durante muchas horas son especialmente vulnerables al calor extremo.

La ausencia de sombra también reduce las posibilidades de caminar, practicar ejercicio o permanecer en el espacio público durante los meses más calurosos.

Por eso, ampliar el bosque urbano sin estudiar dónde se encuentran las mayores carencias puede incluso aumentar las desigualdades existentes.

Los científicos defienden que la inversión debe priorizar los barrios con menor cobertura vegetal y mayor exposición al calor.

Una ciudad puede aumentar estadísticamente su número de árboles y continuar dejando desprotegida a una parte importante de la población.

Plantar con los vecinos, no desde un despacho

Otra de las recomendaciones consiste en incorporar a las comunidades locales en la planificación.

No todos los barrios necesitan exactamente las mismas soluciones.

En determinadas zonas pueden ser interesantes los árboles frutales y los huertos urbanos. En otras será necesario priorizar grandes copas capaces de proporcionar sombra sobre recorridos peatonales.

También existen cuestiones relacionadas con las alergias, el mantenimiento, la caída de frutos, la seguridad de las raíces o la disponibilidad de espacio.

La participación ciudadana permite detectar estos problemas antes de realizar grandes inversiones.

Además, aumenta las posibilidades de que los nuevos espacios verdes sean utilizados, valorados y protegidos por la población.

La infraestructura verde funciona mejor cuando la planificación técnica y el conocimiento cotidiano de quienes viven en el territorio trabajan juntos.

No cualquier árbol sirve para la ciudad del futuro

Existe otra dificultad creciente: el cambio climático está modificando las condiciones ambientales para las que fueron diseñados muchos parques y avenidas.

Un árbol plantado hoy puede permanecer en una calle durante 50, 80 o incluso más años.

Durante ese periodo tendrá que soportar temperaturas más elevadas, sequías prolongadas, lluvias torrenciales y posiblemente nuevas plagas y enfermedades.

Elegir especies únicamente por criterios estéticos puede convertirse en una mala inversión.

La selección debería considerar la disponibilidad futura de agua, la resistencia al calor, el espacio para el desarrollo de las raíces, la capacidad de proporcionar sombra y la compatibilidad con otras especies.

También resulta importante evitar una dependencia excesiva de unas pocas variedades.

La diversidad genética y de especies puede aumentar la resistencia del bosque urbano frente a enfermedades, fenómenos meteorológicos extremos y cambios ambientales.

Al mismo tiempo, las especies autóctonas y adaptadas al entorno regional pueden desempeñar un papel importante en la conservación de insectos polinizadores y fauna local.

La clave está en diseñar comunidades vegetales resistentes, diversas y compatibles con el clima que tendrá cada ciudad dentro de varias décadas.

Europa empieza a incorporar la naturaleza urbana en sus políticas

La idea de proteger la vegetación urbana mediante objetivos vinculantes ha empezado a entrar en la legislación europea.

El Reglamento de Restauración de la Naturaleza de la Unión Europea establece compromisos relacionados con los ecosistemas urbanos.

Entre ellos figura evitar la pérdida neta de espacios verdes urbanos y cobertura arbórea hasta 2030 respecto a los niveles de referencia establecidos, además de impulsar posteriormente una tendencia creciente de estos elementos.

Este enfoque introduce un cambio relevante.

La vegetación deja de depender exclusivamente de decisiones municipales voluntarias y empieza a formar parte de objetivos ambientales que deben medirse y evaluarse.

Para conseguirlo, las ciudades necesitarán inventarios digitales del arbolado, imágenes aéreas, información satelital y sistemas de seguimiento capaces de detectar pérdidas y ganancias de cobertura vegetal.

La tecnología ya permite avanzar en esa dirección.

Sensores de humedad del suelo pueden optimizar el riego. Las imágenes térmicas ayudan a localizar puntos críticos de calor. Los sistemas de información geográfica permiten cruzar datos sobre vegetación, renta, edad de la población y vulnerabilidad climática.

El siguiente paso es utilizar esa información para decidir dónde invertir primero.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

Considerar los bosques urbanos como infraestructuras esenciales puede producir beneficios ambientales mucho más amplios que la simple captura de carbono.

Una red continua de parques (sabías que los beneficios de los parques se extienden más allá de sus límites), jardines, calles arboladas, riberas restauradas y pequeños espacios vegetales puede crear corredores ecológicos dentro de las ciudades.

Estos corredores facilitan el desplazamiento de aves, insectos polinizadores y otras especies entre espacios naturales fragmentados.

La vegetación también puede contribuir a recuperar parte del ciclo natural del agua.

Los suelos permeables y las raíces favorecen la infiltración de las precipitaciones, reducen la escorrentía y disminuyen la presión sobre los sistemas urbanos de drenaje.

Esto resulta especialmente relevante ante el aumento de episodios de lluvia intensa.

Otro efecto importante aparece en el consumo energético.

Los edificios protegidos de la radiación solar directa pueden necesitar menos refrigeración durante determinados periodos del año. A escala urbana, una buena planificación de la sombra puede complementar otras estrategias como la rehabilitación energética, los pavimentos permeables, las cubiertas verdes y la recuperación de cursos de agua (los árboles reducen los costes de gestionar las aguas pluviales).

También existen riesgos que deben gestionarse.

Un arbolado mal diseñado puede aumentar el consumo de agua, generar conflictos con infraestructuras, favorecer la propagación de determinadas plagas o producir grandes cantidades de residuos vegetales.

Incluso puede incrementar el riesgo de incendios en las zonas de contacto entre áreas urbanas y forestales cuando no existe una gestión adecuada.

La infraestructura verde necesita planificación, mantenimiento y conocimiento técnico. Exactamente igual que cualquier otra infraestructura crítica.

De contar árboles a medir los servicios que prestan

Uno de los grandes cambios pendientes consiste en mejorar la forma de evaluar los bosques urbanos.

Contar ejemplares resulta insuficiente.

Dos ciudades con el mismo número de árboles pueden tener niveles de sombra, biodiversidad y protección frente al calor completamente diferentes.

Los indicadores deberían medir la superficie real cubierta por las copas, la distribución entre barrios, la supervivencia de las nuevas plantaciones, la diversidad de especies y la accesibilidad de la población a los espacios verdes.

También sería útil conocer cuántos centros educativos, residencias de mayores, hospitales y recorridos peatonales permanecen expuestos a temperaturas extremas.

Este enfoque permitiría dirigir las inversiones hacia los lugares donde la infraestructura verde puede ofrecer mayores beneficios ambientales y sociales.

Y evitaría algo bastante habitual: celebrar grandes campañas de plantación mientras los árboles adultos desaparecen silenciosamente por obras, enfermedades o falta de mantenimiento.

Proteger un árbol adulto puede ser más importante que plantar diez nuevos

Los árboles maduros poseen una capacidad de proporcionar sombra, refugio y regulación térmica difícil de sustituir inmediatamente.

Un ejemplar joven necesita décadas para desarrollar una copa comparable.

Por eso, una política urbana coherente debería combinar nuevas plantaciones con medidas estrictas de protección del arbolado existente.

Las obras públicas, las reformas de calles y la construcción de edificios pueden dañar las raíces, compactar el suelo o reducir el espacio disponible para el crecimiento.

La pérdida de grandes árboles seguida de pequeñas plantaciones compensatorias puede mantener estable el número total de ejemplares y, al mismo tiempo, reducir considerablemente los servicios ambientales del bosque urbano.

La conservación debe formar parte de cualquier estrategia seria de adaptación climática.

Más información: Rethinking urban forests as essential infrastructure for resilience, equity, and biodiversity in the current climate emergency | PLOS Climate

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Publicado en: Cambio Climático

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Comentarios

  1. heriberto gutierrez cuellar dice

    10 julio, 2026 a las 16:56

    totalmente de acuerdo: es mas debiera comenzar a pensarse en una biodiversidad urbana desde pastos hasta arboles como islas dao que ya sabemos que las plantas se comunican buioquimicamente.

    Responder
  2. Edgar Mauricio Maldonado Rivera dice

    11 julio, 2026 a las 00:29

    El uso de los árbol además de controlar las velocidades de l flujo del agua genera que el control energético de los fluidos en los continentes termina por lo masivo en controlar el calor en las temperaturas del mar en las costas y el menor impacto en arrecifes y damas fauna marina. #controldeflujosenescorrentia

    Responder
  3. luis rico dice

    12 julio, 2026 a las 12:09

    esta idea es muy vieja, pero es bueno que la revivan, el problema es que en España existe una tendencia a cortar las copas de los árboles en invierno por lo que esos árboles pierden toda su utilidad, además no existe un programa para tratar a los árboles enfermos

    Responder
  4. Jairo caicedo dice

    19 julio, 2026 a las 09:02

    En Barcelona ya está sucediendo este cambio hacia refugios climáticos urbanos ,bosques en medio de las ciudades ,tengo que decir que en un principio me chocó puesto que serraron una calle muy importante y la convirtieron en peatonal , no entendía nada ,pero luego del tiempo comprendí que todo mejoró y ahora es un bosque urbano

    Responder

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