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Investigadores tunecinos desarrollan un tejido biodegradable de yute que reduce hasta 21,4 °C la temperatura de paneles solares y aumenta su potencia un 40,4 %

2 septiembre, 2026 1 comentario

4/5 - (5 votos)
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Nuevo sistema de refrigeración con yute reduce un 28% la temperatura de paneles solares y consume solo 0,14 litros de agua por hora.

  • 🌡️ Hasta 21,4 °C menos en el módulo fotovoltaico.
  • ⚡ 40,44 % más de potencia, como mejora relativa máxima.
  • ☀️ Eficiencia eléctrica del 15,3 % al 16,8 %.
  • 🌿 Tres capas de yute, material natural y biodegradable.
  • 💧 Consumo específico de apenas 0,14 l/h/m².
  • 🔄 81,3 % del agua recuperada.
  • 🏜️ Tecnología pensada para climas áridos y muy calurosos.
  • 📡 Control automático mediante sensores e Internet de las Cosas.

¿Por qué importa?

Las regiones con algunos de los mejores recursos solares del planeta tienen un problema bastante incómodo: el mismo sol que permite producir grandes cantidades de electricidad también calienta los paneles y reduce su rendimiento.

Un equipo de la Universidad de Túnez ha probado una solución sorprendentemente sencilla. En lugar de recurrir a complejos circuitos de refrigeración, utiliza tejido de yute humedecido colocado en la parte posterior del módulo. Durante las pruebas realizadas en condiciones reales, el sistema consiguió reducir la temperatura hasta 21,4 °C y elevar considerablemente la producción eléctrica.

La propuesta resulta especialmente interesante porque intenta resolver otro problema habitual de la refrigeración fotovoltaica en zonas desérticas: el consumo de agua.

El calor, uno de los enemigos silenciosos de la energía solar

Un panel fotovoltaico necesita radiación solar, pero no necesita estar caliente. Son dos cosas distintas.

Las células se ensayan habitualmente en condiciones estándar con una temperatura de 25 °C, mientras que un módulo instalado al sol puede superar ampliamente esa cifra. En regiones desérticas, la situación se vuelve extrema.

Durante los experimentos realizados por los investigadores tunecinos, la temperatura ambiente llegó a 45,4 °C, con una irradiancia máxima de 848 W/m².

El aumento de temperatura afecta especialmente al voltaje de las células. El resultado práctico es conocido por cualquier operador de una instalación fotovoltaica en un clima cálido: hay mucho sol disponible, pero una parte de ese potencial energético se pierde precisamente durante las horas más intensas del día.

Ahí aparece la idea del yute.

Tres capas de una fibra vegetal para sacar calor del panel

El sistema desarrollado utiliza tres capas de tejido de yute instaladas detrás del módulo fotovoltaico. Las fibras se disponen con una orientación cruzada de 0° y 90°, creando una estructura capaz de distribuir el agua mediante capilaridad.

El principio físico no tiene demasiado misterio. El tejido absorbe agua y la reparte por su superficie. Cuando una pequeña parte se evapora, necesita energía para cambiar de estado. Esa energía se extrae en forma de calor de la superficie próxima.

Es, en esencia, refrigeración evaporativa aplicada directamente a la parte posterior de un panel solar.

La elección del yute tiene bastante sentido. Es una fibra vegetal económica, biodegradable y con buena capacidad para retener humedad. Además, no exige fabricar estructuras térmicas sofisticadas.

No mantiene el tejido mojado permanentemente

Uno de los detalles más interesantes está en el control del agua.

El prototipo incorpora sensores y un microcontrolador ESP32 para supervisar variables como temperatura, humedad, tensión, corriente y producción eléctrica. El sistema no bombea agua continuamente.

La refrigeración se activa siguiendo unos umbrales previamente establecidos. En el experimento, el control consideraba una temperatura de referencia de 55 °C y una potencia de 22 W.

Así se intenta utilizar agua únicamente cuando enfriar el módulo puede aportar una mejora energética significativa.

Es una diferencia importante frente a sistemas de refrigeración activa que hacen circular agua permanentemente. En una planta situada en una región con estrés hídrico, gastar grandes cantidades de agua para producir electricidad sería difícil de justificar ambientalmente.

Hasta 21,4 °C menos bajo condiciones extremas

Las pruebas de campo se realizaron con módulos monocristalinos de 30 Wp en condiciones estivales extremas.

La mayor reducción observada alcanzó 21,4 °C, equivalente a aproximadamente un 28,34 % de reducción relativa de temperatura frente al módulo utilizado como referencia.

El efecto se trasladó a la producción eléctrica.

El sistema registró una ganancia relativa máxima de potencia del 40,44 % respecto al panel de referencia en las condiciones del ensayo.

Aquí conviene detenerse un momento. Ese 40,44 % no significa que la eficiencia del panel aumentara cuarenta puntos porcentuales.

La eficiencia eléctrica pasó aproximadamente del 15,3 % al 16,8 %. La mejora absoluta fue, por tanto, de 1,5 puntos porcentuales.

El agua es la parte crítica de la ecuación

La refrigeración evaporativa funciona bien precisamente donde el aire es seco. Y ese es también el lugar donde el agua suele ser más escasa.

Por eso el balance hídrico merece tanta atención como el aumento de potencia.

Los investigadores indican un consumo específico de aproximadamente 0,14 l/h/m², con una pérdida por evaporación estimada en 0,026 l/h/m² y una tasa de recuperación del 81,3 %.

La combinación de capilaridad, suministro controlado y recuperación del agua reduce considerablemente las necesidades frente a sistemas de refrigeración evaporativa convencionales.

Aun así, queda una cuestión esencial: una cifra baja multiplicada por miles o millones de metros cuadrados deja de ser pequeña.

Una futura aplicación en una gran planta fotovoltaica desértica tendría que estudiar la disponibilidad local de agua, su calidad, el mantenimiento del circuito y el coste energético del bombeo. Probablemente tendría más sentido utilizar agua recuperada, regenerada o procedente de otras actividades, cuando las condiciones técnicas lo permitan, antes que competir por agua potable.

Una solución especialmente pensada para el desierto

No todos los tejados necesitan refrigerar sus paneles.

En lugares templados, con buena ventilación posterior y temperaturas moderadas, añadir depósitos, bombas, sensores y tejidos probablemente no compensaría el aumento de complejidad.

El escenario interesante está en otra parte: plantas solares sometidas simultáneamente a mucha radiación, altas temperaturas y aire seco.

Norte de África, Oriente Medio y otras regiones áridas con un fuerte desarrollo fotovoltaico encajan bastante bien con ese perfil.

Y aparece una paradoja interesante. Cuanto más seco sea el aire, más eficaz puede resultar la evaporación. Cuando aumenta mucho la humedad relativa, la capacidad del aire para aceptar más vapor de agua disminuye y el sistema pierde eficacia.

Los trabajos del equipo señalan precisamente una reducción del rendimiento con humedades relativas superiores al 70 %.

No todo es tan sencillo: humedad, polvo y mantenimiento

El prototipo funciona. Convertirlo en una tecnología capaz de permanecer diez o veinte años en una planta solar es otra historia.

El yute es biodegradable, una ventaja ambiental que también implica una desventaja técnica: se degrada.

La exposición repetida a humedad, calor, radiación, microorganismos y polvo puede modificar sus propiedades. Mantener una fibra natural húmeda durante demasiado tiempo también aumenta el riesgo de aparición de hongos.

Los investigadores plantean ciclos periódicos de secado y, en trabajos relacionados con esta tecnología, contemplan la posible sustitución del tejido cada 3 a 5 años. Durante las pruebas, las capas podían secarse completamente durante las horas sin funcionamiento.

También habría que comprobar qué ocurre con aguas duras o salobres. La evaporación continua puede dejar sales y depósitos minerales sobre las fibras, reduciendo progresivamente su capacidad de absorber y transportar agua.

Y falta resolver una cuestión muy propia de las instalaciones desérticas: el polvo. Una planta fotovoltaica en un entorno árido ya necesita estrategias específicas de limpieza. Añadir superficies húmedas, conducciones y pequeños sistemas hidráulicos obliga a estudiar cómo interactúan ambos problemas.

Un material barato puede cambiar la economía de la refrigeración

Una de las fortalezas de esta propuesta es que no intenta solucionar un problema relativamente sencillo mediante materiales caros.

El propio tejido de yute tiene un coste muy reducido frente a otras alternativas estudiadas para controlar térmicamente módulos solares.

El estudio publicado en Scientific Reports estima un periodo de recuperación inferior a tres años para el sistema evaluado. Esa cifra debe interpretarse con prudencia: depende del precio de la electricidad, radiación disponible, coste del agua, instalación, mantenimiento y rendimiento real a largo plazo.

En otras palabras, la economía que funciona en Tataouine no tiene por qué trasladarse sin cambios a Andalucía, Arabia Saudí, Australia o Arizona.

La verdadera ventaja económica podría aparecer en instalaciones donde coincidan tres circunstancias: temperaturas de módulo muy elevadas, muchas horas solares anuales y acceso sostenible a una pequeña cantidad de agua.

De un panel de 30 Wp a una planta de cientos de megavatios hay un largo camino

Este es probablemente el mayor límite del trabajo.

El ensayo se ha realizado con un módulo monocristalino de apenas 30 Wp. Una instalación comercial moderna utiliza módulos individuales con potencias muy superiores y una planta solar puede contener cientos de miles de ellos.

Escalar la idea exigiría diseñar una infraestructura capaz de distribuir y recuperar agua uniformemente durante años.

También habría que demostrar que la electricidad adicional producida supera holgadamente la energía utilizada por bombas, electrónica, tratamiento del agua y mantenimiento.

El principio físico está demostrado en condiciones reales. La viabilidad industrial a gran escala todavía no.

Esa diferencia importa.

Potencial

La propuesta resulta atractiva porque intenta obtener más rendimiento de una tecnología ya madura sin modificar las células fotovoltaicas.

Una posible evolución sería integrar el sistema directamente en la estructura posterior de determinados módulos destinados a climas extremos. El suministro de agua podría gestionarse según temperatura del módulo, irradiancia, humedad ambiental, previsión meteorológica y precio de la electricidad, evitando refrigerar cuando el beneficio energético fuese pequeño.

En grandes plantas también podría conectarse con sistemas de recuperación y tratamiento de agua existentes.

Otra posibilidad sería combinar esta estrategia con módulos bifaciales, seguidores solares o algoritmos avanzados de seguimiento del punto de máxima potencia, aunque cualquier combinación tendría que evaluarse cuidadosamente para evitar interferencias ópticas, térmicas o estructurales.

El interés de fondo va más allá del yute. La investigación apunta hacia una fotovoltaica adaptada al clima donde trabaja, capaz de responder activamente a temperaturas extremas en lugar de asumir sus pérdidas como inevitables.

Y hacerlo con una fibra vegetal barata tiene algo especialmente interesante: a veces mejorar una tecnología avanzada no requiere añadir un material todavía más sofisticado.

Más información: Optimization of photovoltaic efficiency in arid regions via IoT-controlled jute fabric evaporative cooling

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Publicado en: Energía solar

Interacciones con los lectores

Comentarios

  1. Juan Miguel Otero Bernal dice

    3 septiembre, 2026 a las 18:04

    excelente descubrimiento, ojalá se fortalezcan con apoyos gubernamentales

    Responder

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