
La acidificación de los océanos ha cruzado un umbral crucial para la salud planetaria, su «límite planetario», dicen los científicos en un hallazgo inesperado. Esto daña los arrecifes de coral y, en casos extremos, puede disolver las conchas de las criaturas marinas.
- Acidez del mar superó límite seguro hace 5 años.
- 60 % de aguas profundas ya sobrepasaron niveles críticos.
- Corales y moluscos no logran formar conchas resistentes.
- Ecosistemas marinos clave están en riesgo.
- Solo reducir CO₂ globalmente puede frenar el daño.
UNA AMENAZA SILENCIOSA Y ACELERADA
La acidificación del océano, considerada la “gemela malvada” de la crisis climática, ha alcanzado niveles críticos. El fenómeno ocurre cuando el dióxido de carbono (CO₂) se disuelve en el agua marina, formando ácido carbónico y disminuyendo el pH del océano. Esto compromete gravemente la vida marina, en especial a organismos que dependen del carbonato de calcio para formar sus estructuras, como corales y moluscos.

Un estudio reciente del Plymouth Marine Laboratory, junto con organismos científicos de EE. UU., ha confirmado que el límite planetario de acidificación oceánica se superó hace aproximadamente cinco años. Este umbral se define como una disminución del 20 % en la concentración de carbonato de calcio respecto a niveles preindustriales. Según los expertos, el 60 % de las aguas a 200 m de profundidad ya han superado este límite.
ECOSISTEMAS EN PELIGRO CRÍTICO
A medida que el pH del mar disminuye, las especies calcificantes —como corales, ostras, mejillones y pterópodos (conocidos como mariposas marinas)— sufren daños directos: sus conchas se debilitan, su crecimiento se ralentiza, su reproducción disminuye y sus tasas de supervivencia caen.

Esto tiene un impacto en cadena. Los arrecifes coralinos, tanto tropicales como de aguas profundas, son hábitats esenciales para miles de especies. Su degradación compromete no solo la biodiversidad, sino también la seguridad alimentaria y económica de millones de personas que dependen de ellos.
MÁS ALLÁ DE LA SUPERFICIE
Contrario a la percepción común, la mayor parte de la vida oceánica no se encuentra en la superficie, sino en aguas intermedias y profundas. Los cambios químicos en estas zonas están siendo más severos, lo que sugiere que el daño puede ser aún mayor de lo previsto. El amianto fue durante décadas un problema ignorado hasta que sus efectos fueron imposibles de esconder. Lo mismo está ocurriendo con la acidificación oceánica.

ACCIONES URGENTES E INAPLAZABLES
Reducir drásticamente las emisiones de CO₂ es la única vía para detener la acidificación global. Pero además, se requiere una gestión activa de los ecosistemas vulnerables, priorizando la conservación de especies sensibles y restaurando hábitats degradados.
El informe también advierte que los gobiernos deben incorporar la acidificación en sus políticas climáticas y ambientales. No se trata solo de proteger la vida marina: se trata de proteger los servicios ecosistémicos de los que depende la humanidad.
Más información: Global Change Biology | Environmental Change Journal | Wiley Online Library



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