
Un estudio de la Universidad de Sussex y la Universidad de Exeter ha revelado que invertebrados como escarabajos, babosas, caracoles y lombrices están ingiriendo microplásticos, contaminando la cadena alimentaria.
- 12% de invertebrados terrestres del Reino Unido contienen microplásticos.
- Lombrices, babosas y caracoles con niveles más altos.
- Poliéster (ropa) es el plástico más común.
- Efectos tóxicos: crecimiento atrofiado, órganos afectados.
- Impacto directo en aves, mamíferos y reptiles.
- No es solo un problema marino, también está en el suelo agrícola y urbano.
- Fuentes: ropa, pinturas, basura doméstica.
- Microplásticos alteran la biodiversidad y la cadena alimentaria.
- Urge reducir su presencia en el medio ambiente.
La contaminación por microplásticos en invertebrados terrestres: un riesgo invisible pero creciente
Un estudio reciente de las universidades de Sussex y Exeter ha revelado que los invertebrados terrestres del Reino Unido están ingiriendo microplásticos, lo que representa una amenaza significativa para las cadenas alimentarias y la biodiversidad en entornos no marinos. Se analizaron más de 580 muestras de 51 sitios distintos en Sussex, y los resultados son preocupantes: el 12% de los individuos examinados contenía fragmentos de plástico.
¿Quiénes son los más afectados?
Los grupos más contaminados fueron lombrices de tierra (30%), seguidas por babosas y caracoles (24%). Estos organismos, esenciales para el equilibrio del ecosistema y la fertilidad del suelo, están incorporando microplásticos en su organismo, principalmente del tipo poliéster, que proviene en gran medida de fibras de ropa.
Contaminación en cada eslabón de la cadena
El hallazgo más grave es que la contaminación no se limita a los organismos herbívoros o detritívoros. Especies carnívoras como las mariquitas también presentaban fragmentos plásticos en sus sistemas digestivos, lo que sugiere una transmisión continua de microplásticos a lo largo de toda la cadena alimentaria terrestre.
Esto confirma que los microplásticos no son un problema exclusivo de los océanos, como se suele creer, sino que se están acumulando peligrosamente en suelos, parques, huertos y áreas agrícolas.
Efectos tóxicos comprobados
La ingestión de estos materiales provoca crecimiento atrofiado, infertilidad y daños en hígado, riñones y sistema digestivo. Estos efectos ya se han documentado en estudios previos con diferentes especies y ahora se confirma que el problema también está presente en hábitats terrestres.
Además, los residuos plásticos liberan aditivos químicos tóxicos al degradarse, lo que empeora la toxicidad del entorno incluso sin necesidad de ingestión directa.
Múltiples fuentes de contaminación
Contrario a lo que se pensaba, el principal origen de estos microplásticos no es solo la basura visible. El estudio señala que fuentes como la ropa sintética, la pintura industrial, y residuos domésticos son igualmente responsables. Estos materiales se degradan con el tiempo, liberando partículas que son ingeridas por animales de pequeño tamaño.
Incluso se han hallado restos similares de plásticos en heces de erizo, lo que refuerza la teoría de que mamíferos, aves y reptiles están incorporando microplásticos indirectamente a través de su dieta.
Comprender cómo los microplásticos entran y se propagan en el medio ambiente es clave para frenarlos. Esta línea de investigación tiene un potencial crucial para la sostenibilidad ambiental:
- Permite el desarrollo de políticas de regulación más precisas, enfocadas no solo en el reciclaje, sino en el control de fuentes invisibles como fibras textiles y pinturas.
- Impulsa la innovación en materiales biodegradables y tecnologías de filtrado de aguas residuales y aire.
- Aporta evidencia científica para promover la agricultura libre de contaminantes plásticos, especialmente relevante en zonas rurales.
- Sirve como base para campañas educativas que visibilicen que la contaminación plástica empieza en casa, no en los océanos.
El futuro sostenible depende de enfrentar también la contaminación oculta, como la de microplásticos en el suelo. Este estudio no solo alerta, sino que abre la puerta a soluciones sistémicas e integradas.



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