
Los autores advierten que estas ideas solo tratan los síntomas del cambio climático, sin reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Promover estas soluciones puede desviar la atención de la necesidad urgente de reducir emisiones.
- Soluciones tecnológicas extremas, inviables en lo técnico y económico.
- Riesgos ecológicos y climáticos mayores que los beneficios.
- Geoingeniería no sustituye la reducción de emisiones.
- Proyectos con respaldo mediático, no científico.
- Investigadores alertan sobre falsas esperanzas.
La geoingeniería no nos salvará del calentamiento global, según un nuevo estudio
Un grupo internacional de científicos expertos en hielo y clima ha desmontado algunas de las propuestas más promocionadas de geoingeniería para frenar el deshielo en los polos. Según el estudio, publicado recientemente en una revista científica revisada por pares, estas tecnologías no solo son poco realistas desde el punto de vista logístico y económico, sino que podrían causar daños ecológicos aún mayores.
La investigación, liderada por el glaciólogo Martin Siegert, de la Universidad de Exeter, evalúa cinco propuestas concretas, desde dispersar partículas en la atmósfera para reducir la radiación solar hasta bombear agua a la superficie de los glaciares para volver a congelarla. Todas fallan al responder preguntas básicas sobre viabilidad, impacto y escalabilidad.
Intervenciones arriesgadas con efectos secundarios preocupantes
Uno de los enfoques más conocidos es la inyección de partículas reflectantes en la atmósfera superior para reducir la radiación solar directa. Aunque en teoría podría bajar las temperaturas globales, el estudio advierte que esta estrategia alteraría patrones climáticos esenciales, como los monzones, afectando regiones agrícolas densamente pobladas de Asia y África. El resultado: un cambio climático distinto, pero igualmente problemático.
Otras ideas, como construir muros submarinos para bloquear corrientes cálidas o cubrir el hielo marino con materiales reflectantes, son técnicamente complejas, de altísimo coste y potencialmente destructivas para los ecosistemas marinos. En especial, estos métodos afectarían cadenas alimentarias completas, desde el fitoplancton hasta grandes cetáceos, ya que muchos dependen de condiciones oceánicas extremadamente sensibles.
Una narrativa impulsada por intereses ajenos a la ciencia
Durante las últimas cumbres climáticas, como la COP28 en Dubái, algunas de estas ideas fueron presentadas en eventos con apariencia de respaldo institucional. Sin embargo, los investigadores señalan que muchas administraciones nacionales no apoyan oficialmente estas iniciativas. Lo que preocupa es la sofisticación con la que se han difundido: campañas bien financiadas, con estrategias de comunicación diseñadas para vender soluciones milagrosas a políticos y medios, aunque estén fuera del consenso científico.
Según James Kirkham, asesor científico de un consorcio de más de 20 países preocupados por el deshielo polar, estas propuestas han pasado de ser ignoradas a ser activamente promovidas con fondos importantes, en muchos casos procedentes de sectores industriales interesados en retrasar medidas reales de mitigación.

¿Por qué no funcionan estas propuestas?
Más allá de la espectacularidad tecnológica, todas estas intervenciones fallan por las mismas razones:
- No atacan la causa del problema: las emisiones de gases de efecto invernadero.
- No son escalables a tiempo: cualquier tecnología debería implementarse a nivel masivo en menos de 20 años, algo inverosímil con la mayoría de estas ideas.
- Generan riesgos colaterales: pueden alterar el equilibrio de ecosistemas ya frágiles o provocar efectos en cascada difíciles de predecir.
- Costes astronómicos: hablamos de proyectos que podrían superar los cientos de miles de millones de euros, sin ninguna garantía de éxito.
Además, el Tratado Antártico y otros acuerdos internacionales limitan drásticamente la posibilidad de realizar este tipo de experimentos en regiones polares, por razones ambientales, éticas y legales.
Más información: Frontiers | Safeguarding the polar regions from dangerous geoengineering: a critical assessment of proposed concepts and future prospects



Panclaste dice
Reducir las emisiones de CO2 es difícil, por la magnitud y poder de los intereses creados alrededor de la industria petrolera, del gas y del carbón.
Todo descenso en el consumo bajará precios, empujando otra vez el consumo y las emisiones.
Se pueden regular los impuestos, el Mercado de Derechos de Emisión es especulativo e inflacionista.
El elemento natural que más CO2 absorbe sería la fotosíntesis.
El ascenso al Norte del Frente de lluvias africano promueve vegetación en el Sáhara.
Vender leña en África, Madagascar, para consumo doméstico ayudaría a recuperar la vegetación local.
Hasta se podría llevar agua del Obi, por debajo de los Urales, para regenerar el Mar Caspio.
En tiempos lejanos, la pluviosidad en esa región, que hace crecer las plantas, estaba en relación con la superficie de agua del Mar de Thetys.
Nadie se anima a simular éstas propuestas en un ordenador adecuado?
Alfonso dice
Creo que hay muchas razones para oponerse pero creo que no nos queda tiempo para esperar a que el mundo se decida a bajar las emisiones de CO2, entre otras cosas porque acarrea otro problemón sería un colapso económico brutal y ninguna de las empresas o estamentos que está en la poltrona va a decidir hacerlo
Si no bajamos la energía que nos entra en la tierra drásticamente corremos el riesgo de superar los 4ºC para final de centuria. En una palabra es susto o muerte. Esparcir SO2 para contener la entrada de energía del sol y seguir reduciendo la emisión de CO2 a mayor ritmo. Tened en cuenta que el CO2 perdura entre 100 y 500 años en el sistema y que el calor está desencadenando otras desgracias que aumenta el CO2 equivalente, como es el derretimiento de los polos o el colapso del AMOC
Lo dicho, creo que lo único bueno que puede hacer Trump en su política suicida podría ser llevar sus aviones a la estratosfera y emitir SO2 en latitudes 60N y 60S durante décadas. Seguir bloqueando el comercio global para reducir transportes drásticamente y después directamente morirse para que entre algún político que retome las políticas de Paris