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Startup californiana usa hongos para convertir residuos agrícolas en pienso más nutritivo y reducir hasta un 10% los costes ganaderos

22 junio, 2026 Deja un comentario

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Startup californiana Gilly aumenta el contenido proteico de subproductos agrícolas del 15% al 23% mediante fermentación fúngica y reduce hasta un 10% los costes de alimentación animal.

  • 🌱 Residuos agrícolas infrautilizados.
  • 🍅 Orujo de tomate convertido en proteína.
  • 🍄 Fermentación fúngica en solo 3 días.
  • 📈 Proteína bruta del 15 % al 23 %.
  • 💰 Ahorro potencial del 5 % al 10 % en alimentación animal.
  • ♻️ Economía circular aplicada a la ganadería.
  • 🚜 Producción local junto a las explotaciones.
  • 🌍 Menor dependencia de materias primas importadas.

Hongos que transforman residuos agrícolas en alimento de alto valor para el ganado

La alimentación animal representa uno de los mayores costes de producción en la ganadería moderna. En muchos casos, también es uno de los factores que más condicionan la rentabilidad de una explotación. Mientras tanto, millones de toneladas de subproductos agrícolas terminan utilizándose como ingredientes de bajo valor nutricional o, directamente, se desperdician.

En este contexto surge Gilly, una joven empresa californiana que está explorando una vía diferente: utilizar hongos seleccionados para mejorar la calidad nutricional de residuos agrícolas baratos y abundantes. La propuesta combina biotecnología, economía circular y producción descentralizada, tres elementos que cada vez tienen más peso en la transición hacia sistemas alimentarios más sostenibles.

Del desperdicio agrícola a una nueva fuente de proteína

Cada año, industrias como la del tomate, la soja, las almendras o el maíz generan enormes cantidades de restos vegetales. Muchos de estos materiales todavía contienen nutrientes valiosos, aunque su aprovechamiento es limitado debido a su baja digestibilidad o a la presencia de compuestos que dificultan la absorción de nutrientes.

La tecnología desarrollada por Gilly se basa en la fermentación en estado sólido, una técnica utilizada desde hace décadas en distintos sectores alimentarios, aunque adaptada aquí a la producción de ingredientes para alimentación animal.

Los hongos crecen directamente sobre el material vegetal y, durante el proceso, transforman parte de la materia orgánica. Como resultado, aumenta el contenido proteico y disminuye la presencia de sustancias consideradas antinutrientes, como taninos, fitatos o lectinas.

El efecto es especialmente interesante porque no se limita a añadir proteína. También mejora la capacidad de los animales para aprovechar mejor cada kilogramo de alimento consumido.

Una tendencia que gana fuerza en todo el mundo

La idea de utilizar microorganismos para convertir residuos en recursos no es exclusiva de Gilly. En los últimos años han aparecido numerosas iniciativas centradas en la producción de proteínas alternativas mediante fermentación.

Algunas empresas emplean levaduras, otras bacterias y otras diferentes especies de hongos. El objetivo común consiste en reducir la presión sobre cultivos destinados exclusivamente a alimentación animal, especialmente la soja, cuya producción está asociada en determinadas regiones a procesos de deforestación y pérdida de biodiversidad.

La fermentación se está consolidando como una herramienta capaz de aprovechar materiales que ya existen en el sistema agrícola. No requiere crear nuevas superficies de cultivo ni aumentar el consumo de agua de forma significativa. En otras palabras, permite obtener más valor a partir de recursos que ya están disponibles.

La ventaja de producir junto a las granjas

Uno de los aspectos más llamativos del modelo propuesto por Gilly es la instalación de pequeñas unidades de producción directamente en las explotaciones ganaderas o cerca de las fuentes de materia prima.

Esta estrategia puede reducir costes de transporte, minimizar pérdidas y evitar parte de las emisiones asociadas a las cadenas logísticas tradicionales.

En regiones agrícolas como California, donde coinciden grandes producciones hortofrutícolas y explotaciones ganaderas intensivas, este enfoque encaja especialmente bien. Los residuos se generan cerca del lugar donde posteriormente serán consumidos por los animales.

La proximidad también aporta una mayor resiliencia frente a las fluctuaciones de precios de materias primas internacionales, un aspecto que ha cobrado importancia tras las recientes crisis energéticas y las alteraciones en las cadenas globales de suministro.

Más allá del ahorro económico

Aunque el ahorro estimado para los ganaderos puede situarse entre el 5 % y el 10 % de los costes de alimentación, el interés de este tipo de soluciones va mucho más allá de la rentabilidad.

La ganadería mundial depende en gran medida de ingredientes proteicos producidos a miles de kilómetros de distancia. Esta dependencia genera vulnerabilidad ante sequías, conflictos comerciales, problemas logísticos o cambios regulatorios.

Aprovechar recursos locales puede fortalecer la seguridad alimentaria y reducir la exposición a mercados volátiles. Además, contribuye a diversificar las fuentes de proteína utilizadas en la nutrición animal.

Los desafíos que todavía quedan por resolver

A pesar del potencial de la propuesta, todavía existen interrogantes importantes.

La prueba realizada en California tuvo una duración limitada y estuvo centrada principalmente en verificar que los animales aceptaban el nuevo ingrediente. Aún falta conocer con detalle cómo afecta a parámetros clave como la producción de leche, la ganancia de peso, la salud animal o la calidad final de los productos obtenidos.

También será necesario comprobar si los costes previstos se mantienen cuando la tecnología se despliegue a gran escala. Muchas innovaciones agrícolas funcionan correctamente en proyectos piloto, aunque encuentran dificultades cuando deben operar de forma continua durante años y en condiciones muy variables.

Otro factor relevante será la regulación. Las autoridades alimentarias suelen exigir rigurosas evaluaciones de seguridad y trazabilidad antes de autorizar nuevos ingredientes para alimentación animal, especialmente cuando intervienen procesos biotecnológicos.

Una nueva visión de la economía circular agrícola

Durante décadas, la agricultura y la ganadería han funcionado como sectores separados, conectados principalmente por la compraventa de materias primas. Tecnologías como la fermentación de residuos agrícolas apuntan hacia una integración mucho más profunda.

Los restos de una actividad pasan a convertirse en recursos valiosos para otra. Esa lógica, aparentemente sencilla, constituye uno de los pilares de la economía circular moderna.

Lo interesante es que esta transformación no requiere inventar nuevos materiales ni infraestructuras gigantescas. A veces basta con observar los flujos de recursos existentes y encontrar formas más inteligentes de utilizarlos.

Potencial

La fermentación fúngica aplicada a subproductos agrícolas podría convertirse en una pieza importante de los sistemas alimentarios del futuro.

Su capacidad para revalorizar residuos, generar proteína local, reducir costes para los ganaderos y disminuir la dependencia de materias primas importadas encaja con muchos de los objetivos de sostenibilidad que actualmente persiguen gobiernos y empresas agroalimentarias.

Si las pruebas a gran escala confirman los resultados iniciales, esta tecnología podría ayudar a construir cadenas alimentarias más resilientes, eficientes y circulares. No cambiará por sí sola el modelo agroalimentario mundial. Pero sí demuestra algo importante: en muchos residuos agrícolas existe un potencial desaprovechado que, con la tecnología adecuada, puede convertirse en una parte de la solución climática y alimentaria de las próximas décadas.

Vía Gilly – SOSV

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Publicado en: Agricultura ecológica

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