
Se han encontrado microbios congelados durante unos 40.000 años en el permafrost de Alaska. Al descongelarse en laboratorio, reviven, se reorganizan y comienzan a consumir carbono orgánico.
- Microbios antiguos despiertan tras 40.000 años.
- Liberación de CO₂ y metano desde permafrost profundo.
- Lag inicial, luego actividad acelerada.
- Más meses cálidos = más carbono a la atmósfera.
- Riesgo de retroalimentación climática.
- Cambios locales, impacto global.
- Ciencia clave para modelos climáticos y planificación.
Microbios antiguos congelados durante 40.000 años despiertan, se reorganizan y comienzan a liberar carbono
Los microbios atrapados en el permafrost profundo, ese suelo que permanece congelado al menos dos años seguidos, pueden volver a la vida cuando la temperatura sube. No solo reviven: se reorganizan y empiezan a metabolizar carbono, liberando dióxido de carbono y metano en cuestión de meses. Esto ocurre incluso en capas que durante décadas se consideraron inercias seguras, demasiado frías o aisladas como para preocuparse.
Algunas de estas formas de vida llevan casi 40.000 años dormidas. Los experimentos se han realizado con muestras recogidas en un túnel de investigación en las afueras de Fairbanks, Alaska, donde el subsuelo funciona como un archivo natural de climas antiguos, vegetación desaparecida y microorganismos que quedaron atrapados mucho antes de que existieran las ciudades modernas.
Microbios en descongelación y carbono
El trabajo está dirigido por Tristan Caro, investigador posdoctoral en geobiología en el California Institute of Technology. Su especialidad es estudiar cómo los microbios se las apañan para sobrevivir en condiciones de frío extremo, baja disponibilidad de oxígeno y nutrientes mínimos, y cómo recuperan la actividad cuando el hielo deja de ser hielo.
Los suelos del norte almacenan una cantidad enorme de carbono orgánico, aproximadamente el doble del que hay actualmente en la atmósfera. Si ese carbono empieza a transformarse en CO₂ o metano a medida que los veranos se alargan, la situación puede escalar rápido. El Ártico ya se calienta a un ritmo mayor que el promedio global, y eso abre la puerta a procesos que eran puramente teóricos hace unas décadas.

En Alaska, alrededor del 85 % del territorio está sostenido sobre permafrost. Ese soporte condiciona carreteras, edificios, cursos fluviales e incluso la pesca local. También determina por qué un túnel excavado en terreno helado ofrece un acceso tan valioso a capas que, en circunstancias normales, nunca verían la luz.
Gran parte del permafrost profundo está muy por debajo de la zona que se descongela en verano. Ha permanecido aislado de la luz, del oxígeno y de cualquier señal de superficie durante miles de años. Esto significa que los microbios que despiertan allí abajo forman comunidades muy distintas de las que viven cerca de la capa activa superficial.
Estudiar microbios descongelados
Las muestras se recogieron en un complejo subterráneo al norte de Fairbanks. Para evitar que la exposición al aire alterara los resultados, se almacenaron en cámaras selladas con niveles de oxígeno mínimos. Los investigadores incubaron las muestras a 4 °C y 12 °C durante medio año, temperaturas que representan veranos suaves y episodios más cálidos, cada vez más frecuentes en el Ártico.
Para detectar qué células estaban realmente creciendo, añadieron deuterio, un tipo de hidrógeno más pesado. Si los microbios incorporaban ese deuterio en sus membranas, era señal de que estaban reparando daños, creciendo o reconstruyendo estructuras básicas. En paralelo, utilizaron técnicas de rastreo isotópico para seguir la actividad bioquímica y ver cómo cambiaban las comunidades a medida que pasaban las semanas.
Un detalle curioso: muchas de las células que despertaban preferían sintetizar glicolípidos, grasas asociadas a la resistencia al frío. Parece que esos compuestos les permitieron sobrevivir congeladas durante miles de años, algo que, en cualquier otro contexto, suena casi imposible.
Qué cambió después de meses
Durante el primer mes, la actividad fue mínima. Un ritmo casi imperceptible: entre 0,001 y 0,01 % de las células se renovaban cada día. Ese retraso ayuda a explicar por qué un par de días calurosos no bastan para disparar la liberación de carbono. Hace falta tiempo.
Pero hacia el sexto mes todo cambió. Las comunidades microbianas perdieron diversidad, se reorganizaron y comenzaron a generar biofilms, una especie de capa viscosa que les permite agruparse y trabajar de forma más eficiente. Es un comportamiento muy parecido al que ocurre en los suelos superficiales actuales, aunque las especies no sean las mismas.
El equipo observó señales claras de resurrección microbiana: actividad metabólica, reconstrucción celular y estructuras visibles que indican que la vida, incluso tras milenios, puede volver a arrancar si el entorno se lo permite.
También hubo algo importante: los primeros gases liberados no siempre proceden de la actividad microbiana. A veces son burbujas antiguas atrapadas en el hielo. Diferenciar ambos orígenes es clave para interpretar cualquier medición de campo.
Los veranos más largos elevan el riesgo
La NOAA lleva años alertando de que las estaciones cálidas en el Ártico se están alargando. No son olas de calor puntuales: es una transición lenta, mes a mes, que hace que zonas profundas permanezcan en estado de deshielo durante periodos más amplios. Y, con ello, los microbios tienen tiempo suficiente para salir de su letargo.
Cuando la capa activa estival —el metro o metro y medio de suelo que se derrite cada año— se vuelve más profunda, el oxígeno llega a zonas que antes estaban aisladas. El agua también filtra más abajo. Ese cóctel despierta procesos que transforman la materia orgánica enterrada en CO₂ y metano, ambos gases con una capacidad enorme de atrapar calor.
Si no se frena el calentamiento, el sistema puede entrar en una retroalimentación peligrosa: más deshielo, más emisiones naturales, más calor, más deshielo. Los científicos reconocen que este proceso sigue siendo una de las grandes incertidumbres de los modelos climáticos globales.
Los investigadores señalan que un único día de calor no cambia nada. Lo que sí cambia todo es que las estaciones templadas empiecen antes y terminen más tarde. Ahí es donde los microbios antiguos encuentran la oportunidad.
Lecciones de los microbios descongelados
El estudio se hizo con un número limitado de muestras y en una única ubicación. No todo el Ártico se comportará igual. Siberia, Groenlandia o el norte canadiense tienen comunidades microbianas distintas, con ritmos propios y adaptaciones únicas.
Aun así, los resultados apuntan a un factor clave: el tiempo de descongelación. Si el suelo permanece lo bastante cálido durante varios meses seguidos, los microbios pueden completar su lag inicial y entrar en plena actividad dentro de la misma temporada.
Los equipos de campo necesitan combinar mediciones de profundidad de deshielo, flujos de gases y marcadores isotópicos para mejorar las predicciones. Al mismo tiempo, ingenieros y administraciones necesitan mapas más precisos de las capas ricas en hielo para adaptar carreteras, tuberías o edificios a un terreno que ya no es tan estable como antes.
Separar el gas antiguo del gas producido por microbios activos será esencial. Esa distinción permitirá orientar inversiones públicas y evaluar mejor cómo puede evolucionar el clima a corto y medio plazo.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
La reactivación de microbios milenarios encaja dentro de un problema mayor: la liberación progresiva del carbono ártico. Si las temperaturas siguen subiendo, una parte del carbono atrapado durante miles de años pasará a la atmósfera en forma de CO₂ y metano. Esta transición no depende de decisiones humanas directas; responde únicamente a la física del hielo y la biología del suelo.
El riesgo es que estas emisiones naturales empujen aún más el calentamiento global, dificultando el cumplimiento de objetivos climáticos. Además, el deshielo altera los ecosistemas locales, desplaza fauna, modifica humedales y afecta a las comunidades indígenas que dependen de un suelo estable para cazar, construir o desplazarse.
Imagen vía: e360.yale.edu



José Humberto Valle Guerrero dice
Excelente información sobre la microbiota congelada y su impacto en el medio ambiente. ¿ afectará la salud de las comunidades indígenas y mestizas de las zonas impactadas?
Myriam dice
Qué artículo tan interesante! Pero aunque enfatizan al final que el problema no es producido por los humanos, sí lo es! Qué ha producido el deshielo y permitido éstas filtraciones! El desorden y la excesiva contaminación mundial! E igual que ocurre con la famosa AI, es el hombre, con sus experimentos, quien «revive’ a estos microorganismos de los que no tenemos idea sobre su voracidad y velocidad de reproducción, menos aún, sobre su control! Qué peligro! Ya tenemos microorganismos Frankestein!
Daniela dice
Hola. Que carbono se comen. Conocen la Tabla Periodica. Yo la estudie en espiral. Es mas fácilmente recordar.
Angel dice
estamos predestinados a la autodestrucción. todos queremos más y más y no nos damos cuenta que nuestro planeta es finito y nuestras acciones al final serán las que nos lleven a la autoextincion . todo cambia y nada es inalterable lo que sucede es que la raza humana va siempre buscando más pero para peor…..ese conocimiento en vez de enfocar lo al bien, lo hacemos en aras del egoísmo propio y lo dicho….nos extinguiremos por egoísmo.
Laura dice
La cabecera de la noticia pone que devoran carbono y cuando entras en la noticia dice que liberan, en que quedamos?