
Investigadores suizos demuestran que el uso del transporte público es un hábito aprendido y no solo una cuestión de infraestructura.
- 🚆 Hábitos de movilidad por encima de la infraestructura.
- 🚗 Predominio del coche en la mayoría de desplazamientos.
- 🧠 Capacidad de uso, factor clave y poco estudiado.
- 🚌 Transporte público más eficaz cuando conecta destinos cotidianos.
- 🚲 Movilidad activa con gran potencial en trayectos cortos.
- 🌍 Políticas personalizadas para cambiar costumbres sin imposiciones.
- 📊 Estudio con 10.000 participantes en la región del lago Lemán.
- ♻️ Menos emisiones gracias a decisiones de movilidad más inteligentes.
Usar el transporte público también se aprende: el factor humano que puede acelerar la movilidad sostenible
Aunque Suiza cuenta con una de las redes de transporte público más desarrolladas del mundo, el coche privado sigue ocupando un lugar central en la vida cotidiana. Un nuevo estudio de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) demuestra que la explicación no depende únicamente de la calidad de autobuses o trenes. También influye algo mucho más cotidiano: los hábitos, la confianza y la facilidad con la que cada persona sabe desenvolverse utilizando alternativas al automóvil.
Los investigadores sostienen que cambiar el modelo de movilidad no consiste únicamente en construir nuevas líneas ferroviarias o aumentar las frecuencias. Hace falta comprender cómo toman decisiones las personas y qué obstáculos encuentran cuando intentan dejar el coche aparcado.
El coche sigue dominando incluso donde el transporte público funciona bien
Los datos oficiales muestran que entre 2005 y 2015 aproximadamente la mitad de los desplazamientos en Suiza se realizaron mediante vehículos motorizados privados, incluyendo automóviles, motocicletas y ciclomotores.
Las diferencias regionales son llamativas. En la Suiza germanófona, donde la oferta ferroviaria y de autobuses resulta especialmente amplia, alrededor del 25 % de los desplazamientos se realizan en transporte público. En la Suiza francófona esa cifra desciende hasta el 20 %, mientras que en el cantón del Tesino apenas alcanza el 13 %.
Las situaciones familiares son todavía más dependientes del automóvil. Llevar a un hijo a una actividad extraescolar, acompañar a un familiar al médico o realizar varios recados en una sola salida sigue siendo una de las grandes fortalezas del coche. En estos desplazamientos, el 91 % se efectúa mediante transporte privado.
Este dato pone de manifiesto una realidad que también se observa en numerosos países europeos: cuando un trayecto implica varias paradas, horarios ajustados o responsabilidades familiares, muchas personas perciben que el coche continúa ofreciendo mayor flexibilidad.
Un estudio con 10.000 personas para entender cómo decidimos movernos
Para profundizar en estas diferencias, el proyecto Lemanic Panel analizó durante varios años los hábitos de movilidad de 10.000 residentes de la región del lago Lemán, una amplia zona que incluye los cantones suizos de Vaud, Ginebra, parte del Valais y Friburgo, además de los departamentos franceses de Ain y Alta Saboya.
Los resultados correspondientes a 2023 muestran una fotografía bastante clara:
- 55 % acudía al trabajo principalmente en vehículo privado.
- 11 % utilizaba transporte público.
- 15 % optaba por caminar o desplazarse en bicicleta.
- 18 % combinaba distintos medios de transporte.
En los desplazamientos de ocio cercanos, el panorama cambia ligeramente. La movilidad activa, especialmente caminar y pedalear, alcanza el 52 %, mientras que el automóvil baja hasta el 40 % y el transporte público representa el 8 %.
Estos resultados reflejan que muchas personas ya escogen opciones más sostenibles cuando las distancias son reducidas y el entorno urbano facilita hacerlo.
La accesibilidad cambia por completo las decisiones
Uno de los aspectos más interesantes del trabajo consiste en la creación de un índice de accesibilidad. Este indicador mide hasta qué punto una persona puede llegar fácilmente a los lugares que utiliza con frecuencia —supermercados, colegios, centros sanitarios o espacios de ocio— sin depender del coche.
Los resultados son contundentes.
En las zonas con una alta accesibilidad, únicamente el 29 % de los desplazamientos laborales se realizan en vehículo privado.
En cambio, allí donde esa accesibilidad es baja, el uso del coche asciende hasta el 78 %.
La diferencia también aparece en el transporte público. En las áreas mejor conectadas, el 22 % de la población lo utiliza para ir al trabajo. En las zonas con peor conexión apenas lo hace el 1 %.
La conclusión resulta bastante lógica: las personas utilizan más el transporte público cuando realmente les permite resolver la mayoría de sus necesidades diarias sin complicaciones adicionales.
Saber utilizar el transporte público también requiere aprendizaje
El estudio incorpora un concepto poco habitual en las investigaciones sobre movilidad: la capacidad de uso.
No todas las personas tienen la misma facilidad para interpretar mapas, organizar transbordos, comprar billetes digitales, reaccionar ante retrasos o modificar una ruta cuando surge un imprevisto. Son habilidades que muchas veces se dan por supuestas, aunque no siempre están presentes.
Los investigadores elaboraron un segundo indicador para medir precisamente esa competencia.
Entre quienes presentan una elevada capacidad para utilizar el transporte público, solo el 35 % recurre habitualmente al coche para desplazarse al trabajo.
En el grupo con menor capacidad, la cifra alcanza el 84 %.
Esto demuestra que disponer de una estación cercana no garantiza que una persona termine utilizándola con frecuencia.
Infraestructura y formación deben avanzar juntas
Una de las conclusiones más relevantes del trabajo es que accesibilidad y capacidad de uso no siempre evolucionan al mismo ritmo.
Puede haber barrios perfectamente comunicados donde muchos vecinos continúan utilizando el automóvil porque nunca han desarrollado confianza para viajar en transporte público. También sucede lo contrario: personas acostumbradas a utilizar autobuses y trenes que viven en zonas donde simplemente la oferta resulta insuficiente.
Esta perspectiva coincide con estrategias que ya están comenzando a aplicarse en distintas ciudades europeas. Algunos municipios desarrollan programas de acompañamiento personalizado, asesoramiento para nuevos usuarios, aplicaciones que simplifican la planificación multimodal o tarifas integradas que eliminan parte de la complejidad del sistema.
La Unión Europea, a través de iniciativas vinculadas al Pacto Verde Europeo y a las políticas de movilidad urbana sostenible, también impulsa medidas destinadas a reducir la dependencia del automóvil mediante una combinación de infraestructuras, digitalización y mejora de la experiencia del usuario.

Cambiar hábitos cuesta más que construir nuevas infraestructuras
Durante décadas, muchas ciudades crecieron alrededor del automóvil. Grandes avenidas, aparcamientos, centros comerciales periféricos y urbanizaciones alejadas consolidaron un modelo donde el coche parecía imprescindible.
Modificar esa dinámica exige tiempo.
La psicología del comportamiento demuestra que los hábitos cotidianos suelen mantenerse incluso cuando aparecen alternativas mejores. Las decisiones relacionadas con la movilidad rara vez responden únicamente al coste económico o al tiempo de viaje. También intervienen la rutina, la percepción de comodidad, la sensación de control y la experiencia acumulada durante años.
Por ese motivo, ofrecer incentivos temporales puede resultar especialmente eficaz. Los investigadores proponen realizar proyectos piloto en zonas donde los índices de capacidad de uso son bajos, facilitando durante un mes un abono de transporte acompañado por apoyo personalizado para ayudar a modificar los hábitos de desplazamiento.
No se trata de obligar a cambiar. Se trata de hacer que cambiar resulte sencillo.
Vía EPFL

Axel Bautista dice
Realmente importante entender como la movilidad se traduce también en formación del ciudadano y entender hábitos. Me gustaría saber, en qué época (aproximadamente en qué decada) el transporte público, llegó a la previsión adecuada de oferta al ciudadano.