
Las estaciones tradicionales están cambiando debido al impacto humano en el medio ambiente. Están surgiendo nuevas estaciones antropogénicas, es decir, creadas por la actividad humana.
- Nuevas estaciones creadas por el ser humano.
- Algunas estaciones naturales desaparecen.
- Cambios afectan agricultura, cultura y salud.
- Alteración del clima en Asia y otras regiones.
- Soluciones actuales no atacan el problema de raíz.
- Urge repensar nuestra relación con el tiempo.
- Saberes indígenas ofrecen respuestas clave.
La Tierra crea nuevas estaciones humanas nunca vistas
A lo largo de la historia, las estaciones han funcionado como una brújula natural. Marcaron cuándo sembrar, cuándo cosechar y cuándo celebrar. Sin embargo, la estabilidad de estas estaciones está desapareciendo. La actividad humana está alterando los ciclos naturales con tanta intensidad que nuevas estaciones artificiales están emergiendo, mientras otras simplemente se desvanecen.
Una investigación reciente plantea que estas estaciones no son meteorológicas en el sentido tradicional, sino temporadas provocadas por el impacto humano. Son patrones recurrentes, pero no naturales. El humo, el plástico y la escasez de agua marcan ahora el paso del tiempo en muchas regiones.
Estaciones inventadas, estaciones extinguidas
Un ejemplo claro es la temporada de neblina tóxica que afecta cada año a países como Tailandia, Malasia e Indonesia. El cielo se cubre de humo durante semanas debido a la quema masiva de bosques para la expansión agrícola, especialmente entre febrero y abril. Esta práctica, impulsada por la demanda de productos como aceite de palma o caucho, genera impactos devastadores sobre la salud pública, los ecosistemas y la economía local.
En otro extremo del sudeste asiático, entre noviembre y marzo, Bali sufre su particular temporada de basura marina. Las corrientes oceánicas arrastran toneladas de residuos, mayoritariamente plásticos, hacia sus costas. Aunque este fenómeno tiene raíces en patrones de marea y viento, su magnitud actual es consecuencia directa de un sistema global de producción y consumo desechable, que colapsa las infraestructuras locales de gestión de residuos.
Y mientras aparecen estas nuevas estaciones, otras se extinguen. La temporada de cría de aves marinas en el norte de Inglaterra, por ejemplo, está desapareciendo. Cambios en la temperatura del mar y la disponibilidad de alimento están reduciendo drásticamente las poblaciones de frailecillos y otras especies, con consecuencias en cascada para todo el ecosistema costero.
Ritmos naturales descompasados
Uno de los efectos más inquietantes de esta transformación es la creación de estaciones desincronizadas, que alteran los ritmos vitales entre especies. La floración temprana de ciertos cultivos ya no coincide con la llegada de los polinizadores. Las migraciones de peces no coinciden con las épocas de pesca tradicionales. Esto afecta directamente la seguridad alimentaria de millones de personas.
En el norte de Tailandia, los pueblos que dependen del río Mekong han visto alterado su modo de vida. Represas río arriba han transformado el flujo estacional, impidiendo que los peces migren y reduciendo los sedimentos que fertilizaban los campos. El cambio climático ha intensificado el problema, acortando las lluvias y alargando las sequías, con incendios más frecuentes y cosechas más impredecibles.
Adaptación no basta: hay que atacar las causas
En algunos casos, las comunidades han desarrollado estrategias de adaptación. Durante la temporada de neblina, por ejemplo, se instalan filtros de aire, se suspenden clases y se distribuyen mascarillas. Son medidas necesarias, pero que no resuelven el origen del problema: la deforestación a gran escala.
Existe el riesgo de que estas estaciones anómalas se normalicen. Que la «temporada de humo» o la «temporada de basura» se acepten como inevitables. Esto beneficia a empresas y gobiernos que así evitan asumir su responsabilidad. De ahí la importancia de entender cómo se construyen estos relatos, quién los promueve y con qué intereses. El discurso sobre las estaciones también es político.
Repensar el tiempo, reconectar con la naturaleza
Hoy medimos el tiempo en horas y minutos. Pero durante milenios, las personas se guiaron por los ciclos del sol, la luna, las lluvias o los vientos. Volver a mirar el tiempo desde una perspectiva ecológica y cultural puede ser clave para enfrentar estos cambios.
Los sistemas de conocimiento indígena, por ejemplo, no solo reconocen otras estaciones, sino que también incluyen indicadores sutiles como el comportamiento de los animales, la floración de ciertas plantas o los cambios en el sabor del agua. Estas observaciones, transmitidas oralmente de generación en generación, pueden enriquecer enormemente la planificación ambiental y climática.
Integrar estos saberes no es mirar al pasado con nostalgia, sino sumar herramientas para el futuro. Porque comprender los ciclos naturales ayuda a prever, a planificar mejor, y a evitar decisiones que agraven las crisis existentes.
Más información: Seasons and the Anthropocene – Thomas E. L. Smith, Felicia H. M. Liu, 2025



José Francisco dice
Recomiendo a todas las personas que vean la serie HOPE,aquí se explican los cambios que debemos y podemos hacer cada uno,aún hay esperanza si reaccionamos las personas.
Dina María dice
Lamentable los seres humanos somos los que hemos destruído éste hermoso planeta que Dios nos ha dado para vivir, y claro que aún hay tiempo, pero lo que los seres humanos necesitamos urgente, ser humildes y reconocer nuestros errores, pedir perdón a Dios, a quién tengamos que darlo y recibirlo,
amar, temer, respetar, agradecer, buscar y confiar en el Señor, amar, respetar y tener compasión por nuestro prójimo, entonces Dios escuchará, dará sanación a los seres humanos y sanará la tierra. 2 Crónicas 7:14-15
Tom Cody dice
Eso no son estaciones, el Sol marca las estaciones, son chorradas para insistir en una emergencia que no existe, la emergencia son las medidas ineptas, falsas causas basadas en ciencia basura financiada por una élite embustera expoliadora que se está apropiando de todos los recursos naturales y el hiper control totalitario del carbono fascistoide bajo la excusa de salvarnos.