
Investigadores de Project Drawdown afirman que reducir carne de res y biocombustibles podría alimentar a 7.200 millones de personas adicionales.
- Producción agrícola suficiente, acceso desigual.
- Cultivos desviados a piensos y biocombustibles.
- Eficiencia alimentaria global en descenso.
- Carne de vacuno, alto impacto climático.
- Tierra agrícola al límite, presión sobre ecosistemas.
- Cambio de dieta, palanca clave.
- Uso del suelo, factor decisivo.
Menos alimento para personas, más para ganado y combustibles
La agricultura mundial ya genera suficientes calorías para alimentar a toda la población, pero el problema no está en la cantidad producida, está en cómo se utilizan esos recursos. Según el estudio, solo aproximadamente la mitad de las calorías cultivadas termina realmente en la dieta humana. El resto se desvía hacia alimentación animal y usos industriales, principalmente biocombustibles.
Este desajuste no es casual. Responde a un modelo alimentario que prioriza productos con mayor valor económico o energético, aunque sean menos eficientes desde el punto de vista nutricional. En la práctica, se están utilizando grandes superficies agrícolas para producir calorías que se “pierden” en el proceso de conversión, especialmente al pasar por el ganado.
El dato clave: mientras la producción de cultivos creció un 24% entre 2010 y 2020, el consumo humano directo solo aumentó un 15%. Esa diferencia refleja una tendencia clara hacia un sistema cada vez menos eficiente.
Un sistema alimentario que pierde eficiencia
El uso de calorías como indicador permite entender bien el problema. Cada paso intermedio —alimentar animales, procesar biocombustibles— implica pérdidas. En el caso del ganado, especialmente del vacuno, la conversión es muy baja: se necesitan muchas calorías vegetales para producir una cantidad relativamente pequeña de alimento animal.
Este fenómeno se intensifica en países con mayor consumo de carne y producción de biocombustibles. En Estados Unidos y Brasil, una parte importante de los cultivos se destina a estos fines, lo que reduce la proporción disponible para alimentación directa. En otros contextos, como India, el sistema es más eficiente porque una mayor parte de los cultivos se consume directamente o se destina a productos como los lácteos, que convierten mejor la energía.
Aquí hay una idea importante: no se trata solo de producir más, sino de producir mejor y destinarlo de forma más inteligente.
Producción de carne de vacuno y presión sobre los recursos
La carne de vacuno aparece como uno de los principales puntos críticos. Aproximadamente el 40% de las calorías destinadas a piensos se utilizan para alimentar ganado bovino, pero este solo aporta alrededor del 9% de las calorías que las personas obtienen de productos animales.
Ese desequilibrio tiene varias consecuencias. Por un lado, una enorme presión sobre el uso del suelo. Por otro, un impacto climático elevado, ya que el ganado bovino emite metano, un gas de efecto invernadero especialmente potente en el corto plazo.
Además, la producción de vacuno requiere grandes extensiones de tierra, tanto para pastos como para cultivar su alimento. En un contexto donde ya se utiliza una superficie agrícola equivalente a la de Sudamérica, ampliar la frontera agrícola implica casi siempre deforestación o degradación de ecosistemas.
Reducir el consumo de carne de vacuno, incluso de forma moderada, tiene efectos desproporcionadamente positivos. No hace falta eliminarla por completo. Ajustar las cantidades, diversificar fuentes de proteína… pequeños cambios, impacto grande.

El papel de los biocombustibles en el uso de la tierra
Otro factor relevante es el crecimiento de los biocombustibles. Entre 2010 y 2020, el uso de cultivos para este fin aumentó un 28%. En Estados Unidos, más del 40% del maíz se destina a la producción de etanol, impulsado por políticas energéticas como el Renewable Fuel Standard.
Sobre el papel, los biocombustibles ofrecen una alternativa más limpia frente a los combustibles fósiles. Pero cuando se analiza el sistema completo —uso del suelo, fertilizantes, agua, cambio de uso de tierras— el balance se vuelve más complejo.
En algunos casos, el impacto climático total puede acercarse al de los combustibles tradicionales. Y hay un coste añadido: ese mismo terreno podría utilizarse para producir alimentos o restaurar ecosistemas.
El debate ya no es solo energético. Es territorial. Y cada hectárea cuenta.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente
El modelo actual tiene implicaciones profundas. La expansión agrícola hacia nuevas áreas suele implicar pérdida de biodiversidad, fragmentación de hábitats y aumento de emisiones por cambios en el uso del suelo.
El uso intensivo de fertilizantes y agua también contribuye a problemas como la contaminación de acuíferos o la eutrofización de ríos y lagos. A esto se suma la presión sobre recursos hídricos en regiones ya vulnerables.
Reducir la demanda de cultivos para piensos y biocombustibles permitiría aliviar esa presión. No solo en términos de emisiones, también en regeneración de suelos, recuperación de ecosistemas y mejora de la resiliencia agrícola frente al cambio climático.
Es un efecto dominó. Menos presión en un punto del sistema, más margen en todos los demás.
Más información: Only half of the calories produced on croplands are available as food for human consumption – IOPscience



carlos fonseca dice
la producción. de biogás con pastos gigantes, residuos sólidos y residuos cosechas es una alternativa importante para Colombia ante escasez gas y fenómeno de El Niño. los biodigestión son fáciles y relativamente baratos de construir. hay experienxis nqcional e internacional