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Nuevo estudio de 10 años demuestra que las colillas se transforman en microplásticos persistentes sin degradarse por completo

4 abril, 2026 4 comentarios

3.9/5 - (8 votos)
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Imagen: lunamarina – Depositphotos.

Investigadores revelan que los filtros de cigarrillos permanecen más de una década como residuos microscópicos en el suelo.

  • Residuo masivo global.
  • Filtros de plástico (acetato de celulosa).
  • Degradación lenta, incompleta.
  • Transformación en microplásticos.
  • Persistencia en suelos >10 años.
  • Toxicidad inicial alta, luego variable.
  • Incorporación invisible al suelo.
  • Impacto acumulativo silencioso.

Qué ocurre con las colillas de cigarrillos tras 10 años en el medio ambiente

Las colillas de cigarrillos llevan años formando parte del paisaje urbano y natural. Están en playas, cunetas, parques… casi en cualquier sitio donde haya actividad humana. Lo que pocas veces se considera es que ese pequeño residuo es en realidad un material plástico altamente persistente, diseñado para resistir. Y lo hace.

Un estudio reciente ha seguido durante una década el comportamiento de estos filtros en condiciones reales. El resultado es bastante claro: no desaparecen, se transforman.

Un experimento de diez años

La investigación se centró en observar qué ocurre con miles de colillas en distintos entornos: superficies urbanas, suelos arenosos y suelos ricos en materia orgánica. No en laboratorio, no en condiciones ideales. En el mundo real.

Durante diez años se analizaron cambios en masa, composición química, colonización microbiana y toxicidad. Lo interesante es que no se trata de un proceso lineal. Cada entorno marca el ritmo.

En suelos vivos, con actividad biológica, ocurre más transformación. En entornos urbanos o pobres en nutrientes, prácticamente nada cambia durante años. Las colillas siguen ahí, intactas en gran medida.

Las colillas de cigarrillos, enemigas de nuestras plantas

Degradación lenta e incompleta

Al principio, todo parece indicar que sí se degradan. En las primeras semanas, las colillas pierden parte de su masa. Se liberan compuestos solubles y las capas externas comienzan a deteriorarse.

Pero ese efecto inicial engaña.

Después llega una fase mucho más lenta. El núcleo del problema está en la estructura del filtro: fibras de acetato de celulosa modificadas químicamente, diseñadas para durar. Esa modificación dificulta enormemente la acción de microorganismos.

Incluso en condiciones favorables, tras una década, la degradación máxima observada ronda el 84 %. Eso implica que una parte significativa del material sigue presente. En entornos urbanos, la cifra cae hasta aproximadamente el 52 %, lo que deja casi la mitad del filtro en el suelo.

No desaparecen. Se fragmentan. Se quedan.

De fibras a agregados del suelo

Uno de los hallazgos más llamativos es cómo cambian físicamente.

Con el tiempo, las fibras pierden su estructura original y se mezclan con el entorno. Forman pequeños agregados junto a partículas minerales y restos orgánicos. A simple vista, ya no parecen colillas.

Pero siguen siendo plástico transformado.

Este proceso genera estructuras microscópicas que pasan desapercibidas, integrándose en el suelo. Es una forma de contaminación más difícil de detectar y, por tanto, más persistente. Se convierte en una fuente de microplásticos secundarios en ecosistemas terrestres, algo mucho menos estudiado que en océanos.

El papel de los microorganismos

Los microorganismos entran en juego con el paso del tiempo. Bacterias y hongos colonizan los filtros, especialmente en suelos ricos.

Participan en la transformación del material. Lo degradan parcialmente. Cambian su estructura. Pero no pueden completarlo.

La razón es química. El alto grado de acetilación del material lo hace resistente a la biodegradación. Así que, aunque haya actividad biológica, siempre quedan fragmentos.

Es un proceso lento, incompleto… y acumulativo.

Cambios en la toxicidad con el tiempo

Las colillas recién tiradas son especialmente problemáticas. Liberan sustancias como nicotina, metales pesados y compuestos aromáticos, que afectan a organismos acuáticos y plantas.

Con el tiempo, esa toxicidad disminuye. Parte de esos compuestos se lixivian o se degradan.

Pero aquí hay matices. Durante fases intermedias, pueden aparecer nuevos compuestos derivados de la descomposición. En algunos momentos, la toxicidad incluso repunta.

Tras diez años, el nivel tóxico es menor que al inicio, pero no desaparece. Se siguen detectando efectos biológicos. No son residuos inertes. Ni mucho menos.

Un contaminante persistente

Todo apunta a lo mismo: las colillas no están diseñadas para integrarse en el medio natural. Funcionan como un residuo plástico de larga duración, que cambia de forma pero no de naturaleza.

Se fragmentan, interactúan con el suelo, se vuelven invisibles… pero siguen ahí. Y teniendo en cuenta que se desechan billones cada año, el problema escala rápido.

Pequeños residuos. Impacto enorme.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

El efecto no es solo estético. Va mucho más allá.

La acumulación de colillas contribuye a la contaminación por microplásticos en suelos, un ámbito menos visible que el marino pero igual de relevante. Estos microplásticos pueden alterar la estructura del suelo, afectar a la retención de agua y modificar procesos biológicos clave.

Además, los compuestos tóxicos liberados pueden influir en la germinación de plantas, el crecimiento radicular y la actividad microbiana. En entornos urbanos, donde el suelo ya está degradado, este tipo de presión adicional no ayuda.

También existe una conexión indirecta con el agua. Las lluvias arrastran fragmentos y sustancias hacia sistemas acuáticos, ampliando el impacto.

Y luego está lo invisible. Esa integración de residuos en el suelo que dificulta su eliminación futura. Se acumulan año tras año. Sin hacer ruido.

Más información: Long-term cigarette butts’ decomposition over 10 years reveals multi-stage microbial, chemical, and toxicological transformations – ScienceDirect

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Publicado en: Contaminación, Artículos destacados

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Comentarios

  1. juan dice

    5 abril, 2026 a las 05:19

    falso, desinformación, la colillas de cigarrillos estan fabricadas con acetato de celulosa .

    Responder
  2. Carlos dice

    7 abril, 2026 a las 00:21

    no se? se envenenan los que fuman, y arruinan el planeta, eso está claro.

    Responder
  3. Carlos VAZQUEZ MARTINEZ dice

    7 abril, 2026 a las 04:25

    Bueno y ya después de ese gran estudio, que sigue?

    El 95% de la basura no se recicla y luego entonces?

    Responder
  4. Sara dice

    10 abril, 2026 a las 22:37

    Muy interesante, ojalá se difunda ésta información, así como se ha publicado que fumar causa cáncer., y que de alguna manera los fumadores tomen conciencia del daño que ocasionan al tirar la colilla en cualquier lado del planeta (excepto su casa o su coche) en dónde se encuentran al momento de terminar su cigarro. el mundo es un bote de basura para ellos!

    Responder

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