Un escenario que los científicos del clima consideran cada vez más probable a medida que el mundo supera el umbral de 1,5 °C del Acuerdo de París.
- Calor extremo normalizado.
- 3.790 millones de personas afectadas.
- Riesgos antes de 1,5 °C.
- Edificios mal preparados.
- Demanda de refrigeración disparada.
- Adaptación urgente, no futura.
La mitad del planeta vivirá con calor extremo si el calentamiento alcanza los 2 °C
Un nuevo estudio de la Universidad de Oxford lanza una advertencia difícil de ignorar: si la temperatura media global alcanza los 2 °C por encima de los niveles preindustriales, casi la mitad de la población mundial, unas 3.790 millones de personas, convivirá de forma habitual con episodios de calor extremo a mediados de siglo. No se trata de un escenario remoto. Es, según buena parte de la comunidad científica, una trayectoria cada vez más probable.
El trabajo, publicado en Nature Sustainability, subraya que los impactos más duros llegarán antes de cruzar el umbral de 1,5 °C fijado por el Acuerdo de París. Es decir, el problema no es solo el destino final, sino el camino. Educación interrumpida, sistemas sanitarios tensionados, migraciones forzadas y agricultura bajo estrés térmico aparecen como consecuencias directas de un calentamiento que avanza más rápido que la capacidad de adaptación de muchas regiones.
Dónde se sentirá más el golpe
El aumento de días peligrosamente calurosos no se repartirá de forma homogénea. Países como República Centroafricana, Nigeria, Sudán del Sur, Laos o Brasil verán incrementos especialmente severos. En términos absolutos, las mayores poblaciones afectadas se concentrarán en India, Nigeria, Indonesia, Bangladés, Pakistán y Filipinas, donde el calor extremo se superpone a densidad demográfica, desigualdad social y menor acceso a infraestructuras de adaptación.
Pero el estudio introduce un matiz relevante: los países tradicionalmente fríos también están mal preparados. En Austria y Canadá, los días incómodamente calurosos se duplicarían respecto al periodo 2006–2016. En Reino Unido, Suecia y Finlandia el aumento rondaría el 150 %, mientras que en Noruega e Irlanda podría alcanzar entre 200 % y 230 %. El problema no es solo la temperatura, sino cómo están diseñadas las ciudades y los edificios: viviendas pensadas para retener calor, maximizar ganancias solares y minimizar ventilación natural.

La imagen compara el aumento y la disminución de los Heating Degree Days (HDD) y los Cooling Degree Days (CDD) a escala global. Las regiones frías del hemisferio norte —como Rusia, Finlandia o Suecia— registran fuertes descensos en la necesidad de calefacción, mientras que países de climas cálidos y tropicales —entre ellos República Centroafricana, Nigeria, Sudán del Sur, Laos o Brasil— concentran los mayores incrementos absolutos en demanda de refrigeración. El contraste pone de relieve un desplazamiento energético global: menos energía para calentar en zonas frías, pero un aumento mucho mayor y más desigual de la energía necesaria para enfriar, con implicaciones directas para emisiones, redes eléctricas y justicia climática.

Edificios, energía y un círculo complicado
Uno de los mensajes más claros del estudio es que la demanda de refrigeración crecerá de forma abrupta mucho antes de 2050. En muchos países, la necesidad de instalar sistemas de aire acondicionado llegará en cuestión de pocos años, no de décadas. Y aquí aparece la paradoja: más calor implica más consumo eléctrico, que si no se descarboniza a tiempo, aumenta las emisiones y retroalimenta el problema.
Al mismo tiempo, la demanda de calefacción disminuirá en países como Canadá o Suiza. Ese “ahorro” energético, sin embargo, no compensa el pico de consumo estival, especialmente si se recurre a tecnologías ineficientes o a redes eléctricas aún dependientes de combustibles fósiles.
El estudio utiliza indicadores como los “grados-día de refrigeración” y “grados-día de calefacción”, herramientas habituales para estimar cuándo una población necesita enfriar o calentar los espacios para mantenerse dentro de rangos seguros. Con el modelo climático HadAM4, desarrollado por el Met Office británico, los investigadores han generado proyecciones de alta resolución —unos 60 km— para distintos niveles de calentamiento global, independientemente del año exacto en que se alcancen.

El gráfico muestra que la mayor parte del incremento en los Cooling Degree Days (CDD) —un indicador directo de exposición al calor y necesidad de refrigeración— se concentra antes de alcanzar los 1,5 °C de calentamiento global. Entre 1,0 °C y 1,5 °C se produce hasta el 65 % del aumento total previsto en CDD, lo que evidencia que los impactos térmicos más fuertes llegan antes de lo esperado y refuerza la urgencia de medidas de adaptación tempranas frente al crecimiento acelerado de la demanda de refrigeración.

La imagen muestra cómo, a medida que el calentamiento global avanza de 1,0 °C a 2,0 °C, una parte creciente de la población mundial se desplaza hacia regiones con mayor necesidad de refrigeración. En este escenario intermedio, la población que vive en zonas con más de 3.000 CDD pasaría de 1.540 millones de personas (23 %) en 2010 a 3.790 millones (41 %) en 2050, con un impacto especialmente fuerte en países densamente poblados como India, Nigeria, Indonesia, Bangladés, Pakistán y Filipinas.
Datos abiertos para decisiones reales
Más allá de las cifras, el trabajo aporta un conjunto de datos abierto con 30 mapas globales sobre demanda de calefacción y refrigeración. No es un detalle menor. Este tipo de información permite planificar políticas urbanas, energéticas y de vivienda con una base climática sólida, algo especialmente relevante para países que aún están definiendo sus estrategias de adaptación.
Como señala el equipo investigador, la mayoría de los cambios críticos ocurren antes de llegar a 1,5 °C, lo que obliga a actuar ya. No basta con promesas a largo plazo. La descarbonización del sector de la edificación y el despliegue de estrategias de adaptación resilientes deben avanzar en paralelo.
El aumento del calor extremo no solo afecta a las personas. Ecosistemas completos quedan bajo presión. Más olas de calor implican mayor evaporación, estrés hídrico en suelos y masas forestales, y un riesgo elevado de incendios incluso en regiones donde antes eran raros. En zonas urbanas, el efecto isla de calor se intensifica, elevando temperaturas nocturnas y dificultando la recuperación térmica de personas y fauna.
Además, el crecimiento descontrolado de la refrigeración puede disparar el uso de refrigerantes con alto potencial de calentamiento global si no se regulan adecuadamente, sumando una capa adicional de impacto climático. Todo está conectado, aunque a veces cueste verlo.
Vía Oxford study
Más información: Nature Sustainability



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