
Investigadores de Manchester advierten que 10 años sin pastoreo disminuyen el carbono resistente en suelos clave para el clima.
- Un tercio del carbono terrestre, bajo los pies.
- Carbono rápido vs. carbono duradero, no lo mismo.
- MAOC, clave a décadas y siglos.
- Grazing moderado, no exclusión total.
- Matorrales y hongos, cambio invisible.
- Políticas net-zero, en revisión.
Retirar el ganado de los pastizales puede comprometer el almacenamiento de carbono a largo plazo, según un estudio
Durante años, la retirada total del ganado en pastizales de montaña se ha presentado como una solución sencilla para capturar más carbono y frenar el calentamiento global. Menos animales, más vegetación, más carbono. Una ecuación aparentemente limpia. Sin embargo, un nuevo estudio pone sobre la mesa una realidad menos cómoda: no todo el carbono que se acumula en un ecosistema tiene la misma capacidad para quedarse ahí a largo plazo.
La investigación, liderada por la Universidad de Manchester, muestra que excluir por completo a ovejas y otros herbívoros puede aumentar el carbono “rápido” almacenado en plantas y restos vegetales, pero al mismo tiempo reducir el carbono más estable del suelo. Ese carbono duradero, conocido como carbono orgánico asociado a minerales (MAOC), se une a las partículas minerales del suelo y puede permanecer atrapado durante décadas o incluso siglos. Es, en términos climáticos, el que realmente cuenta cuando se habla de mitigación a largo plazo.
Los pastizales almacenan aproximadamente un tercio del carbono terrestre del planeta, y la mayor parte no está en las hojas ni en los tallos, sino bajo tierra. En un contexto de objetivos net-zero y planes de compensación de emisiones, estas superficies se han convertido en una pieza clave de las políticas climáticas. Pero medir solo cuánto carbono hay, sin mirar qué tipo de carbono es y cuán estable resulta, puede llevar a decisiones que funcionan en el corto plazo y fallan con el paso del tiempo.
El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), comparó pastizales sin pastoreo durante más de diez años con zonas vecinas donde el ganado siguió presente. Se analizaron doce ubicaciones a lo largo de un gradiente de casi 800 kilómetros, desde Dartmoor, en el suroeste de Inglaterra, hasta Glensaugh, en Escocia. Un recorrido que atraviesa climas, suelos y paisajes muy distintos, pero con una pregunta común: ¿qué pasa realmente con el carbono del suelo cuando desaparecen los herbívoros?
Los resultados fueron claros. Las zonas sin pastoreo acumulaban más biomasa vegetal y más restos en la superficie. A simple vista, un éxito. Pero bajo esa capa verde, los niveles de MAOC tendían a ser más bajos. Es decir, más carbono visible, menos carbono protegido.
El papel silencioso de la vegetación y los hongos
La explicación no está solo en las ovejas que se van, sino en lo que llega después. Cuando el pastoreo desaparece, muchos paisajes dominados por gramíneas empiezan a transformarse en mosaicos de matorral, con especies como el brezo o la jara ganando terreno. Estas plantas no solo cambian la apariencia del paisaje. También cambian lo que ocurre bajo tierra.
Sus raíces se asocian con un tipo de hongos especializados, los hongos micorrícicos ericoides, que ralentizan la descomposición de la hojarasca. Esto favorece la acumulación de carbono de corta duración, pero, al mismo tiempo, estimula la degradación del carbono antiguo y más estable del suelo. Los hongos “minan” ese carbono duradero para extraer nutrientes que sostengan el crecimiento de las plantas.
A este proceso se suma otro factor: la humedad. En suelos más encharcados, habituales en zonas de montaña sin pisoteo ni compactación por el ganado, los minerales que protegen el MAOC pueden debilitarse. El resultado es un suelo más vulnerable a la pérdida de ese carbono que, hasta entonces, estaba bien anclado.
Más allá del “cuánto”, el “cómo” se vuelve crucial
Durante décadas, la gestión del territorio ha utilizado el concepto de “reservas totales de carbono” como principal indicador del éxito de un proyecto de restauración o compensación. Este estudio sugiere que esa métrica, por sí sola, se queda corta.
Cuando el carbono que aumenta es principalmente el que circula rápido entre plantas, restos vegetales y atmósfera, el sistema puede volverse más frágil frente a olas de calor, sequías prolongadas o incendios. En otras palabras, un pastizal puede parecer más “verde” y más “rico en carbono”, pero ser menos resistente al cambio climático en el largo plazo.
Desde el Centro de Captura Natural de Carbono de Yale, uno de los equipos implicados en el trabajo, se subraya que las estrategias climáticas deben considerar no solo la cantidad de carbono almacenado, sino su durabilidad dentro del ecosistema. No todo suma igual en la carrera contra el calentamiento global.
Políticas climáticas en un momento delicado
El estudio llega en un momento en el que Reino Unido y muchos otros países revisan sus marcos de uso del suelo para cumplir objetivos de neutralidad climática. En Europa, por ejemplo, los debates sobre la restauración de la naturaleza y la expansión de sumideros de carbono se han intensificado en los últimos años, con propuestas que van desde la reforestación masiva hasta la renaturalización de zonas agrícolas marginales.
Este trabajo no defiende volver al sobrepastoreo, que sigue siendo perjudicial para la biodiversidad y la estructura del suelo. Lo que plantea es algo más matizado, casi incómodo para los discursos simples: un nivel bajo e inteligente de pastoreo puede ser parte de la solución climática, no necesariamente el problema.
Mantener herbívoros en el sistema ayuda a conservar comunidades vegetales dominadas por gramíneas, favorece la incorporación de carbono en formas más estables y puede sostener economías rurales que, en muchas regiones de montaña, ya están al límite.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
Este enfoque más equilibrado puede tener efectos en cadena. En términos de biodiversidad, los pastizales con manejo extensivo suelen albergar una mayor diversidad de plantas, insectos polinizadores y aves que los matorrales densos que aparecen tras la exclusión total del ganado. A nivel hidrológico, los suelos bien estructurados y ricos en carbono estable mejoran la retención de agua, reduciendo la escorrentía y el riesgo de inundaciones en zonas bajas.
También hay una dimensión social y económica. Las comunidades rurales que dependen del pastoreo extensivo pueden encontrar en este tipo de gestión climática una oportunidad para seguir siendo parte del paisaje, no solo como “emisiones a reducir”, sino como aliados en la conservación de los suelos.
Y luego está la resiliencia frente a eventos extremos. Un suelo con más MAOC tiende a ser más estable frente a sequías y cambios bruscos de temperatura, lo que protege la productividad del ecosistema y su capacidad para seguir capturando carbono en el futuro.
Vía Removing livestock from grasslands could compromise long-term soil carbon storage, study finds
Más información: www.pnas.org



Marta Sánchez dice
El estudio permite visualizar estrategias más sostenibles social y ecológicamente, excelente descubrimiento.