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Nuevo estudio descubre que hasta el 44% del algodón de una camiseta se desperdicia antes de llegar a las tiendas

28 mayo, 2026 Deja un comentario

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Científicos noruegos advierten que la mayor parte del desperdicio textil ocurre durante la fabricación, no tras el consumo.

🔎 Hasta un 44% del algodón perdido antes de llegar a las tiendas.
🧵 Residuos invisibles en fábricas textiles y salas de corte.
🌍 Impacto climático enorme mucho antes del consumo.
♻️ Solo un 17% de las fibras termina reutilizado en nuevas prendas.
🏭 Producción textil global bajo presión ambiental creciente.
💧 Menos agua, menos suelo agrícola, menos emisiones… posible con procesos más eficientes.

La enorme cantidad de algodón que nunca llega a convertirse en camiseta

Cuando se habla del impacto ambiental de la moda, casi toda la atención suele dirigirse hacia el consumo compulsivo, la ropa desechada o los vertederos textiles que crecen sin freno en distintos puntos del planeta. Y sí, ese problema existe. Enorme. Pero un nuevo estudio realizado en Noruega pone el foco en algo todavía menos visible: el desperdicio masivo que ocurre antes de que una camiseta llegue siquiera a una percha.

La investigación, desarrollada por especialistas de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología y SINTEF Industry, revela que aproximadamente el 44% del algodón utilizado para fabricar una camiseta se pierde durante la producción. No durante el uso. No cuando termina en la basura. Muchísimo antes.

Es decir, casi la mitad del material desaparece entre hiladoras, telares, recortes industriales y procesos de confección. Y ahí está una de las claves del problema textil global: gran parte de la huella ecológica ocurre lejos de los escaparates y totalmente fuera de la vista del consumidor.

Un desperdicio silencioso que empieza en las fábricas

La cadena de producción textil es mucho más compleja y agresiva con los recursos naturales de lo que suele parecer. Desde el cultivo del algodón hasta el empaquetado final, cada etapa genera pérdidas.

Primero llega la limpieza y preparación de la fibra. Después el hilado. Más tarde el tejido, el teñido, el corte de patrones y la confección final. En cada paso quedan restos textiles, fibras cortas, recortes y materiales defectuosos que terminan acumulándose como residuos industriales.

Y no hablamos de pequeñas cantidades. La industria textil mundial mueve decenas de millones de toneladas de fibras al año. Una pérdida del 44% implica una escala brutal de recursos desaprovechados: agua, fertilizantes, tierra agrícola, energía y transporte consumidos para producir materiales que jamás llegarán a utilizarse.

En países productores como Bangladesh, India o Vietnam, donde se concentra buena parte de la fabricación mundial, esta realidad tiene además un componente social importante. Muchas fábricas trabajan con márgenes mínimos y sistemas productivos antiguos donde optimizar residuos todavía no es prioritario. Bastante tienen con sacar pedidos adelante. Así, tal cual.

El verdadero recorrido de una camiseta

El estudio siguió el ciclo completo de una camiseta de algodón típica consumida en Europa: producción en Bangladesh, uso en Noruega y posterior gestión del residuo textil.

Los investigadores analizaron cinco impactos ambientales diferentes:

  • Emisiones de gases de efecto invernadero.
  • Consumo de agua.
  • Uso de suelo agrícola.
  • Ecotoxicidad.
  • Eutrofización del agua dulce.

Los resultados dejaron algo incómodo sobre la mesa: incluso utilizando los sistemas actuales de reciclaje, donación y recogida textil, solo alrededor del 17% de las fibras originales consigue volver a convertirse en una nueva prenda.

Y eso en el caso del algodón, uno de los materiales relativamente más fáciles de reciclar dentro del sector textil. Las prendas mezcladas con poliéster, elastano o fibras técnicas son bastante más difíciles de recuperar. Muchas veces acaban directamente incineradas o convertidas en productos de baja calidad.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

La dimensión ambiental del desperdicio textil va mucho más allá de la basura visible.

El algodón, por ejemplo, requiere enormes cantidades de agua. Dependiendo de la región y del sistema agrícola empleado, producir esta fibra puede implicar una presión hídrica considerable en zonas ya afectadas por sequías o estrés climático.

Además, el cultivo intensivo utiliza fertilizantes, pesticidas y grandes extensiones de tierra agrícola. Si casi la mitad del material se desperdicia antes del consumo, el impacto asociado también se multiplica innecesariamente.

A esto se suma el enorme gasto energético de la maquinaria industrial, el transporte internacional y los tratamientos químicos utilizados para teñir y acabar los tejidos. Todo ello genera emisiones de CO₂ y contaminación de ríos y ecosistemas acuáticos.

La parte más preocupante es que muchos de estos impactos permanecen invisibles para el consumidor final. Una camiseta barata parece inocente cuando está doblada en una tienda. El problema real empezó miles de kilómetros antes.

Europa empieza a mirar hacia el origen del problema

La Unión Europea lleva varios años endureciendo su estrategia sobre residuos textiles y economía circular. En 2025 comenzaron a reforzarse medidas relacionadas con la responsabilidad ampliada del productor, obligando a las marcas a asumir parte del coste de la gestión de sus residuos.

También avanza el llamado Pasaporte Digital de Producto, una herramienta que permitirá conocer el origen, composición y trazabilidad de muchas prendas comercializadas en Europa.

Pero estudios como este están cambiando el enfoque. Ya no basta con mejorar el reciclaje al final de la vida útil. El reto real pasa por actuar mucho antes: en las propias cadenas de producción.

Ahí es donde puede aparecer el cambio grande. O no.

La tecnología que puede reducir el desperdicio textil

Parte de la industria ya trabaja en soluciones bastante interesantes para reducir las pérdidas de material.

Algunas fábricas están incorporando sistemas de corte automatizado mediante inteligencia artificial, capaces de optimizar los patrones para aprovechar mejor cada metro de tejido. Otras utilizan visión artificial para detectar defectos textiles antes de que se desperdicien lotes completos.

También están creciendo los sistemas de reciclaje interno de fibras, donde los restos de producción vuelven directamente al proceso industrial sin abandonar la fábrica.

Empresas europeas y startups del sector desarrollan además nuevas técnicas de reciclaje químico capaces de separar fibras mezcladas y recuperar materiales de mayor calidad. Suecia, Finlandia y Países Bajos aparecen cada vez más como polos de innovación en este campo.

Aun así, la transformación avanza más lenta de lo que exige la crisis climática. El volumen global de ropa sigue aumentando año tras año, impulsado por la moda ultrarrápida y colecciones cada vez más efímeras.

Una industria enorme con un impacto difícil de ignorar

La moda se ha convertido en una de las industrias con mayor presión ambiental del planeta. Diversos informes internacionales sitúan al sector textil entre los principales responsables de emisiones, contaminación del agua y generación de residuos.

El problema es estructural. Se produce demasiado, demasiado rápido y con cadenas logísticas gigantescas repartidas por todo el mundo.

Mientras tanto, millones de prendas apenas se utilizan unas pocas veces antes de terminar olvidadas, exportadas o destruidas.

Por eso este estudio resulta especialmente importante: desplaza la conversación hacia la raíz del sistema. Hacia las pérdidas industriales que casi nadie ve y que, sin embargo, condicionan buena parte de la huella ecológica global de la moda.

Más información: The Journey of a Norwegian T-shirt: A Case Study of Fibre Material in the Clothing System | Journal of Circular Economy

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Publicado en: Contaminación

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