
Investigación publicada en Science muestra un aumento anual de hasta 6,4 % en la toxicidad de pesticidas que amenaza la biodiversidad.
- Toxicidad total en aumento.
- Pocos pesticidas, mucho daño.
- Riesgo real para polinizadores y suelos.
- Compromisos internacionales, lejos de cumplirse.
- Cambio agrícola, aún lento.
Aumentan los pesticidas tóxicos en la agricultura mundial
En la 15ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad (COP15), los países firmaron un compromiso claro: reducir a la mitad el riesgo asociado a los pesticidas antes de 2030. Una meta ambiciosa, necesaria… y cada vez más difícil de alcanzar a la vista de los datos recientes.
Un estudio publicado en Science pone cifras a una realidad incómoda: la toxicidad total aplicada en la agricultura mundial sigue creciendo, incluso en un contexto de discursos verdes y objetivos de protección de la biodiversidad. No se trata solo de cuánto pesticida se usa, sino de qué tipo de sustancias y qué impacto real tienen sobre los ecosistemas.

Evaluar el riesgo ecológico: qué aporta el indicador TAT
Durante años, el debate se ha centrado en la cantidad de pesticidas utilizados. Pero ese enfoque se queda corto. Para entender el daño real, los investigadores emplean el concepto de Toxicidad Total Aplicada (TAT), un indicador que combina dos factores clave:
- la masa de pesticida aplicada, y
- su toxicidad para especies no objetivo, como insectos beneficiosos, organismos del suelo o fauna acuática.
El resultado es una fotografía mucho más fiel del riesgo ecológico. Dos países pueden usar cantidades similares de pesticidas y, aun así, generar impactos muy distintos si uno depende de sustancias especialmente tóxicas. Y eso es justo lo que está ocurriendo.
El análisis muestra que la TAT global aumenta de forma sostenida, especialmente en regiones agrícolas intensivas. La presión se suma a otros factores ya conocidos —pérdida de hábitat, cambio climático— creando un cóctel difícil de gestionar para la biodiversidad.

Metodología: cómo se analizó la evolución de la toxicidad
El estudio examinó datos entre 2013 y 2019, abarcando 625 pesticidas agrícolas y ocho grupos de especies a escala mundial. Para cada país se cruzaron dos variables:
- la cantidad anual de ingredientes activos aplicados,
- y su toxicidad, estimada a partir de umbrales regulatorios oficiales utilizados por distintas autoridades.
Cada sustancia se ponderó según su impacto ecotoxicológico, obteniendo así un valor de TAT más representativo que el simple volumen de uso. El enfoque permitió detectar un patrón clave: alrededor de 20 pesticidas concentran más del 90 % de la toxicidad total en cada grupo de especies analizado.
En otras palabras, el problema no está repartido de forma homogénea. Está altamente concentrado.
Principales resultados: especies y regiones bajo presión
Los datos no dejan mucho margen para el optimismo. La TAT aumentó en seis de los ocho grupos de especies evaluados. Los más afectados:
- artrópodos terrestres, con incrementos anuales cercanos al 6,4 %,
- organismos del suelo, fundamentales para la fertilidad agrícola,
- y peces, sensibles a la escorrentía y contaminación difusa.
Los cultivos que más contribuyen a la toxicidad global no son marginales. Frutas, hortalizas, maíz, soja y arroz concentran entre el 76 % y el 83 % de la TAT mundial. La presión se localiza, además, en unos pocos países con gran peso agrícola: China, Brasil, Estados Unidos e India suman más de la mitad de la toxicidad aplicada a nivel global.
Al evaluar el cumplimiento del objetivo de la ONU para 2030, el resultado es contundente: solo un país, Chile, muestra una trayectoria compatible con la reducción del 50 % del riesgo. En la mayoría, la toxicidad se mantiene estable o sigue aumentando.

Implicaciones políticas: cambiar qué se usa, no solo cuánto
Este tipo de análisis cambia el foco del debate. Ya no basta con reducir ligeramente las dosis o mejorar la eficiencia. La evidencia apunta a la necesidad de retirar progresivamente los pesticidas que más contribuyen a la toxicidad total, muchos de ellos muy extendidos en la agricultura convencional.
Grupos como los neonicotinoides o ciertos piretroides aparecen de forma recurrente entre los principales responsables. Actuar sobre ellos tendría un efecto desproporcionadamente positivo en la reducción del riesgo ecológico.
El estudio también subraya la importancia de mejorar los sistemas de seguimiento, hacer públicos los datos de uso y toxicidad, y permitir evaluaciones comparables entre países. Sin transparencia, no hay corrección posible.
Hacia prácticas agrícolas más resilientes
Reducir la dependencia de pesticidas altamente tóxicos no implica abandonar la productividad. Existen alternativas contrastadas:
- manejo integrado de plagas, basado en prevención y monitoreo,
- control biológico, usando enemigos naturales,
- rotaciones de cultivo y diversidad agrícola,
- y sistemas de producción ecológica adaptados a escala local.
A esto se suman avances tecnológicos más recientes: soluciones de control selectivo, productos de origen biológico y herramientas de precisión que reducen aplicaciones innecesarias. No son soluciones mágicas. Pero funcionan cuando se integran bien.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
Una reducción real de la toxicidad aplicada tendría efectos directos y medibles:
- recuperación de poblaciones de polinizadores, esenciales para la seguridad alimentaria,
- mejora de la salud del suelo, clave para la resiliencia frente a sequías,
- menor contaminación de ríos y acuíferos,
- y ecosistemas agrícolas más estables a medio plazo.
No se trata solo de proteger especies “bonitas”. Se trata de mantener sistemas que sigan funcionando.
Más información: Wolfram, J., et al. (2026). Increasing applied pesticide toxicity trends counteract the global reduction target to safeguard biodiversity. Science, Vol 391, Issue 6785, pp.616-621. DOI: 10.1126/science.aea860, https://www.science.org/doi/10.1126/science.aea8602



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