
Pozos petrolíferos abandonados liberan hasta 1.000 veces más metano del esperado. Un problema invisible que agrava el cambio climático y exige soluciones urgentes.
- Pozos abandonados → emisiones invisibles.
- Metano microbiano → hasta 1.000 veces más de lo esperado.
- Fugas múltiples → capas profundas + superficiales.
- Infraestructuras antiguas → vías de escape activas.
- Pequeño porcentaje → mayoría de emisiones.
- Reparaciones ineficientes → si no se identifica el origen.
- Impacto climático → metano mucho más potente que CO₂.
- Urgencia → detección precisa + intervención rápida.
Los pozos petrolíferos inactivos liberan 1.000 veces más metano de lo esperado
Los pozos de petróleo y gas que ya no producen siguen lejos de estar “muertos”. Nuevas investigaciones revelan que continúan liberando metano, en muchos casos a niveles muy superiores a lo estimado hasta ahora. No se trata de fugas anecdóticas: estos sistemas antiguos funcionan como auténticas chimeneas invisibles que conectan el subsuelo con la atmósfera.
Lo inquietante es que parte de ese metano no proviene de las reservas profundas que originalmente se explotaban, sino de fuentes más superficiales, generadas por microorganismos. Y eso cambia bastante el enfoque del problema.

Muestras
El análisis de más de 400 pozos inactivos ha mostrado algo que hasta ahora se había subestimado: el metano microbiano aparece con mucha más frecuencia de lo esperado. Este gas se forma en capas poco profundas del subsuelo, donde microorganismos descomponen materia orgánica en ausencia de oxígeno.
La clave está en que estos pozos envejecidos no distinguen entre fuentes. Actúan como conductos verticales que permiten la salida de gas desde distintas profundidades. Es decir, una misma fuga puede estar alimentada por varias capas geológicas al mismo tiempo. Y claro, eso complica todo.
Por qué el gas superficial importa
El metano de origen microbiano tiene una característica importante: puede seguir generándose durante mucho tiempo, incluso cuando el yacimiento profundo ya está agotado. En la práctica, esto convierte a muchos pozos abandonados en fuentes persistentes de emisiones.
Además, el metano es un gas de efecto invernadero extremadamente potente. En un horizonte de 100 años, su capacidad de atrapar calor supera ampliamente la del dióxido de carbono. Reducir estas emisiones no es un detalle técnico, es una de las formas más rápidas de frenar el calentamiento global a corto plazo.

Rastreando el origen del metano
Para entender de dónde viene el metano, los investigadores han recurrido a firmas isotópicas, una especie de huella química que permite distinguir su origen. No es trivial: el gas profundo suele ir acompañado de otros compuestos más pesados, mientras que el metano microbiano presenta una composición más simple.

El problema aparece cuando ambos tipos se mezclan. Entonces las señales se difuminan y resulta fácil interpretar mal la fuente. Y si se identifica mal, la reparación falla. Así de claro.
Gas procedente de fuentes superficiales y profundas
Los resultados apuntan a una realidad más compleja de lo que se pensaba. Aunque el metano de origen profundo sigue siendo mayoritario, el metano microbiano está mucho más presente de lo estimado en estudios anteriores.
En muchos casos, las muestras muestran mezclas de ambos. Esto sugiere que las estructuras de los pozos, con sus cementos degradados y revestimientos dañados, permiten el flujo simultáneo de gases desde diferentes capas.
Vías de escape a través de pozos antiguos
Los pozos inactivos no son simples restos industriales. Funcionan como canales de migración de gas que conectan distintas formaciones subterráneas con la superficie.
El gas puede escapar a través de múltiples rutas: fallos en el cemento, grietas en el revestimiento o incluso espacios exteriores al propio pozo. El subsuelo no es un sistema simple. Es dinámico, complejo y, a veces, impredecible.
Esto explica por qué algunas intervenciones no logran detener las emisiones. Se sella una fuga visible… pero el gas encuentra otra salida.

Identificación de las principales fuentes
Uno de los hallazgos más relevantes es la desigualdad en las emisiones. Un pequeño porcentaje de pozos concentra la mayoría del problema. En estudios previos, alrededor del 12 % de los pozos generaban el 98 % de las emisiones.
Esto cambia la estrategia. No se trata de actuar sobre todos por igual, sino de identificar rápidamente los grandes emisores y priorizar su intervención. Aun así, los pozos con emisiones menores no deben ignorarse: pueden convertirse en fuentes crónicas si no se controlan.
Una nueva forma de medir las emisiones de metano
La mejora en los métodos de análisis ha sido clave. En lugar de confiar en una única señal química, los investigadores han combinado múltiples indicadores para reducir errores.
Esto permite una caracterización más precisa de las fugas, algo fundamental para diseñar soluciones eficaces. Porque no es lo mismo sellar una fuga superficial que intervenir sobre un flujo que viene de capas profundas.
Qué deben bloquear las reparaciones
Las estrategias de reparación deben adaptarse al origen del gas. Si el metano asciende por el interior del pozo, el sellado debe centrarse ahí. Si proviene de formaciones cercanas, el enfoque cambia completamente.
Aquí está uno de los grandes retos: muchas intervenciones actuales se centran en los síntomas visibles, no en la causa real. Resultado: fugas que reaparecen o nunca llegan a eliminarse del todo.
Cómo abordar el metano procedente de pozos petrolíferos antiguos
El problema no es exclusivo de una región. En Canadá hay cientos de miles de pozos inactivos, pero situaciones similares se han documentado en Estados Unidos y otros países con larga historia petrolera.
Esto plantea un desafío global. Los pozos abandonados no son solo infraestructuras olvidadas, son fuentes activas de emisiones climáticas. Y su número es enorme.
Además, el coste de sellarlos correctamente es elevado, lo que ha llevado a muchos gobiernos a replantear políticas y fondos específicos para su gestión. En algunos países ya se están destinando recursos públicos para acelerar el cierre seguro de estos pozos.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
El impacto es doble. Por un lado, el metano contribuye de forma directa al calentamiento global, intensificando fenómenos extremos como olas de calor o sequías. Por otro, estas emisiones suelen pasar desapercibidas, lo que retrasa su control.
Además, las fugas pueden afectar a la calidad del aire local y, en algunos casos, contaminar acuíferos si el gas arrastra otros compuestos. No es solo un problema climático, también lo es ambiental y, en ciertos contextos, incluso sanitario.
Hay un efecto añadido: estas emisiones invisibles erosionan la eficacia de las políticas climáticas. Se reduce CO₂ por un lado, pero el metano sigue escapando por otro. Balance negativo.
Más información: McGill



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