
Con una población estimada de 424 millones, estas aves podrían estar fertilizando vastas zonas oceánicas, favoreciendo el crecimiento del plancton, base de la cadena alimentaria marina.
- Cientos de millones de aves marinas excretan sobre el océano.
- Nutrientes como nitrógeno y fósforo liberados desde el aire.
- Contribuyen a fertilizar zonas marinas alejadas de la costa.
- Ritmo regular de excreción, cada pocos minutos.
- Influencia directa en el fitoplancton, base de la vida marina.
- Posibles riesgos sanitarios por patógenos en aguas compartidas.
- Nueva línea de investigación ecológica en alta mar.
Cómo el guano de aves marinas fertiliza océanos lejos de la costa
Desde los acantilados remotos de Japón hasta las rutas migratorias sobre el Pacífico, las aves marinas como los paíños sombríos o pardelas cenicientas no solo sobrevuelan el mar: lo fertilizan. Con cada vuelo y cada excreción, estas aves desempeñan un papel poco visible pero crucial en el equilibrio ecológico de los océanos abiertos.
Aves que solo defecan en pleno vuelo
En una investigación reciente en las islas remotas de Japón, se documentó un comportamiento inusual en las pardelas sombrías (Calonectris leucomelas): evitan defecar en el agua. En lugar de ello, lo hacen exclusivamente mientras vuelan, a intervalos regulares de entre 4 y 10 minutos.
La explicación va más allá de la higiene. Según los datos recopilados mediante microcámaras colocadas en 15 ejemplares, defecar en vuelo les permite mantenerse más ligeras, optimizar la aerodinámica y posiblemente evitar la propagación de enfermedades en superficies compartidas. De hecho, las aves llegan a elevarse brevemente solo para excretar, lo cual indica una estrategia evolutiva más compleja de lo que se pensaba.
Nutrientes en pleno océano
Cada excreción contiene nitrógeno, fósforo y compuestos orgánicos que, al caer sobre aguas ricas en luz solar, estimulan el crecimiento del fitoplancton. Este fitoplancton es la base de toda la cadena trófica marina: desde pequeños crustáceos hasta grandes peces pelágicos y mamíferos marinos.
Con una población global de aves marinas estimada en 424 millones, la cantidad de nutrientes que se dispersa diariamente en mar abierto no es trivial. Un solo individuo puede liberar hasta 30 gramos por hora, lo que equivale a más del 5% de su peso corporal. Esta dinámica convierte al guano aéreo en una fuente constante de fertilización marina, incluso a cientos de kilómetros de la costa.
Mucho más que fertilizante
Aunque ya se sabía del valor del guano en ecosistemas costeros —Perú y Namibia lo han utilizado como fertilizante natural durante siglos—, el impacto de estos aportes en mar abierto comienza ahora a dimensionarse.
Lo más relevante es que estos nutrientes no provienen de fuentes locales, sino que son transportados por las aves desde zonas ricas en peces hasta aguas más pobres en nutrientes. Es una forma natural de redistribución que, al igual que el “whale pump” generado por las heces de ballenas, conecta puntos distantes del océano.
Este proceso tiene implicaciones reales en tiempos de acidificación oceánica y pérdida de biodiversidad. En zonas donde la productividad marina cae por falta de nutrientes, estas contribuciones móviles pueden marcar la diferencia.
Implicaciones sanitarias
Además del papel ecológico, los investigadores advierten de un riesgo poco considerado: la posible propagación de patógenos como el virus de la gripe aviar. Al defecar en zonas de alimentación compartidas por diferentes especies, las aves podrían actuar como vectores invisibles entre colonias separadas por miles de kilómetros.
Este hallazgo subraya la necesidad de vigilar la salud de las poblaciones marinas en relación con la avifauna, especialmente en contextos de cambio climático, donde el estrés ecológico puede aumentar la vulnerabilidad a enfermedades.
Más información: Periodic excretion patterns of seabirds in flight: Current Biology



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