
Ventanas que iban a ser sustituidas, madera recuperada de palés y una cantidad relativamente pequeña de materiales nuevos. Con estos elementos, un proyecto de autoconstrucción demuestra que es posible levantar un invernadero de unos 15 m² aprovechando componentes que normalmente tendrían pocas posibilidades de volver a utilizarse.
- 🪟 24 ventanas recuperadas vuelven a utilizarse como cerramiento.
- 📐 El invernadero ocupa aproximadamente 15 m²: 5 × 3 metros.
- 🪵 Se reutiliza madera procedente de unos 20 palés estándar, además de dos palés largos.
- ♻️ Buena parte de la estructura procede de materiales recuperados.
- 🌱 El espacio permite cultivar hortalizas, plantas trepadoras y especies sensibles al frío.
- 💧 Los dos laterales incorporan canalones para recoger agua de lluvia.
- ☀️ Las paredes aprovechan el vidrio mientras el tejado utiliza polietileno estabilizado frente a los rayos UV.
- 🌬️ Una abertura en uno de los hastiales facilita la ventilación natural.
El proyecto, publicado por Organikmechanic en Instructables, mide aproximadamente 5 metros de largo por 3 metros de ancho. Para construirlo se emplearon 24 ventanas recuperadas, una puerta acristalada y madera procedente de alrededor de 20 palés estándar, además de algunos elementos estructurales nuevos.
El resultado tiene además una particularidad interesante: las ventanas no se adaptaron a un diseño previamente cerrado, sino que el propio invernadero se diseñó alrededor de los materiales recuperados disponibles.

El invernadero se adapta a las ventanas y no al revés
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto aparece antes incluso de empezar a construir.
Cuando se trabaja con materiales recuperados, intentar reproducir las dimensiones de una estructura convencional puede obligar a cortar, modificar o incluso descartar buena parte de ellos. Aquí se siguió el planteamiento contrario.

Durante varios años se fueron reuniendo ventanas antiguas procedentes principalmente de sustituciones de carpinterías. Una vez disponible una cantidad suficiente, se clasificaron por dimensiones y características para determinar dónde podía colocarse cada una.
Las puertas francesas y otros grandes elementos acristalados terminaron condicionando incluso la altura general.
Es una forma de construcción especialmente coherente con la economía circular: primero se observa qué recursos existen y después se diseña con ellos.
Una base construida con madera recuperada de palés
Las ventanas tienen alturas diferentes, por lo que colocarlas directamente sobre una estructura uniforme habría complicado considerablemente el montaje.

La solución fue fabricar pequeños paneles inferiores de madera capaces de compensar esas diferencias.
Para ello se desmontaron palés y sus tablas se utilizaron para fabricar bastidores rectangulares. Sobre cada uno se instaló posteriormente su correspondiente pareja de ventanas.
Esta franja inferior cumple así dos funciones: sirve de soporte estructural y permite absorber las diferencias dimensionales entre ventanas recuperadas.

No toda la estructura procede, sin embargo, de materiales reutilizados. El proyecto utiliza también siete postes de madera de aproximadamente 70 × 70 mm y 2,4 metros de altura, soportes metálicos, tornillería, bisagras y otros elementos auxiliares.
Siete postes ayudan a soportar la estructura
Un invernadero formado por ventanas antiguas tiene una diferencia importante respecto a uno cubierto completamente con plástico: el vidrio pesa considerablemente más y además presenta riesgos si la estructura se deforma.

Por eso no basta con unir unas ventanas con otras.
En este caso se colocaron postes en las esquinas, en puntos intermedios de los laterales largos y junto a la entrada. Los postes se sujetaron mediante soportes metálicos introducidos en el terreno.
Las parejas de ventanas también fueron reforzadas con listones de madera y unidas entre sí. En la parte superior, largos elementos horizontales conectan los cerramientos y contribuyen a rigidizar el conjunto.
La estructura del tejado se prefabricó igualmente antes del montaje definitivo, haciendo que buena parte del invernadero pudiera ensamblarse posteriormente como si fuera un kit.

El tejado no está hecho con las ventanas
Una decisión especialmente práctica fue reservar el vidrio recuperado principalmente para los cerramientos verticales.
La cubierta se realizó con polietileno profesional de 200 micras estabilizado frente a los rayos ultravioleta, colocado sobre siete cerchas. El tejado tiene aproximadamente 25° de inclinación y un vuelo de unos 15 cm a cada lado.
La combinación reduce el peso en la parte superior y simplifica considerablemente la construcción.
También facilita sustituir la cubierta cuando llegue al final de su vida útil. Este punto debe tenerse en cuenta: a diferencia del vidrio, los films plásticos de invernadero son elementos consumibles. Como referencia, la Royal Horticultural Society indica que las láminas plásticas pueden requerir sustitución después de varios años debido a su degradación por radiación ultravioleta.
Las ventanas recuperadas tienen otra ventaja: dejan pasar mucha luz
El vidrio continúa siendo un material muy interesante para horticultura.
Según la Royal Horticultural Society, el vidrio utilizado en invernaderos puede dejar pasar alrededor del 90 % de la luz y no se degrada por la exposición solar como determinados materiales plásticos.
Reutilizar ventanas permite aprovechar precisamente esas propiedades sin fabricar un cerramiento completamente nuevo.
Eso no significa que cualquier ventana encontrada pueda instalarse directamente. Hay que comprobar el estado de los marcos, la fijación del cristal, posibles grietas, pudriciones y la estabilidad de cada pieza.
La seguridad también es importante. En zonas de paso, puertas o puntos donde una persona pueda caer contra el cerramiento, el vidrio convencional antiguo puede resultar peligroso. La RHS recomienda utilizar vidrio templado en puertas y lugares con riesgo de impacto humano.
La ventilación es tan importante como captar el sol
Un invernadero capaz de captar mucha radiación solar puede convertirse rápidamente en un espacio excesivamente caliente.
Por ello, una de las mejoras que merecería la pena incorporar a una versión moderna de este proyecto sería aprovechar algunas de las propias ventanas recuperadas como aperturas practicables.
La RHS señala que los invernaderos pueden sobrecalentarse desde primavera hasta otoño y recomienda combinar sombreado y ventilación. Como referencia de diseño, considera conveniente que las aberturas superiores representen aproximadamente entre el 15 y el 20 % de la superficie del suelo.
En un invernadero de 15 m² como este, ese criterio equivaldría aproximadamente a 2,25-3 m² de capacidad de ventilación superior.
No significa que esta construcción disponga exactamente de esa superficie abierta: es una referencia útil para quien quiera reproducir o mejorar el diseño.
El proyecto original incorpora una abertura en el hastial y puede utilizar las puertas para favorecer la circulación de aire. En regiones mediterráneas, donde las temperaturas estivales pueden ser muy elevadas, aumentar la ventilación y añadir sombreado probablemente sería todavía más importante que maximizar el aislamiento.
El tejado también se convierte en un captador de lluvia
Los autores añadieron canalones a ambos laterales del invernadero.
El agua que cae sobre la cubierta se dirige hacia bidones situados junto a la estructura, convirtiendo una superficie que inicialmente solo protegía los cultivos en una pequeña infraestructura de captación de agua.
La cantidad potencial depende directamente de la precipitación local, la superficie efectiva de captación y las pérdidas.
Como aproximación sencilla, cada milímetro de lluvia sobre un metro cuadrado equivale a un litro de agua. Una superficie horizontal equivalente a 15 m² podría recibir, por tanto, unos 15 litros por cada milímetro de precipitación antes de descontar pérdidas por salpicaduras, desbordamientos o eficiencia del sistema.
Con una lluvia acumulada de 20 mm, por ejemplo, el orden de magnitud sería de 300 litros de agua sobre esa superficie.
Incorporar almacenamiento suficiente permitiría utilizar parte de esa agua posteriormente para el riego, reduciendo la dependencia de agua potable.
Hemos mostrado anteriormente otros sistemas específicamente diseñados para la recogida de agua de lluvia en invernaderos.
Cuidado con la madera de los palés
Que un palé sea gratuito no significa automáticamente que sea apropiado para cualquier proyecto.

Conviene conocer su procedencia y evitar madera contaminada por productos que hubiera transportado. En palés normalizados también pueden encontrarse marcas que permiten identificar determinados tratamientos.

En los actuales palés EPAL, por ejemplo, la madera nueva se somete a tratamiento térmico HT conforme a ISPM 15, y EPAL indica que el tratamiento con bromuro de metilo está prohibido en sus palés.
En cualquier proyecto de reutilización interesa seleccionar madera en buen estado, eliminar clavos y elementos peligrosos y protegerla adecuadamente frente a humedad y exposición exterior.
La ubicación puede determinar si funciona bien o mal
La reutilización de materiales no elimina las reglas básicas de diseño de un invernadero.
El emplazamiento debería disponer de buena exposición solar, drenaje y protección razonable frente a los vientos dominantes. Oklahoma State University Extension recomienda precisamente buscar un terreno prácticamente nivelado, bien drenado, soleado y, cuando sea posible, protegido del viento.
Este último factor adquiere especial importancia en una construcción formada por numerosas piezas recuperadas: cada unión entre marcos constituye un punto que debe resistir las cargas de viento.
En zonas expuestas, la cimentación, los anclajes y el cálculo estructural no deberían improvisarse.
¿Cuánto puede ahorrar realmente un invernadero así?
No existe un precio universal.
El coste dependerá fundamentalmente de cuánto material pueda recuperarse gratuitamente y de cuánto haya que comprar. En el proyecto original, los autores señalan que un invernadero equivalente construido con materiales nuevos podría haber supuesto varios miles de euros, aunque esa cifra es una apreciación de sus constructores y no una comparación comercial actual.
El ahorro económico tampoco es completamente gratuito: se intercambia dinero por tiempo de búsqueda, clasificación, desmontaje, reparación y adaptación de los materiales.
Ese es precisamente uno de los aspectos que hacen interesante el proyecto.
No pretende demostrar que cualquiera pueda obtener inmediatamente un invernadero de 15 m² prácticamente gratis, sino que una acumulación de materiales que normalmente se considerarían residuos puede convertirse en una construcción útil si el diseño se adapta a lo disponible.

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