
Proyectos británicos usan volantes de inercia de 40 toneladas para estabilizar la red y prevenir apagones como el de España en 2025
- Apagones masivos en redes eléctricas modernas.
- Renovables sin inercia mecánica.
- Volantes de inercia de 40.000 kg estabilizando la red.
- Baterías mecánicas de respuesta ultrarrápida.
- Eficiencia energética cercana al 90-95 %.
- Infraestructura clave para redes eléctricas renovables.
- Nueva pieza en el puzzle de la transición energética.
Cómo enormes ruedas de 40 toneladas están ayudando a salvar la red eléctrica
Cuando la red eléctrica de España sufrió un gran fallo en abril de 2025, la magnitud del problema fue evidente casi de inmediato. No se trató solo de un incidente técnico. El apagón dejó sin suministro a millones de personas en España y Portugal, con repercusiones también en partes de Francia y Marruecos. Durante horas se paralizaron transportes, comunicaciones, hospitales y servicios de emergencia.
Los apagones a gran escala tienen algo inquietante: cuando la red colapsa, no basta con “volver a encenderla”. Restaurar el sistema eléctrico completo es un proceso lento y delicado que puede llevar horas. Cada central, cada línea, cada subestación debe sincronizarse con precisión.
Sin embargo, algo interesante ocurre al mirar hacia el Reino Unido. En 2019, el país vivió una crisis similar. Y desde entonces ha empezado a desplegar una tecnología que hoy muchos expertos consideran una herramienta clave para las redes eléctricas dominadas por renovables: los sistemas de almacenamiento mediante volantes de inercia, conocidos como FESS (Flywheel Energy Storage Systems).
Volante de inercia
Un volante de inercia es, en esencia, una batería mecánica.
El principio es simple y elegante. Se trata de una rueda extremadamente pesada que gira a gran velocidad dentro de una cámara controlada. La energía se almacena en forma de energía cinética rotacional. Cuanto más rápido gira la rueda, más energía almacena.
Cuando la red necesita electricidad, esa energía se recupera haciendo girar un generador.
El concepto se basa en algo muy básico de la física: la inercia. Según la primera ley de Newton, un objeto en movimiento tiende a seguir en movimiento. Si se reduce al mínimo la fricción —por ejemplo con rodamientos magnéticos y cámaras de vacío— la rueda puede mantener su velocidad durante bastante tiempo.
Estos sistemas presentan varias características muy interesantes:
- Alta eficiencia energética. La eficiencia de ida y vuelta suele situarse entre el 90 % y el 95 %, un valor muy competitivo frente a otras formas de almacenamiento.
- Respuesta casi instantánea. Pueden liberar o absorber energía en fracciones de segundo.
- Gran durabilidad. A diferencia de las baterías químicas, pueden realizar millones de ciclos de carga y descarga sin degradación significativa.
Todo esto los convierte en aliados naturales de las energías renovables, que a veces generan electricidad de forma irregular.
El problema oculto de las renovables: la inercia de la red
Las centrales térmicas tradicionales —carbón, gas o nuclear— tienen un rasgo que a menudo pasa desapercibido: enormes turbinas girando constantemente.
Esa rotación proporciona algo muy valioso para la red eléctrica: inercia física.
La inercia actúa como un amortiguador. Cuando ocurre un pico de demanda o una caída repentina de generación, esas grandes masas giratorias ayudan a mantener estable la frecuencia eléctrica, evitando que el sistema se descontrole.
Las energías renovables modernas, especialmente solar fotovoltaica y eólica, no aportan esa inercia de forma natural. Gran parte de su producción se conecta a la red mediante electrónica de potencia, no mediante grandes generadores rotativos.
Y ahí aparece el desafío: cuanto más renovable es una red, más sensible puede volverse a perturbaciones rápidas.
Aquí es donde los volantes de inercia vuelven a entrar en escena.
Cómo el Reino Unido ya está usando esta tecnología
Tras los apagones de 2019, el operador del sistema eléctrico británico impulsó varios proyectos para reforzar la estabilidad de la red.
Uno de los ejemplos más conocidos es el Greener Grid Park de Liverpool, operado por la empresa energética Statkraft.
La instalación alberga dos volantes de inercia de 40.000 kilogramos cada uno, conectados a compensadores síncronos. Este tipo de equipos aporta estabilidad adicional al sistema eléctrico.
Puede parecer poco, pero una sola instalación de este tipo llega a proporcionar alrededor de un 1 % de la inercia necesaria para toda la red de Inglaterra, Escocia y Gales.
Desde 2023 ya funcionan más de una decena de proyectos similares en el Reino Unido, una estrategia diseñada para reducir el riesgo de apagones en una red cada vez más renovable.
Nuevos proyectos alrededor del mundo
La tecnología FESS está empezando a expandirse en distintos lugares.
En Estados Unidos, la empresa Torus ha firmado acuerdos para desplegar sistemas híbridos de volantes de inercia combinados con baterías a escala de red eléctrica. Estos proyectos podrían alcanzar 70 MW de potencia, suficientes para participar activamente en la estabilización de grandes sistemas eléctricos.
En Asia, la compañía Amber Kinetics ha desarrollado proyectos en países como Australia, Filipinas y Hawái. La empresa colabora con Kawasaki Heavy Industries para combinar volantes de inercia con generadores síncronos virtuales, una tecnología que simula digitalmente la inercia de los generadores tradicionales.

China también ha entrado en este terreno con la central de almacenamiento por volante de inercia de Dinglun, equipada con 120 unidades de alta velocidad y una potencia de 30 MW.
En Europa, incluso los puertos industriales empiezan a experimentar con esta tecnología.
Una empresa francesa ha desarrollado un volante de inercia de hormigón para almacenar la energía solar de forma innovadora. Esta solución de almacenamiento, que se está probando en Francia, se ofrecerá inicialmente en los territorios franceses de ultramar y en África.

De láseres espaciales a grúas portuarias
Uno de los proyectos más curiosos se está probando en el puerto de Róterdam.
Las grúas portuarias tienen un perfil energético peculiar: pasan largos periodos inactivas y, de repente, necesitan enormes cantidades de energía cuando llega un barco. Eso genera picos de demanda difíciles de gestionar.
Un sistema de volantes desarrollado por QuinteQ Energy permite almacenar energía y liberarla rápidamente cuando las grúas la necesitan.
En pruebas piloto, este sistema ha conseguido reducir los picos de demanda eléctrica hasta en un 65 %.
La historia detrás de esta tecnología es sorprendente: el diseño original procede de investigaciones aeroespaciales vinculadas a sistemas láser de defensa, donde era necesario liberar grandes cantidades de energía en muy poco tiempo.
Hoy esa tecnología se utiliza para algo mucho más cotidiano: mover contenedores en un puerto.
Curioso giro del destino.

Limitaciones de los volantes de inercia
A pesar de sus ventajas, los sistemas FESS no son una solución universal.
El principal problema es la autodescarga energética. Incluso en condiciones óptimas, los volantes pierden entre un 5 % y un 20 % de su energía por hora debido a fricciones inevitables.
Por eso no son adecuados para almacenar energía durante largos periodos. Su función es distinta: equilibrar la red a corto plazo.
También existe el factor económico. Estos sistemas requieren materiales de alta resistencia, cámaras de vacío y complejos sistemas de control, lo que eleva el coste inicial.
Además, por seguridad, los volantes suelen instalarse en estructuras reforzadas o pozos subterráneos, ya que una rueda de varias toneladas girando a gran velocidad concentra una enorme energía cinética.
No es algo que se pueda instalar sin una ingeniería muy cuidadosa.
Potencial
Los sistemas de volantes de inercia no resolverán por sí solos los desafíos de la transición energética. No almacenan energía durante días ni sustituyen a las grandes baterías.
Pero cumplen una función muy concreta y cada vez más necesaria: dar estabilidad a un sistema eléctrico cada vez más renovable.
En el futuro podrían desempeñar varios papeles clave.
Primero, como amortiguadores de la red eléctrica, evitando apagones en sistemas con altas cuotas de renovables.
Segundo, como complemento ideal para baterías y almacenamiento hidroeléctrico, cubriendo los segundos o minutos críticos donde la estabilidad de frecuencia es esencial.
Tercero, como herramienta para gestionar picos de consumo en centros de datos, puertos o grandes instalaciones industriales, reduciendo la presión sobre las redes eléctricas.
Y quizá lo más interesante: son una tecnología robusta, basada en principios físicos simples. No dependen de minerales escasos ni de complejos procesos químicos.
A veces, las soluciones más útiles no son las más futuristas.
A veces basta con una enorme rueda girando en silencio bajo tierra, ayudando a que todo lo demás funcione.
Imágenes: www.torus.co



Alfonso dice
Pues yo aprovecharía los evaporadores gigantes de las térmicas que quedan fuera de servicio: se cuelgan de ellos 4 contenedores llenos de chatarra y con poleas y cables se acoplan a un sistema motor/generador.
C dice
No es algo tan novedoso, en España se comenzaron a instalar desde 2014 en algunos sistemas aislados, como el de las islas canarias