
Sistema de almacenamiento submarino que bombea agua salada entre dos depósitos para generar electricidad por gravedad, usando turbinas y sin depender de baterías químicas.
- Batería submarina con agua salada, sin litio.
- Almacenamiento de energía renovable por gravedad.
- Ideal para eólica marina y costas profundas.
- 10 veces más barato que baterías convencionales.
- Pruebas piloto en Italia, expansión en 2026.
- Solución escalable, modular y sin impacto visual.
Una startup que quiere almacenar electricidad en el océano
Cuando Manuele Aufiero era niño, sus padres lo llevaban de excursión a un embalse del norte de Italia. No era un embalse cualquiera. Subía y bajaba constantemente, dependiendo de la demanda de electricidad. Cuando había exceso de energía, las bombas elevaban el agua a una cota más alta. Cuando las ciudades cercanas la necesitaban, el agua bajaba, generando electricidad al pasar por turbinas. Esta tecnología se conoce como hidroelectricidad por bombeo, y existe desde hace más de un siglo.
Hoy sigue siendo una de las formas más eficientes y duraderas de almacenar energía a gran escala. Según la Agencia Internacional de Energía, estos sistemas almacenan unos 8.500 gigavatios-hora en todo el mundo. Su capacidad para generar electricidad durante horas los hace clave en una red donde las renovables —como la eólica y la solar— son intermitentes. Pero hay un límite físico importante: solo puede instalarse en lugares con condiciones geográficas muy concretas.

Energía por gravedad bajo el agua
Aufiero cofundó Sizable Energy, una startup que busca hacer lo que parecía imposible: llevar la hidroeléctrica de bombeo al fondo del océano. Y no solo eso, sino hacerlo a escala industrial. La empresa acaba de cerrar una ronda de financiación de 8 millones de euros, liderada por Playground Global, con participación de fondos como EDEN/IAG, Exa Ventures, Satgana, Unruly Capital y Verve Ventures.
La planta submarina de Sizable se parece a un reloj de arena. Cuenta con dos depósitos sellados y flexibles: uno flotante en la superficie, y otro anclado al lecho marino. Ambos están conectados por un tubo de plástico con turbinas.
Cuando la electricidad es barata (por ejemplo, en horas de sol o viento), las turbinas actúan como bombas: suben agua super salada desde el fondo hasta el depósito superior. Esta agua densa pesa más que el agua de mar, por lo que cuando se necesita energía, se deja caer, generando electricidad al pasar por las turbinas.

Desde el punto de vista físico, se trata de “levantar un bloque de sal”. Pero en lugar de usar grúas, se disuelve en agua y se bombea, lo que permite hacerlo de forma más eficiente y repetible.
Ventajas que la tierra no puede ofrecer
Mover esta tecnología al océano permite una producción estandarizada y modular, algo que no es viable en tierra firme. Cada proyecto hidroeléctrico tradicional requiere una presa diseñada a medida, adaptada al terreno. En cambio, los módulos de Sizable se fabrican en serie y pueden instalarse en cualquier costa con profundidad mínima de 500 metros.

La empresa ya ha probado un prototipo a escala reducida en tanques de olas y frente a la costa de Reggio Calabria, en el sur de Italia. Actualmente están desplegando un piloto con componentes flotantes como paso previo a una planta de demostración completa.
Si todo va según lo previsto, en 2026 podrían estar operativos varios proyectos comerciales en distintas partes del mundo. En su versión final, cada 100 metros de tubería incluirán una turbina capaz de generar entre 6 y 7 megavatios. En zonas más profundas, la capacidad de almacenamiento será aún mayor. Además, cada planta podrá contener múltiples módulos, lo que facilita su escalabilidad.
El objetivo: alcanzar un coste de almacenamiento de 20 euros por kilovatio-hora, alrededor de una décima parte del coste de una batería a escala de red. Y sin depender del litio ni de materiales críticos.

Sin litio, sin impacto visual, con mucho potencial
La tecnología de Sizable encaja perfectamente con la eólica marina, no solo porque comparten ubicación, sino porque podrían usar la misma conexión eléctrica con la costa, abaratando aún más los costes. Pero no se limita a eso. Puede integrarse con cualquier red cercana a zonas marinas profundas, lo que abre posibilidades en lugares donde la topografía terrestre no permite otras soluciones.
Lo más relevante es que se trata de un sistema de almacenamiento de larga duración, justo lo que más falta hace para que las renovables puedan sustituir completamente a los combustibles fósiles. Ni las baterías actuales ni los embalses tradicionales pueden cubrir esa necesidad solos.
Potencial
Esta tecnología representa un avance realista y necesario. Algunas de sus implicaciones prácticas:
- Evita la dependencia del litio, un recurso limitado y con impactos sociales y ambientales en su extracción.
- Aprovecha el fondo marino, sin ocupar suelo ni modificar paisajes terrestres.
- Reduce el desperdicio de energía renovable, almacenando excedentes que hoy se pierden.
- Refuerza la estabilidad de la red eléctrica, haciendo frente a picos de demanda o cortes imprevistos.
- Puede fabricarse en serie, lo que permite reducir costes a medida que se escale.
Y quizá lo más importante: no necesita cambiar toda la infraestructura existente. Se conecta donde se necesita, complementa lo que ya hay, y acelera la transición energética sin pedirle al planeta más de lo que puede dar.
Si se implementa con criterio y responsabilidad, esta “batería submarina” podría convertirse en una pieza clave del rompecabezas energético global.
Más información: sizableenergy.com



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