
Su invento utiliza un innovador sistema de evaporación para reducir los residuos humanos sin necesidad de alcantarillado, una alternativa para comunidades aisladas.
- 🚽 Sin agua para las descargas: funciona sin conexión a una red de alcantarillado convencional.
- 💧 Hasta un 95 % de evaporación: su tecnología permite eliminar gran parte del contenido de agua de los residuos humanos.
- 🌍 20.000 hogares: es la cifra de alcance comunicada para esta solución de saneamiento.
- 🚀 Inspiración espacial: la idea surgió mientras su creadora trabajaba en tecnologías de saneamiento relacionadas con la NASA.
- 🏆 100.000 dólares de premio: el reconocimiento Waislitz de Global Citizen ayudará a impulsar su expansión.
Lo que comenzó como una idea para resolver las necesidades de los astronautas en el espacio ha terminado convirtiéndose en una alternativa para comunidades que carecen de alcantarillado. La inventora Diana Yousef ha desarrollado un inodoro que funciona sin cisterna ni descarga de agua y utiliza un sistema de evaporación para reducir los residuos humanos. Su tecnología, denominada iThrone, ya se ha desplegado en Uganda, Panamá y Estados Unidos.
De los baños espaciales a las comunidades sin alcantarillado
La idea surgió cuando Diana Yousef trabajaba en el ámbito del saneamiento espacial. Diseñar un baño para una estación espacial plantea dificultades que apenas existen en una vivienda convencional: no hay una red pública de alcantarillado, el agua es un recurso limitado y los residuos deben gestionarse dentro de un sistema cerrado.
Durante ese trabajo identificó una conexión inesperada. Los problemas de saneamiento de los astronautas tenían puntos en común con los de millones de personas que viven sin acceso a infraestructuras adecuadas.
En ambos casos resulta necesario gestionar los residuos humanos sin depender de grandes cantidades de agua ni de tuberías conectadas a una depuradora.
A partir de esta observación, Yousef impulsó la empresa change, centrada en desarrollar soluciones de saneamiento descentralizadas y asequibles.
El resultado es iThrone, un inodoro diseñado para instalarse en lugares donde construir una red convencional de saneamiento puede resultar demasiado costoso, complicado o directamente inviable.

Cómo funciona iThrone: eliminar el agua en lugar de arrastrar los residuos
La principal diferencia respecto a un inodoro convencional está en la manera de gestionar los desechos.
Un sanitario tradicional utiliza agua para transportar la orina y las heces a través de tuberías hasta una fosa séptica o una instalación de tratamiento. iThrone adopta otro enfoque: reducir el volumen de los residuos mediante evaporación, sin utilizar agua de descarga.
Una tecnología basada en la evaporación
Los residuos humanos contienen una proporción importante de agua. Al retirar parte de esa humedad, disminuye la cantidad de material que debe almacenarse, recogerse y transportarse.
La tecnología de change emplea un sistema de evaporación diseñado para acelerar este proceso. Según la información difundida sobre iThrone, puede evaporar hasta el 95 % del contenido de agua de la orina y las heces.
Este porcentaje debe interpretarse correctamente: no significa que desaparezca el 95 % de todos los residuos, sino que se elimina gran parte de su fracción acuosa.
La materia sólida y otros componentes no volátiles permanecen y necesitan una gestión posterior.
La ventaja es importante para las comunidades sin saneamiento centralizado: cuanto menor sea el volumen acumulado, menos frecuentes pueden ser las operaciones de recogida y menor puede resultar la carga logística del sistema.
No necesita una red de alcantarillado
El diseño permite instalar unidades independientes sin construir previamente una infraestructura extensa de tuberías.
Esta característica resulta especialmente interesante para asentamientos informales, zonas rurales, comunidades aisladas y lugares afectados por emergencias humanitarias.
En estos entornos, la posibilidad de instalar un sanitario funcional sin esperar a la construcción de una red pública puede representar una mejora considerable de las condiciones de higiene.
No obstante, evaporar el agua no equivale a desinfectar completamente los residuos. Para garantizar la seguridad sanitaria también es necesario controlar su almacenamiento, manipulación y tratamiento final.

Una solución que ya se utiliza en tres países
La tecnología ha superado la fase de concepto y se ha desplegado en Uganda, Panamá y Estados Unidos.
De acuerdo con la información publicada en agosto de 2026, la solución ya estaba contribuyendo a mejorar el acceso al saneamiento de unos 20.000 hogares.
La cifra refleja el alcance comunicado del proyecto, aunque no permite determinar por sí sola cuántos inodoros individuales se han instalado ni evaluar de forma independiente su rendimiento a largo plazo.
Su principal interés reside en ofrecer una alternativa allí donde el saneamiento convencional encuentra importantes obstáculos económicos o técnicos.
Para las familias que dependen de letrinas precarias o instalaciones compartidas insuficientes, disponer de un sistema mejor gestionado puede reducir la exposición a residuos humanos y mejorar la privacidad.
El impacto real depende también de que exista un servicio de mantenimiento y retirada segura del material residual.
El ahorro de agua es solo una parte del beneficio ambiental
La ausencia de descargas permite evitar el consumo de agua potable asociado al arrastre de residuos.
Como referencia, una cisterna moderna de doble descarga puede utilizar aproximadamente entre 3 y 6 litros por uso, dependiendo del modelo y de la opción seleccionada.
En una vivienda con varios habitantes, ese consumo se acumula a lo largo del año. Un sanitario seco puede eliminarlo, aunque su balance ambiental completo depende de cómo se fabriquen, mantengan y gestionen sus componentes.
Existe además otra ventaja potencial: reducir la necesidad de transportar grandes cantidades de residuos líquidos.
En los sistemas descentralizados, la recogida periódica puede representar una parte importante del coste operativo. Disminuir el volumen de material permite estudiar rutas de mantenimiento más eficientes y reducir las necesidades de almacenamiento.
Sin embargo, el ahorro efectivo de emisiones y costes debe comprobarse mediante datos de operación. No basta con conocer el porcentaje de evaporación para calcularlo.
Los desafíos de un inodoro que funciona sin agua
La tecnología presenta posibilidades interesantes, pero también desafíos que determinarán su expansión.
Uno de ellos es la gestión del residuo concentrado. Aunque su volumen sea menor, continúa siendo necesario retirarlo y tratarlo de manera segura para evitar riesgos microbiológicos y contaminación ambiental.
También es fundamental conocer la durabilidad de los materiales evaporativos, su comportamiento en climas húmedos y los costes de sustitución y mantenimiento.
Otro aspecto es la aceptación social. Un sistema de saneamiento necesita ofrecer privacidad, comodidad, control de olores y facilidad de uso para convertirse en una alternativa viable.
Por último, la instalación de unidades independientes debe acompañarse de un modelo de servicio. El saneamiento sostenible no termina cuando se instala el inodoro: requiere que los residuos tengan un destino seguro.
Un premio internacional para ampliar el proyecto
En 2026, Diana Yousef recibió uno de los premios Waislitz de Global Citizen, un reconocimiento destinado a impulsar iniciativas que afrontan grandes problemas sociales y ambientales.
El galardón está acompañado de una dotación de 100.000 dólares, que permitirá apoyar la expansión de change y llevar su tecnología a nuevas comunidades.
La inventora plantea ampliar considerablemente la distribución de iThrone, con la ambición de llegar a millones de personas.
Se trata de un objetivo de crecimiento, no de una cifra de instalaciones ya realizadas.
Por qué importa: repensar el saneamiento desde el diseño
La historia de iThrone muestra que algunas soluciones ambientales no consisten en mejorar una infraestructura existente, sino en cuestionar su funcionamiento desde el principio.
Durante generaciones, gran parte del saneamiento urbano se ha basado en utilizar agua para transportar los residuos. Es un modelo eficaz cuando existen redes, depuradoras y recursos suficientes, pero difícil de extender a todos los territorios.
Separar el saneamiento del consumo de agua potable abre posibilidades para comunidades aisladas, instalaciones temporales y regiones sometidas a estrés hídrico.
El reto no consiste en sustituir todos los inodoros convencionales, sino en disponer de tecnologías diferentes para necesidades diferentes.
Una idea nacida de las limitaciones del espacio puede contribuir así a resolver un problema muy terrestre: garantizar que más personas dispongan de un lugar seguro y digno donde utilizar el baño.
Más información: www.change-water.com

Deja una respuesta