
De producir energía a tener una segunda vida: una enorme pieza eólica retirada demuestra hasta dónde puede llegar la reutilización en la economía circular.
- 🌬️ Góndola de un aerogenerador V80 de 2 MW reutilizada.
- 🏠 35 m² convertidos en vivienda.
- ⚡ 20 años generando electricidad antes de su segunda vida.
- ☀️ Paneles solares, bomba de calor y calentador solar de agua.
- ♻️ Reutilización directa frente a trituración o reciclaje intensivo.
- 📐 10 metros de largo, 4 de ancho y 3 de alto.
¿Por qué importa?
Miles de aerogeneradores instalados durante las primeras décadas del despliegue eólico europeo irán llegando al final de su vida útil. Reciclar sus materiales es necesario, pero reutilizar componentes completos puede conservar mucho más del valor, la energía y el trabajo ya invertidos en fabricarlos.
Esta pequeña vivienda plantea precisamente esa posibilidad. Una pieza industrial diseñada para trabajar a unos 100 metros de altura durante décadas termina convertida, con las modificaciones necesarias, en un espacio habitable.
De producir electricidad durante 20 años a convertirse en vivienda
A simple vista todavía resulta evidente de dónde procede. Su carcasa redondeada, sus proporciones y buena parte de su aspecto exterior siguen siendo los de la góndola de un aerogenerador.
Por dentro, la historia cambia bastante.
El estudio neerlandés Superuse Studios, junto con Vattenfall y otras empresas especializadas, transformó una góndola retirada del parque eólico de Gols, en Austria, en una pequeña vivienda bautizada como Nestle.

La pieza pertenecía a un Vestas V80 de 2 MW instalado en 2005. El aerogenerador estuvo en servicio durante aproximadamente 20 años y produjo unos 73 GWh de electricidad durante su vida operativa.
La góndola se encontraba originalmente a unos 100 metros de altura. Tras el desmantelamiento del parque, Business in Wind la recuperó y puso a disposición del proyecto.
Una carcasa industrial con 35 m² habitables
La elección de esta góndola no fue casual. El equipo buscaba deliberadamente una de las estructuras más pequeñas en las que fuera viable crear una vivienda que cumpliera los requisitos constructivos aplicables.
La pieza mide aproximadamente 10 metros de largo, 4 metros de ancho y 3 metros de alto. El proyecto resultante ofrece alrededor de 35 m² de superficie habitable.

No es una maqueta ni un simple ejercicio de diseño para una exposición. El interior incorpora cocina, baño y zona de estar, y el proyecto fue desarrollado para cumplir la normativa de construcción correspondiente y poder destinarse a alojamiento residencial o vacacional.
Curiosamente, las góndolas de aerogeneradores más recientes pueden ser considerablemente mayores. El crecimiento de la potencia y de las dimensiones de las máquinas abre posibilidades que van bastante más allá de esta primera demostración.
La transformación conserva lo que todavía tiene valor
Aquí está probablemente la parte más interesante del proyecto.
Cuando se desmonta un aerogenerador, buena parte de sus materiales puede recuperarse. Acero, cobre y otros metales cuentan con cadenas de reciclaje consolidadas. El hormigón también puede tratarse para determinados usos.
Pero reciclar no equivale a reutilizar.
Fundir acero, triturar materiales o separar componentes requiere instalaciones, transporte y energía. Si una estructura completa todavía puede desempeñar otra función, mantenerla en uso evita parte de ese procesamiento y prolonga la utilidad de los recursos empleados en fabricarla.

En este caso se conservó la carcasa original de plástico reforzado con fibra de vidrio. Para adaptar la góndola al nuevo uso, Woodwave ejecutó la transformación a partir del diseño de Superuse y se incorporó una nueva estructura de acero calculada específicamente para el proyecto.
Es decir, no basta con vaciar una góndola y colocar una cama dentro. Convertir un componente industrial en un edificio exige resolver estructura, instalaciones, accesos, seguridad y habitabilidad.

Una casa pequeña equipada para consumir poca energía
La segunda vida del componente eólico también se ha aprovechado para incorporar tecnologías de baja emisión durante su utilización.
La vivienda dispone de paneles solares fotovoltaicos, bomba de calor y calentador solar de agua. El mobiliario combina piezas producidas de forma sostenible con elementos de segunda mano.

Incluso aparece otro pequeño guiño a la economía circular: parte del mobiliario utiliza material procedente de palas de aerogeneradores recicladas.
La instalación eléctrica corrió a cargo de Feenstra, mientras que Reliving participó en el acondicionamiento interior.

Un problema que crecerá a medida que envejezca el parque eólico
La energía eólica tiene una huella climática muy inferior a la generación eléctrica basada en combustibles fósiles, pero eso no elimina la necesidad de gestionar adecuadamente sus materiales.
Vattenfall estima que actualmente puede reciclarse alrededor del 85-90 % de un aerogenerador. La cuestión más complicada suele aparecer en determinados materiales compuestos, especialmente los utilizados en las palas y en algunas carcasas.
Y hay otra cuestión. Incluso cuando un material es técnicamente reciclable, la reutilización directa puede resultar ambientalmente más interesante cuando evita procesos industriales adicionales.
De ahí que estén apareciendo usos bastante peculiares para componentes eólicos retirados: mobiliario urbano, estructuras arquitectónicas, puentes, marquesinas, instalaciones deportivas, barreras acústicas o elementos flotantes.
La propia Vattenfall ha continuado explorando esta vía. Tras mostrar la vivienda durante la Dutch Design Week de 2024, en la edición de 2025 presentó componentes retirados y herramientas destinadas a estudiar posibles nuevos usos.
La idea empieza a cambiar. Un aerogenerador desmantelado deja de verse exclusivamente como un conjunto de toneladas de residuos y empieza a tratarse como un pequeño almacén de materiales y componentes disponibles para una segunda vida.

¿Podrían fabricarse casas con miles de góndolas?
Superuse señala que existen al menos 10.000 góndolas de esta generación distribuidas por el mundo, muchas todavía pendientes de ser retiradas.
Eso no significa que vayan a aparecer 10.000 viviendas iguales.
La ubicación de los componentes, el coste del transporte, las normativas locales, el estado de cada estructura y las modificaciones necesarias determinarán qué reutilizaciones tienen sentido.
Transportar una góndola de grandes dimensiones cientos o miles de kilómetros para transformarla puede restar parte del beneficio ambiental. Tampoco todas las piezas tendrán las características adecuadas para convertirse en vivienda.
Precisamente por eso, la idea más escalable quizá no sea fabricar casas idénticas.
Una góndola podría convertirse en oficina, alojamiento turístico, pequeño equipamiento público, aula, taller, quiosco, refugio o espacio de trabajo, dependiendo de sus dimensiones y de las necesidades locales.
Ahí aparece una posibilidad bastante más interesante: buscar una función para cada componente antes de decidir triturarlo o reciclarlo.
De una casa experimental a una estrategia circular
Nestle se presentó durante la Dutch Design Week de octubre de 2024. El proyecto surgió después de que Vattenfall invitara a varios estudios de diseño a plantear nuevas vidas para componentes de aerogeneradores retirados.
La compañía no se limitó a esta vivienda. Entre las ideas estudiadas aparecieron también islas flotantes construidas con palas usadas y otras aplicaciones para componentes procedentes de parques eólicos.
En 2025 continuó esa exploración mostrando piezas retiradas y una plataforma digital con la que estudiar posibles rediseños y aplicaciones.
La lógica es sencilla: antes de desmontar completamente un componente para recuperar sus materias primas, conviene preguntarse si todavía puede hacer algo útil tal como está.

Potencial
El verdadero potencial de esta vivienda no está en convertir cada góndola retirada en una tiny house.
Está en introducir la reutilización como una fase normal del desmantelamiento de las infraestructuras renovables.
Antes de enviar una pieza a trituración, fundición o tratamiento químico, propietarios y gestores podrían clasificar los componentes según su estado y buscar mercados secundarios para aquellos capaces de continuar prestando servicio.
El planteamiento podría resultar especialmente interesante para construcciones pequeñas, equipamientos temporales, instalaciones turísticas o espacios auxiliares donde las dimensiones y geometrías de estos componentes puedan aprovecharse con pocas modificaciones.
Además, la industria está actuando desde el otro extremo: nuevos diseños de palas reciclables, materiales termoplásticos y soluciones pensadas desde el principio para facilitar desmontaje y recuperación.
Las dos estrategias pueden convivir. Diseñar mejor los aerogeneradores nuevos y aprovechar mejor los que ya existen.
Una góndola que pasó 20 años produciendo electricidad y después puede prestar servicio durante varias décadas como edificio resume bastante bien esa filosofía. No hace desaparecer los residuos. Hace algo más sensato: intenta retrasar al máximo el momento en que un objeto útil se convierte en uno de ellos.
Más información: Vattenfall

Deja una respuesta