
Los vertederos no entierran realmente el plástico: pueden seguir fabricando microplásticos durante décadas.
- 🗑️ 1.955 vertederos analizados en China.
- 🔬 31 años de seguimiento sobre el terreno.
- 🌊 Riesgo especialmente elevado en zonas costeras.
- 🧴 Plásticos enterrados durante décadas, todavía fragmentándose.
- 📈 Generación de microplásticos creciente con el envejecimiento.
- ♻️ Menos plástico nuevo + reciclaje + recuperación de antiguos vertederos.
- ⚠️ Un problema heredado que puede continuar mucho después del cierre.
¿Por qué importa?
Enterrar plástico no hace que desaparezca. Lo aparta de la vista mientras el material continúa envejeciendo bajo tierra. Una investigación publicada en Nature Communications muestra que los vertederos pueden comportarse como «cápsulas del tiempo con fugas»: almacenan enormes cantidades de residuos plásticos y, al mismo tiempo, los transforman lentamente en microplásticos capaces de terminar en suelos, aguas subterráneas, aire y ecosistemas costeros.
El problema tiene además una dimensión temporal incómoda. Cerrar un vertedero no detiene automáticamente la generación de microplásticos. Buena parte del riesgo procede precisamente de los residuos acumulados durante las últimas décadas.
El plástico enterrado también envejece
Un vertedero puede parecer un lugar relativamente estable. Los residuos quedan compactados, cubiertos y, en las instalaciones modernas, separados del terreno mediante sistemas de impermeabilización y recogida de lixiviados.
Dentro, sin embargo, continúa ocurriendo química y física.
Los polímeros soportan durante años presión, humedad, cambios de temperatura, reacciones químicas y actividad biológica. Poco a poco pierden sus propiedades mecánicas, se vuelven más quebradizos y terminan fragmentándose.
La investigación muestra que este proceso no tiene por qué ralentizarse con el paso del tiempo. Al contrario, el envejecimiento del plástico puede favorecer una fragmentación progresivamente mayor.
Eso cambia bastante la forma de interpretar el legado de los vertederos.
Un envase enterrado hace 20 o 30 años puede haberse convertido en una fuente de partículas mucho más pequeñas. Y esas partículas son precisamente las que presentan mayor facilidad para desplazarse fuera del lugar donde originalmente fueron depositadas.
31 años siguiendo lo que ocurre bajo toneladas de basura
Uno de los puntos fuertes del trabajo es la escala temporal.
Los investigadores utilizaron 31 años de seguimiento in situ de la evolución de los microplásticos en un gran vertedero y combinaron esa información con una investigación de campo realizada en 37 instalaciones repartidas por 21 provincias chinas.
A partir de ahí desarrollaron un modelo para estimar la acumulación en 1.955 vertederos controlados.
No se limitaron a considerar cuánto plástico había entrado en cada instalación. El modelo incorpora factores como antigüedad del vertedero, temperatura, precipitaciones, cantidad de residuos, proporción de plástico y nivel de gestión de la instalación.
Es importante porque dos vertederos con cantidades similares de residuos pueden evolucionar de forma muy diferente.
Las mediciones realizadas en las 37 instalaciones encontraron abundancias comprendidas aproximadamente entre 20 y 580 partículas por gramo de plástico.
Temperatura y humedad también importan. Los resultados indican que determinadas combinaciones de precipitaciones y temperaturas pueden favorecer la fragmentación de los residuos.
Los vertederos grandes y antiguos concentran buena parte del problema
La edad aparece como una variable especialmente relevante.
En el inventario analizado, las instalaciones con 21 a 25 años de funcionamiento representaban el 29,1 % de las existencias estimadas de microplásticos. Las de 26 a 30 años aportaban otro 23,3 %.
El tamaño introduce otra desigualdad todavía mayor.
Los vertederos de más de 5 millones de m³ representaban apenas el 5,8 % de las instalaciones estudiadas, pero concentraban aproximadamente el 64,2 % de las existencias estimadas de microplásticos.
Es una información muy útil desde el punto de vista ambiental: no todos los vertederos necesitan el mismo grado de intervención.
Priorizar unas pocas instalaciones enormes, antiguas y vulnerables puede tener más sentido que distribuir los recursos de manera uniforme entre cientos de emplazamientos con riesgos muy diferentes.
El este de China aparece como gran punto caliente
El modelo calculó para 2018 unas existencias acumuladas de aproximadamente 5,72 × 10¹⁶ partículas de microplástico en los vertederos estudiados.
La distribución geográfica resultó muy desigual.
El este de China concentraba alrededor del 45,6 % del total nacional estimado. Provincias y grandes áreas urbanas como Shanghái, Guangdong o Pekín aparecen entre las zonas con acumulaciones importantes.
Los investigadores encontraron además una correlación positiva entre las existencias estimadas de microplásticos y el PIB regional.
Tiene lógica desde la perspectiva de los flujos materiales. Las economías urbanas con un consumo elevado generan enormes cantidades de envases, embalajes y productos de corta vida útil. Cuando una fracción significativa termina enterrada, décadas de consumo quedan físicamente acumuladas bajo el suelo.
El vertedero acaba funcionando como un archivo bastante literal de los patrones de consumo de una sociedad.
La costa concentra un riesgo difícil de corregir
Aquí aparece uno de los resultados más preocupantes.
Los vertederos costeros representaban únicamente alrededor del 8,3 % de las instalaciones analizadas, pero acumulaban casi un tercio de las existencias nacionales estimadas de microplásticos.
Su ubicación añade otra capa de vulnerabilidad.
Los microplásticos pueden abandonar estas instalaciones mediante escorrentía superficial, lixiviados, inundaciones, erosión y transporte atmosférico. Si el vertedero está cerca del litoral, la distancia hasta el medio marino es mucho menor.
El estudio identificó 162 vertederos en 45 ciudades costeras chinas.
Los emplazamientos situados a menos de 3 km de la costa merecen especial atención. En ese grupo, los grandes vertederos de más de 5 millones de m³ concentraban el 96,4 % de la acumulación estimada de microplásticos.
El cambio climático añade presión a los vertederos costeros
Hay además un problema que probablemente crecerá durante las próximas décadas: muchos vertederos históricos fueron construidos cuando la subida del nivel del mar, la intensificación de determinados episodios extremos y la erosión costera futura no formaban parte de su diseño.
Un emplazamiento que permaneció relativamente aislado durante décadas puede acabar expuesto a inundaciones o erosión.
Europa tampoco queda al margen.
El estudio recuerda que alrededor del 90 % de los vertederos europeos son anteriores a la legislación moderna de residuos de la década de 1970, y una parte importante se encuentra en zonas costeras o aluviales.
Solo Inglaterra y Gales tendrían al menos 1.700 vertederos históricos o autorizados situados dentro de zonas de riesgo por inundación y erosión costera.
La adaptación climática, por tanto, también tendrá que mirar hacia abajo. Bajo algunos terrenos aparentemente recuperados permanecen toneladas de residuos depositados hace décadas.
Incluso las barreras del vertedero envejecen
Los vertederos modernos utilizan geomembranas, drenajes y sistemas de recogida de lixiviados para limitar la contaminación del terreno.
Son imprescindibles. No son eternos.
El asentamiento de enormes masas de residuos, el envejecimiento de los materiales y los daños mecánicos pueden deteriorar las barreras impermeables. Cuando aparecen defectos, se crean posibles vías para que lixiviados y partículas alcancen el entorno.
Hay una paradoja adicional: las propias geomembranas de polietileno de alta densidad utilizadas para impermeabilizar determinadas instalaciones pueden convertirse, al degradarse, en otra fuente de microplásticos.
Por eso la gestión a largo plazo no puede terminar cuando deja de entrar basura. Hace falta vigilancia durante décadas, especialmente en instalaciones antiguas y próximas a acuíferos, ríos o costas.
Reducir el plástico nuevo ayuda, pero queda toda la contaminación heredada
El estudio planteó varios escenarios hasta 2050.
Mantener aproximadamente las tendencias anteriores llevaría la acumulación estimada hasta 2,29 × 10¹⁹ partículas.
Un escenario con políticas coordinadas sobre producción, utilización, reciclaje y eliminación reduciría esa cantidad aproximadamente un 35,4 % frente al escenario tendencial.
La estrategia más intensa estudiada, que combina la eliminación de nuevas entradas de plástico en vertedero con actuaciones sobre los residuos ya enterrados, conseguiría una reducción del 46,4 %.
Incluso así permanecería una cantidad enorme.
Ahí está una de las conclusiones más interesantes del trabajo: la prevención actual no borra automáticamente décadas de contaminación acumulada.
Evitar que nuevos plásticos lleguen al vertedero es esencial, pero algunos emplazamientos antiguos necesitan medidas específicas.
Recuperar antiguos vertederos entra en la ecuación
Una de esas opciones es el denominado landfill mining, o minería de vertederos.
Consiste en excavar de manera controlada determinados depósitos antiguos, separar materiales, recuperar aquellos que todavía tienen valor y tratar las fracciones problemáticas.
No tendría sentido excavar indiscriminadamente todos los vertederos. Puede resultar caro, consumir energía y generar impactos ambientales adicionales.
La investigación propone algo bastante más selectivo: actuar primero sobre instalaciones donde la combinación de volumen, antigüedad, ubicación y vulnerabilidad ambiental justifique la intervención.
En el escenario estudiado, excavar completamente 1.316 vertederos pequeños, con capacidad inferior a un millón de m³, permitiría reducir aproximadamente un 4,1 % la acumulación total proyectada. Actuar sobre instalaciones mayores aportaría reducciones adicionales.
La ventaja potencial va más allá de retirar plástico. Una recuperación bien planteada puede permitir reutilizar terrenos, recuperar recursos y reducir pasivos ambientales que de otro modo permanecerían durante generaciones.
No existe una única solución para todos los vertederos
Una de las aportaciones prácticas de la investigación es precisamente abandonar esa idea.
Una gran instalación costera con 30 años de residuos enterrados requiere una estrategia diferente a la de un pequeño vertedero interior todavía operativo.
En los primeros pueden resultar necesarias barreras más resistentes químicamente, vigilancia en tiempo real de la integridad de las geomembranas, interceptación de lixiviados, protección frente a la erosión y retirada selectiva de residuos antiguos.
En instalaciones más recientes, impedir la entrada de nuevos plásticos puede ofrecer resultados más rápidos.
Y en países donde todavía existen grandes vertederos abiertos, la prioridad cambia por completo: controlar esos depósitos antes de que reproduzcan durante décadas el mismo problema que ahora intentan resolver las economías que comenzaron a enterrar residuos masivamente mucho antes.
Francia ya está mirando a sus antiguos vertederos costeros
El problema comienza a traducirse en actuaciones concretas.
Francia ha puesto en marcha una estrategia para recuperar antiguos vertederos situados en el litoral, precisamente por el riesgo de que la erosión libere residuos históricos al mar.
Es una señal de hacia dónde puede evolucionar la gestión de residuos en Europa.
Durante décadas, la política ambiental se concentró principalmente en gestionar lo que entraba cada día en las instalaciones. El siguiente paso será identificar qué permanece enterrado, dónde está y qué probabilidades existen de que vuelva a entrar en contacto con el medio ambiente.
La cartografía de antiguos vertederos combinada con modelos de inundación, erosión y subida del nivel del mar puede convertirse así en una herramienta de adaptación climática.
El estudio también tiene límites
Las cifras no deben interpretarse como un inventario exacto de cada partícula existente bajo China.
Se trata de un modelo predictivo construido a partir de datos reales de campo, características de los vertederos y variables climáticas. Los propios investigadores reconocen que hacen falta más datos procedentes de instalaciones con diferentes condiciones geográficas y operativas para seguir validándolo.
Además, el modelo se centra fundamentalmente en vertederos controlados.
Los vertederos abiertos e informales, frecuentes en algunos países de ingresos bajos y medios, presentan dinámicas distintas y potencialmente mayores posibilidades de fuga.
Hay otra distinción importante: el estudio estima principalmente la generación y acumulación dentro de los vertederos. No cuantifica de forma completa cuánto microplástico termina escapando de cada instalación ni la exposición posterior de ecosistemas y organismos.
Ese será uno de los siguientes grandes pasos científicos: conectar generación, liberación, transporte y riesgo ambiental.

De gestionar basura a gestionar contaminación durante décadas
La lectura más interesante del estudio quizá sea esta: un vertedero no es el final del ciclo de vida del plástico.
Es otra etapa.
Los residuos continúan transformándose y el riesgo cambia conforme pasan los años. Por eso una política moderna de residuos necesita incorporar el concepto de riesgo dinámico.
Eso implica mantener inventarios detallados de antiguos vertederos, controlar lixiviados, inspeccionar sistemas de impermeabilización, identificar instalaciones próximas a costas y cursos de agua y anticipar qué emplazamientos serán vulnerables ante las condiciones climáticas futuras.
La prioridad sigue estando aguas arriba: usar menos plástico innecesario, diseñar productos reutilizables, aumentar la recogida separada y recuperar materiales antes de que lleguen al vertedero.
Cada tonelada que no se entierra evita crear una nueva reserva de contaminación potencial para las próximas décadas.
Más información: Landfill: time capsule of plastic waste but microplastic generation source

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