
Científicos de Cornell descubren una de las mayores colonias de abejas terrestres, con 5,5 millones de individuos en 6.000 m² de cementerio.
- 🐝 Más de 5.500.000 abejas bajo tierra → colonia masiva invisible.
- 🌸 Polinización clave en primavera → cultivos dependientes.
- 🌿 Cementerios urbanos → refugios inesperados de biodiversidad.
- 🚜 Suelos sin alterar → condición esencial para su supervivencia.
- ⚠️ Urbanización y pavimentación → riesgo inmediato de desaparición.
- 📊 Ciencia ciudadana → nueva herramienta para protegerlas.
Para quien camina por un cementerio, el paisaje parece estático. Césped, lápidas, árboles. Silencio. Pero bajo esa calma, en Ithaca, se mueve una de las concentraciones de abejas silvestres más grandes documentadas hasta ahora. Una ciudad subterránea viva, activa… y esencial.
Todo empezó con un gesto cotidiano. Rachel Fordyce recogiendo abejas en un frasco. Lo que parecía una curiosidad terminó revelando algo mucho más profundo: una infraestructura natural de polinización que llevaba décadas funcionando sin apenas ser observada.
Las abejas identificadas, Andrena regularis, no viven en colmenas. No producen miel. No forman enjambres visibles. Son abejas solitarias, discretas, pero extremadamente eficaces. Y lo que hacen importa, mucho.
Una colonia invisible con un papel clave en la agricultura
El dato impresiona: unos 5.500.000 individuos concentrados en apenas 6.000 metros cuadrados. Una densidad difícil de imaginar. Pero más allá del número, lo relevante es su función.
Estas abejas emergen justo cuando florecen cultivos estratégicos como el manzano. Esa sincronización no es casual. Es evolución afinada durante generaciones. Su actividad coincide con la ventana crítica de polinización, cuando el éxito o fracaso de una cosecha se decide en pocos días.
En regiones agrícolas como Nueva York, donde la producción de manzana tiene un peso económico notable, este tipo de polinizadores marca diferencias reales. No solo en cantidad, también en calidad del fruto.
Lo interesante es que muchas veces se pone el foco en la abeja doméstica. Pero la evidencia científica reciente empieza a matizar esa visión: las abejas silvestres suelen ser más eficientes en determinados cultivos, sobre todo en condiciones variables de temperatura o viento.
Y aquí aparece un matiz clave. El sistema agrícola moderno depende de estos polinizadores… pero no siempre los protege.
Cementerios como refugios de biodiversidad
Puede sonar extraño, pero tiene lógica. Los cementerios antiguos reúnen condiciones que hoy escasean en entornos urbanos: suelo sin compactar, ausencia de pesticidas, baja perturbación humana y vegetación diversa.
Ese equilibrio permite que especies sensibles, como estas abejas, encuentren un hábitat estable. Algo cada vez más difícil fuera de estos espacios.
En Europa ya se ha observado algo similar. Cementerios históricos en ciudades como Berlín o París actúan como auténticos reservorios de biodiversidad urbana, albergando desde plantas raras hasta aves y pequeños mamíferos.
No es casualidad. Son espacios donde el tiempo pasa más despacio. Y la naturaleza lo aprovecha.
Biología discreta, impacto enorme
A diferencia de las abejas sociales, las hembras de Andrena regularis trabajan solas. Excavan sus nidos en el suelo, crean pequeñas cámaras y depositan allí sus huevos junto con una mezcla de polen y néctar.
Todo ocurre bajo tierra. Sin ruido. Sin estructura visible.

Un detalle curioso: esta especie hiberna como adulta, algo poco habitual. Esto le permite reaccionar rápidamente a las primeras subidas de temperatura en primavera. Sale antes que muchas otras especies. Y eso le da ventaja.
El ciclo está perfectamente ajustado. Los machos emergen primero. Esperan. Las hembras aparecen días después. Se reproducen. Y el proceso vuelve a empezar.
Mientras tanto, otras especies como las abejas “cuckoo” del género Nomada aprovechan ese sistema. Parasitismo puro. Depositan sus huevos en los nidos ajenos. La larva invasora elimina a la original. Duro, pero parte del equilibrio ecológico.
Nuevas formas de estudiar lo invisible
Uno de los avances más interesantes del estudio ha sido metodológico. El uso de trampas de emergencia permite cuantificar lo que ocurre bajo tierra sin necesidad de excavar.
Pequeñas estructuras que capturan insectos al salir del suelo. A partir de ahí, se calcula densidad, proporciones, momentos de actividad. Datos clave.

Esto abre una puerta importante. Durante décadas, estas especies han sido poco estudiadas precisamente porque son difíciles de observar.
Ahora empieza a cambiar.
Además, el equipo ha impulsado un proyecto de ciencia ciudadana para identificar colonias similares en otras partes del mundo. Porque lo más probable es que Ithaca no sea un caso único. Solo el primero bien documentado.
Y aquí entra otro punto. Si no se identifican, no se protegen.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
El hallazgo tiene implicaciones claras. La primera, evidente: la polinización natural puede ser mucho más abundante de lo que se pensaba en ciertos entornos urbanos.
Eso cambia la percepción sobre dónde está la biodiversidad útil. No solo en reservas naturales o zonas rurales. También en espacios cotidianos.
Por otro lado, pone sobre la mesa un riesgo inmediato. La pérdida de hábitat por urbanización. Si una colonia así queda cubierta por asfalto o infraestructuras, desaparece de golpe. Sin transición.
No se trata solo de abejas. Se pierde una red ecológica completa. Plantas que dependen de ellas. Otros insectos asociados. Aves que se alimentan de esos insectos. Todo conectado.
También hay una lectura positiva. Estos sistemas funcionan sin intervención humana. Sin costes. Sin energía externa. Son ejemplos claros de servicios ecosistémicos gratuitos, algo cada vez más valioso en un contexto de crisis climática.
Más información: Steven T. Hoge et al, Emergence dynamics and host-parasite associations in a large aggregation of Andrena regularis (Hymenoptera: Apoidea: Andrenidae), Apidologie (2026). DOI: 10.1007/s13592-026-01256-6



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