
China pone a prueba la mayor planta híbrida del mundo: genera electricidad durante 8 horas por la noche sin usar baterías.
- ☀️ 1 GW de potencia total en pleno desierto de Gobi.
- 🪞 260.000 heliostatos concentrando la radiación solar.
- 🔥 Sales fundidas a unos 550 °C como sistema de almacenamiento.
- 🌙 Hasta 8 horas de electricidad nocturna sin baterías de litio.
- ⚡ 900 MW fotovoltaicos + 100 MW termosolares (CSP).
- 🌍 Nueva apuesta por una red eléctrica más estable.
- 📈 Ensayo comercial para integrar más renovables sin combustibles fósiles.
El reto que todavía limita a la energía solar
La energía solar fotovoltaica ha reducido su coste de forma espectacular durante la última década y ya es una de las tecnologías más competitivas para producir electricidad. Sin embargo, continúa teniendo un inconveniente evidente: produce cuando hay sol, no necesariamente cuando la demanda eléctrica es mayor.
En muchos países, el consumo comienza a aumentar justo cuando el Sol desaparece del horizonte. Ese desfase obliga a recurrir a sistemas de almacenamiento o a centrales capaces de entrar rápidamente en funcionamiento.
China quiere afrontar ese problema mediante una estrategia distinta a la que domina actualmente el mercado. En lugar de depender únicamente de baterías de litio, ha construido una enorme instalación híbrida donde la energía térmica almacenada en sales fundidas permite seguir produciendo electricidad durante la noche.
El proyecto, impulsado por China Three Gorges Corporation (CTG) en el desierto de Gobi, dentro de la región china de Xinjiang, representa uno de los mayores experimentos mundiales para comprobar hasta qué punto la energía termosolar con almacenamiento puede complementar la expansión masiva de la fotovoltaica.
Una central híbrida que combina dos tecnologías muy diferentes
La instalación ocupa aproximadamente 1.817 hectáreas y dispone de 1.000 MW de potencia instalada.
La mayor parte corresponde a 900 MW de paneles fotovoltaicos, responsables de producir electricidad directamente durante las horas de máxima radiación solar.

Los 100 MW restantes pertenecen a una planta CSP (Concentrated Solar Power) o energía solar termoeléctrica de concentración, una tecnología muy distinta a la fotovoltaica.

En este caso, cerca de 260.000 espejos móviles siguen continuamente la posición del Sol y reflejan su radiación hacia un receptor central. Allí, el calor generado eleva la temperatura de una mezcla de sales fundidas hasta aproximadamente 550 °C.
Ese calor queda almacenado durante horas con pérdidas relativamente reducidas. Cuando cae la noche, las sales calientes transfieren su energía para generar vapor de agua, mover una turbina y producir electricidad exactamente igual que lo haría una central térmica convencional, aunque sin necesidad de quemar carbón o gas.
Conviene aclarar un aspecto importante. La instalación no suministra 1 GW durante toda la noche. El sistema nocturno corresponde únicamente a la parte termosolar, capaz de entregar alrededor de 100 MW durante un máximo de ocho horas, mientras el almacenamiento conserva suficiente energía.
El verdadero objetivo: producir electricidad cuando realmente hace falta
Durante años, la conversación sobre renovables se ha centrado casi exclusivamente en aumentar la generación. Sin embargo, conforme crece la presencia de energía solar y eólica aparece un nuevo desafío: adaptar la producción al consumo.
En países con una elevada penetración fotovoltaica resulta habitual que durante las horas centrales del día exista un excedente de electricidad que incluso obliga a limitar la producción de algunas plantas. Horas después ocurre exactamente lo contrario.
Este comportamiento es conocido como la «curva del pato» (duck curve), observada de forma muy clara en regiones como California o Australia Meridional. La demanda neta cae durante el día gracias a la producción solar y se dispara al anochecer cuando millones de personas regresan a sus hogares.
La planta de Hami intenta suavizar ese desnivel. No busca generar más electricidad anual que una planta fotovoltaica convencional. Lo realmente importante es que parte de esa energía pueda desplazarse varias horas en el tiempo para cubrir el pico vespertino de consumo.
Para los operadores eléctricos, disponer de una fuente renovable capaz de ajustar su producción aporta un valor muy superior al de una instalación que únicamente funciona cuando las condiciones meteorológicas son favorables.
Las sales fundidas llevan décadas demostrando su potencial
Aunque pueda parecer una tecnología completamente nueva, el almacenamiento mediante sales fundidas lleva utilizándose desde hace años en diversas plantas termosolares.
España fue uno de los países pioneros con instalaciones como Gemasolar, en Sevilla, capaz de producir electricidad durante muchas horas después de la puesta de sol gracias precisamente a este sistema térmico. Otras plantas comerciales también emplean tecnologías similares en Marruecos, Emiratos Árabes Unidos o Estados Unidos.
La diferencia es la escala. Mientras muchas de aquellas centrales estaban diseñadas principalmente como instalaciones termosolares, el proyecto chino combina una enorme superficie fotovoltaica con un sistema CSP que actúa como respaldo durante las horas críticas.
Ese enfoque híbrido permite aprovechar el bajo coste actual de la energía fotovoltaica y utilizar la termosolar únicamente donde realmente aporta un valor añadido: el almacenamiento de larga duración.
No es una batalla contra las baterías
En muchos titulares aparece la idea de que las sales fundidas sustituyen a las baterías, aunque la realidad resulta bastante más compleja.
Las baterías de ion-litio destacan por responder en cuestión de milisegundos, estabilizar la frecuencia de la red y absorber cambios rápidos de generación. Son especialmente eficaces para almacenar electricidad durante unas pocas horas.
La termosolar con almacenamiento térmico juega otra partida. Puede mantener una producción constante durante periodos más largos utilizando un sistema cuyo almacenamiento se basa en calor, una solución especialmente interesante cuando se necesitan muchas horas consecutivas de suministro.
En la práctica, ambas tecnologías pueden trabajar juntas. Una batería puede cubrir variaciones instantáneas mientras una central termosolar aporta energía estable durante toda la tarde o buena parte de la noche.
De hecho, muchos expertos consideran que el futuro de los sistemas eléctricos pasará por combinar distintas formas de almacenamiento, cada una especializada en un intervalo temporal diferente.
El coste seguirá siendo el gran examen
El enorme crecimiento de la industria fotovoltaica y de las baterías ha reducido sus precios de forma extraordinaria durante los últimos quince años.
Eso obliga a que cualquier tecnología alternativa demuestre que puede competir económicamente durante décadas de funcionamiento.
En el caso de la termosolar, no basta con analizar el coste por kilovatio hora producido. También deben valorarse aspectos como la capacidad de almacenamiento, la estabilidad del suministro, la reducción de centrales fósiles de respaldo y los servicios que presta al sistema eléctrico.
La rentabilidad dependerá además del precio futuro de las baterías, del coste del mantenimiento de los campos de heliostatos y de la evolución de la demanda eléctrica, especialmente con el crecimiento de los centros de datos, la electrificación industrial y la expansión del vehículo eléctrico.
Un modelo pensado para grandes desiertos
No cualquier lugar del planeta puede albergar una instalación de estas características.
La tecnología CSP necesita radiación solar directa muy intensa, amplias superficies disponibles y un elevado número de días despejados al año. En zonas con abundante nubosidad o donde predomina la radiación difusa, su rendimiento disminuye considerablemente.
El desierto de Gobi reúne precisamente esas condiciones. Dispone de enormes extensiones prácticamente llanas y una elevada insolación anual, factores que favorecen el funcionamiento de los heliostatos.
Aun así, aparecen otros desafíos. El polvo acumulado sobre los espejos reduce la eficiencia óptica, lo que obliga a realizar limpiezas periódicas. Además, las condiciones extremas del desierto exigen equipos capaces de soportar fuertes diferencias de temperatura entre el día y la noche.
Por esa razón, el modelo de Hami está especialmente orientado a grandes complejos energéticos conectados mediante líneas eléctricas de muy alta tensión, capaces de transportar electricidad hacia los principales centros industriales situados a cientos o miles de kilómetros.
China acelera la integración de renovables
El desarrollo de esta planta forma parte de una estrategia mucho más amplia.
China lidera actualmente la instalación mundial tanto de energía solar como de energía eólica, lo que obliga a modernizar su red eléctrica para gestionar cantidades crecientes de generación variable.
Durante los últimos años el país ha impulsado nuevos proyectos de almacenamiento, grandes corredores de transmisión eléctrica de ultraalta tensión y centrales híbridas que integran diferentes tecnologías renovables.
Según las previsiones de CTG, cuando el complejo funcione a pleno rendimiento podrá generar alrededor de 2.070 millones de kWh anuales, evitando aproximadamente 1,63 millones de toneladas de dióxido de carbono respecto a una generación equivalente basada en combustibles fósiles.
La empresa también contempla ampliar el complejo hasta 3 GW, mientras otras iniciativas similares avanzan en diferentes regiones del oeste chino.

Potencial
La experiencia de Hami demuestra que la transición energética no depende únicamente de instalar más paneles solares. También exige aprender a almacenar la energía de forma inteligente y suministrarla cuando realmente resulta necesaria.
Las centrales híbridas que combinan fotovoltaica, termosolar y almacenamiento térmico podrían convertirse en una herramienta muy valiosa para países con grandes zonas áridas y abundante radiación solar, reduciendo la necesidad de mantener centrales fósiles como respaldo permanente.
A medida que aumente la electrificación del transporte, la industria y la climatización de edificios, disponer de tecnologías capaces de suministrar electricidad renovable durante muchas horas consecutivas adquirirá un papel cada vez más importante.
No existe una solución única para todos los territorios. En algunos lugares dominarán las baterías, en otros el bombeo hidráulico, el hidrógeno verde o el almacenamiento térmico. Lo verdaderamente relevante es que todas estas tecnologías, trabajando de forma complementaria, pueden construir un sistema eléctrico mucho más flexible, resiliente y con emisiones cada vez más bajas.
Vía GIPRISM



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