
Investigadores transforman madera de balsa en material capaz de producir hasta 0,65 V de electricidad solar incluso de noche.
- 🔋 Energía solar también de noche.
- 🌳 Madera modificada → almacenamiento térmico.
- ☀️ Absorción solar muy alta (≈ 91,2%).
- 🌙 Liberación gradual de calor en oscuridad.
- ⚡ Generación eléctrica sin sol directo.
- ♻️ Material natural, potencialmente escalable.
Energía solar más allá del atardecer
La energía solar lleva años consolidándose como una de las fuentes más limpias disponibles. Sin embargo, tiene una limitación evidente: la intermitencia. Cuando cae el sol, la producción se detiene justo cuando muchas veces aumenta la demanda energética en hogares y ciudades.
Para compensarlo, el sistema actual depende en gran medida de baterías, una solución eficaz pero con costes elevados, impacto ambiental en su fabricación y limitaciones en almacenamiento a gran escala. Aquí es donde entra una línea de investigación distinta. Más simple en apariencia, pero con implicaciones interesantes.
Un equipo de investigadores ha desarrollado un material basado en madera modificada capaz de capturar energía solar durante el día y liberarla posteriormente en forma de calor, incluso en ausencia de luz. Ese calor puede transformarse en electricidad mediante sistemas termoeléctricos. Es decir, una especie de “inercia energética” natural aplicada a la solar.
Una madera que almacena energía
La clave del avance está en aprovechar un material abundante, renovable y conocido: la madera, en este caso madera de balsa. Ligera, porosa y con buena capacidad aislante. Ya de por sí interesante. Pero insuficiente tal cual.
Para convertirla en un sistema energético, los investigadores modificaron su estructura interna. Primero eliminaron la lignina, lo que aumentó su porosidad y su capacidad para absorber radiación solar. Después añadieron distintas capas funcionales a escala nanométrica.
Entre ellas, láminas ultrafinas de fosforeno negro, un material con alta conductividad y gran capacidad de absorción lumínica. Como este compuesto es inestable frente al oxígeno, se protegió con una capa basada en ácido tánico y iones de hierro, formando una especie de escudo molecular.
A esto se suman nanopartículas de plata, que mejoran la interacción con la luz, y cadenas de hidrocarburos que permiten almacenar energía en forma de enlaces químicos. Además, hacen que la superficie sea altamente repelente al agua, algo clave para su durabilidad en condiciones reales.
Por último, los canales internos de la madera se rellenaron con ácido esteárico, un material de cambio de fase. Este tipo de compuestos absorbe calor cuando se funde y lo libera lentamente al solidificarse. Ahí está la magia: almacenamiento térmico sin necesidad de baterías.
Cómo funciona este sistema
El funcionamiento es bastante intuitivo, aunque el proceso físico es complejo.
Durante el día, la radiación solar se absorbe y se transforma en calor. Ese calor se almacena en el ácido esteárico y en las estructuras químicas del material. Cuando desaparece la luz, el sistema comienza a liberar esa energía de forma progresiva.
Ese flujo térmico se puede aprovechar mediante un generador termoeléctrico, que convierte diferencias de temperatura en electricidad. No es una gran potencia, todavía. Pero funciona sin sol. Y eso cambia las reglas del juego.
En pruebas de laboratorio, el material alcanzó una eficiencia de conversión térmica cercana al 91,2%, con una conductividad térmica casi cuatro veces superior a la madera natural. Además, fue capaz de generar hasta 0,65 voltios por ciclo, manteniendo su rendimiento tras múltiples ciclos de calentamiento y enfriamiento.
Más allá de las baterías
Este enfoque no pretende sustituir completamente a las baterías. Al menos de momento. Pero sí abre una vía complementaria: almacenamiento térmico integrado en materiales estructurales.
Esto conecta con tendencias actuales en sostenibilidad, como los materiales multifuncionales o la arquitectura energética pasiva, donde los propios edificios ayudan a gestionar energía. En Europa, por ejemplo, la normativa de eficiencia energética en edificios (como la Directiva de Eficiencia Energética) ya impulsa soluciones que reduzcan la dependencia de sistemas activos.
Imaginemos fachadas o cubiertas capaces de absorber calor durante el día y liberarlo por la noche. Sin sistemas complejos. Sin baterías visibles. Poco a poco, sin hacer ruido.
Potencial
Este tipo de soluciones apunta hacia un modelo energético más distribuido y adaptado al entorno. No depende de grandes infraestructuras. Se integra en lo cotidiano.
En aplicaciones reales, podría utilizarse en edificios autosuficientes, sistemas rurales sin acceso estable a la red o incluso en dispositivos pequeños donde las baterías no son viables. También encaja bien con estrategias de reducción de picos de demanda, al liberar energía justo cuando más se necesita.
Si evoluciona correctamente, podría combinarse con otras tecnologías como paneles solares tradicionales o sistemas de almacenamiento híbrido. No es una revolución inmediata, es más bien una evolución silenciosa. De esas que, con el tiempo, cambian mucho.
Y quizá lo más interesante. Parte de algo tan simple como la madera. Pero llevada a otro nivel.



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