
Un estudio revela cómo el nivel del mar ha ayudado a regular la temperatura de la Tierra durante millones de años.
- 🌍 Termostato climático natural del planeta.
- 🌊 Nivel del mar como factor clave.
- 🧪 Fósforo y productividad de los océanos.
- 🐚 Enterramiento de carbono en sedimentos marinos.
- 🌡️ Regulación del CO₂ atmosférico.
- 📉 Datos geológicos de 60 millones de años.
- 🔬 Nuevo mecanismo de retroalimentación climática.
- ♻️ Más comprensión del funcionamiento del sistema terrestre.
Un mecanismo oculto que ayudó a mantener la Tierra habitable
¿Por qué la Tierra ha permanecido dentro de un rango de temperaturas compatible con la vida durante decenas de millones de años, incluso atravesando enormes cambios geológicos? Esa pregunta lleva décadas ocupando a geólogos, climatólogos y oceanógrafos. Ahora, una nueva investigación aporta una explicación mucho más completa al identificar un elemento que había pasado prácticamente desapercibido: la relación entre el nivel del mar, la disponibilidad de fosfato en los océanos y la capacidad del planeta para almacenar carbono durante largos periodos.
El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, propone que las variaciones del nivel del mar no solo modificaban las costas o el tamaño de los continentes. También alteraban la circulación de nutrientes esenciales para la vida marina y, de forma indirecta, influían sobre la concentración de dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera.
La conclusión resulta especialmente interesante porque conecta procesos que hasta ahora se estudiaban por separado y ayuda a comprender mejor la evolución climática de los últimos 60 millones de años.
El fósforo: un nutriente pequeño con un papel enorme
Cuando se habla del cambio climático suele pensarse en gases de efecto invernadero o en los bosques. Sin embargo, el fósforo, presente en el agua en forma de fosfato, desempeña un papel esencial para la vida marina.
El fitoplancton necesita este nutriente para crecer. Estas diminutas algas capturan CO₂ mediante la fotosíntesis y constituyen la base de casi toda la cadena alimentaria oceánica. Cuando mueren, parte de esa materia orgánica desciende lentamente hacia el fondo del mar y queda enterrada en los sedimentos durante millones de años.
Ese proceso equivale, en la práctica, a retirar carbono de la atmósfera durante escalas de tiempo geológicas.
La cantidad de fosfato disponible determina, por tanto, cuánta vida puede desarrollarse en el océano y cuánto carbono puede quedar inmovilizado de forma natural.

Cuando el nivel del mar cambiaba, también cambiaba el clima
Los investigadores descubrieron que el comportamiento del fósforo dependía en gran medida de la extensión de las plataformas continentales, las zonas marinas poco profundas que rodean los continentes.
Con un nivel del mar elevado, esas plataformas quedaban inundadas y retenían grandes cantidades de fosfato en los sedimentos superficiales. El océano abierto recibía menos nutrientes, disminuía la productividad biológica y también el enterramiento de carbono. Como consecuencia, una mayor cantidad de CO₂ permanecía en la atmósfera, favoreciendo un clima más cálido.
Cuando el nivel del mar descendía, ocurría justo lo contrario. Las plataformas reducían su extensión y liberaban más fosfato hacia el océano. El incremento de nutrientes favorecía un aumento del fitoplancton, que capturaba más carbono. Al hundirse esa materia orgánica, el oxígeno del agua disminuía y se creaban zonas pobres en oxígeno capaces de liberar todavía más fósforo desde los sedimentos.
Así aparecía un bucle de retroalimentación positiva que reforzaba el almacenamiento de carbono y contribuía a reducir las concentraciones atmosféricas de CO₂.
El punto perfecto para que el sistema funcionara
Uno de los resultados más llamativos del estudio es la identificación de una especie de ventana óptima para que este mecanismo alcanzara su máxima eficacia.
Los cálculos indican que el sistema funcionaba especialmente bien cuando el nivel del mar se situaba aproximadamente entre 10 y 40 metros por encima del actual. En ese escenario coincidían dos factores muy concretos: las zonas con poco oxígeno alcanzaban los sedimentos ricos en materia orgánica y el fósforo podía volver a liberarse hacia el agua, alimentando un nuevo ciclo biológico.
No era un equilibrio permanente. Podía mantenerse durante millones de años, modificando lentamente la composición de la atmósfera y contribuyendo a estabilizar el clima global.
Cómo se ha reconstruido un océano desaparecido hace millones de años
Investigar procesos ocurridos hace decenas de millones de años requiere herramientas muy distintas de las utilizadas para estudiar el clima actual.
El equipo combinó varios registros geológicos, entre ellos los isótopos de carbono, la acumulación de fósforo en sedimentos oceánicos profundos y una técnica desarrollada para estimar el oxígeno presente en antiguos océanos mediante la relación entre yodo y calcio conservada en microscópicos fósiles marinos llamados foraminíferos.
Estos organismos funcionan como pequeños archivos químicos. Sus conchas conservan información sobre el agua donde vivieron, permitiendo reconstruir cómo eran los océanos cuando los dinosaurios ya habían desaparecido y los primeros mamíferos comenzaban a diversificarse.
La combinación de todas estas evidencias permitió comprobar una hipótesis planteada hace dos décadas mediante modelos informáticos y que, hasta ahora, no había podido validarse con registros geológicos suficientemente completos.
El Eoceno: un planeta cálido donde el mecanismo dejó de funcionar
El estudio identifica también un periodo especialmente revelador: el Eoceno, hace entre 56 y 34 millones de años.
Durante esa época la Tierra experimentó uno de los climas más cálidos de su historia reciente. Apenas existían grandes casquetes polares y el nivel del mar era muy superior al actual.
Con las plataformas continentales completamente inundadas, el fósforo permanecía atrapado en los sedimentos poco profundos. El océano recibía menos nutrientes, disminuía el enterramiento de carbono y el CO₂ permanecía durante más tiempo en la atmósfera.
Este escenario ayuda a explicar por qué el planeta pudo mantenerse cálido durante millones de años sin necesidad de recurrir a un único factor desencadenante.
Un rompecabezas que ayuda a entender el cambio climático actual
Los autores subrayan que este mecanismo no compensa las emisiones humanas actuales.
Los procesos descritos operan a escalas de millones de años, mientras que la actividad humana ha incrementado la concentración de CO₂ en apenas dos siglos. La velocidad del cambio climático moderno supera con enorme diferencia la capacidad de respuesta de estos ciclos naturales.
Aun así, comprender cómo ha funcionado históricamente el sistema terrestre resulta muy valioso para mejorar los modelos climáticos. Cada nueva pieza permite reconstruir con mayor precisión la evolución del planeta y anticipar cómo responderán los océanos a las alteraciones actuales.
Además, el trabajo refuerza una idea que cada vez gana más peso en la comunidad científica: el océano no actúa únicamente como un gran almacén de carbono. También participa de forma activa en la regulación del clima mediante complejas interacciones entre la química del agua, la biología marina y la geología.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente
Este descubrimiento mejora la comprensión del funcionamiento de uno de los grandes sumideros naturales de carbono del planeta. Saber cómo interactúan los nutrientes, el oxígeno y los sedimentos ayuda a interpretar mejor los cambios que ya están ocurriendo en los océanos debido al calentamiento global.
También aporta información relevante sobre la expansión de las zonas con bajo contenido de oxígeno, un fenómeno que actualmente preocupa por sus efectos sobre la biodiversidad marina y las pesquerías. Aunque el mecanismo descrito actuó durante millones de años en un contexto geológico muy distinto, conocerlo permite distinguir entre los procesos naturales de larga duración y las alteraciones aceleradas provocadas por la actividad humana.
A largo plazo, investigaciones como esta contribuyen a desarrollar modelos climáticos más robustos, fundamentales para diseñar políticas de adaptación y conservación de los ecosistemas marinos.
Más información: Rosalind E. M. Rickaby et al, Shelf-invading low-oxygen waters control Cenozoic organic carbon burial rates, Proceedings of the National Academy of Sciences (2026). DOI: 10.1073/pnas.2526409123

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