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Diseñan un sistema que produce hidrógeno verde capturando agua del aire como un deshumidificador, incluso con solo un 38 % de humedad

10 septiembre, 2026 Deja un comentario

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Un sistema capaz de “exprimir” el agua del aire produce hidrógeno incluso con apenas un 38 % de humedad relativa.

  • 💧 Agua capturada directamente del aire.
  • ⚡ Conversión inmediata en hidrógeno.
  • 🏜️ Diseñado pensando en regiones áridas.
  • 🌡️ Funcionamiento estudiado con un 38,19 % de humedad relativa.
  • 🔋 Hasta un 83,9 % de eficiencia energética calculada para el sistema directo.
  • 💰 Coste estimado desde 4,7 dólares/kg de H₂ a gran escala.
  • 🚰 Sin depender de una red convencional de agua.

¿Por qué importa?

El hidrógeno renovable tiene un pequeño problema que se vuelve bastante grande justo donde abundan el sol y el terreno disponible: necesita agua. Un equipo de investigadores en Egipto ha estudiado una alternativa que cambia esa relación. En lugar de transportar o desalar agua, el sistema aprovecha el vapor de agua que ya contiene la atmósfera.

La propuesta resulta especialmente interesante para regiones áridas con abundante recurso solar, desde el norte de África hasta Oriente Medio. No elimina el consumo de agua de la electrólisis. Lo que cambia es de dónde procede esa agua.

Una especie de deshumidificador que termina produciendo hidrógeno

La comparación con un deshumidificador doméstico ayuda a entender la idea, aunque uno de los diseños va bastante más allá.

Los investigadores han analizado dos formas diferentes de extraer del aire el agua necesaria para fabricar hidrógeno.

La primera, denominada electrolizador directo de aire o DAE, utiliza un material poroso impregnado con una solución higroscópica. Su función recuerda a esos productos que absorben humedad dentro de un armario: atrae espontáneamente moléculas de agua presentes en el ambiente.

Aquí, sin embargo, el agua capturada no acaba acumulándose en un recipiente.

Se utiliza directamente en el proceso electroquímico.

El prototipo incorpora una matriz porosa de espuma de vidrio impregnada con una solución de ácido sulfúrico al 60 % en masa. A ambos lados se encuentran electrodos de malla de acero inoxidable 904L, seleccionado por su resistencia frente al entorno ácido.

La humedad entra desde el aire, el electrolito higroscópico la absorbe y, al aplicar electricidad, el agua participa en la electrólisis. En el cátodo aparece hidrógeno y en el ánodo, oxígeno.

Pocas etapas. Ahí está buena parte del atractivo.

Cuatro pequeños módulos para demostrar el concepto

El diseño estudiado utiliza cuatro módulos, cada uno de aproximadamente 6,21 × 6,21 × 1,5 cm, conectados en paralelo.

El objetivo de esta configuración experimental es producir alrededor de 0,5 litros de hidrógeno por hora. Es una cantidad pequeña y deja claro dónde se encuentra actualmente la tecnología: todavía muy lejos de una instalación industrial.

El interés está en comprobar que puede mantenerse el proceso tomando el agua del ambiente y estudiar qué ocurre cuando cambian la humedad, la temperatura y la demanda eléctrica.

El equipo eligió como referencia una condición bastante exigente: 38,19 % de humedad relativa, obtenida a partir de datos climáticos de El Cairo. Al ampliar el análisis al periodo 2021-2025, los mínimos estacionales mensuales se mantuvieron aproximadamente entre el 37 % y el 43 %.

No se está hablando, por tanto, de hacer funcionar el dispositivo únicamente en una costa tropical cargada de humedad.

La otra opción: condensar primero el agua

El estudio compara ese sistema directo con una segunda arquitectura bastante más intuitiva.

En este caso, un deshumidificador convencional enfría el aire por debajo de su punto de rocío. El vapor se condensa, el agua se recoge en un depósito y posteriormente alimenta un electrolizador alcalino.

Es, simplificando bastante: aire húmedo → condensación → agua → electrólisis → hidrógeno

El sistema DAE acorta el recorrido: aire húmedo → captación higroscópica + electrólisis → hidrógeno

La diferencia importa porque enfriar grandes cantidades de aire para obtener relativamente poca agua requiere electricidad. Cuanto más seco está el ambiente, más difícil resulta recuperar esa humedad mediante refrigeración.

Según los cálculos del estudio, el sistema híbrido de deshumidificación y electrólisis alcanza una eficiencia global del 68,5 %.

El DAE presenta una eficiencia energética calculada de aproximadamente 81,1-83,9 % cuando se considera el comportamiento de los electrodos de acero inoxidable utilizados en el prototipo.

El 38 % de humedad no es un límite universal de esta tecnología

Conviene hacer aquí una precisión.

El 38,19 % de humedad relativa no representa el récord mundial por debajo del cual resulte imposible producir hidrógeno del aire. Existen investigaciones anteriores que han demostrado electrólisis directa utilizando humedad atmosférica en condiciones todavía más secas.

En este trabajo, ese 38,19 % se utiliza como condición climática de diseño para El Cairo.

La aportación interesante es otra: los investigadores intentan pasar del experimento electroquímico aislado a un sistema que pueda dimensionarse en función del clima, regularse automáticamente y analizarse económicamente.

Ese cambio de perspectiva resulta bastante más útil si algún día se pretende sacar esta tecnología del laboratorio.

Un sistema que sabe cuándo el aire se está secando

La humedad ambiental cambia constantemente. Una máquina dependiente del vapor de agua no puede funcionar como si las condiciones fueran siempre las mismas.

El equipo propone por ello una arquitectura de control con sensores de humedad, temperatura, caudal y presión. Un controlador ajustaría automáticamente el funcionamiento del electrolizador y podría decidir cuándo recurrir a la deshumidificación auxiliar.

El planteamiento incluye regulación PID y supervisión mediante SCADA para una eventual instalación de mayor tamaño.

La estrategia sería sencilla: aprovechar prioritariamente la captación directa cuando las condiciones ambientales sean favorables y utilizar el sistema de condensación como apoyo cuando disminuya demasiado la humedad.

También se contemplan mecanismos de seguridad. Entre ellos, detección de fugas de hidrógeno, cierre automático mediante electroválvula y desconexión eléctrica cuando la temperatura del electrolito supere determinados límites de operación.

El agua deja de competir directamente con otros usos

Este punto puede resultar más relevante que la propia espectacularidad de «fabricar hidrógeno del aire».

La electrólisis convencional necesita agua con una calidad adecuada. En una zona sin disponibilidad suficiente puede ser necesario transportar agua, tratar aguas residuales o instalar sistemas de desalación y purificación.

Capturar humedad atmosférica abre otra posibilidad para instalaciones descentralizadas y relativamente pequeñas, especialmente en lugares remotos.

No significa que el agua pase a ser gratis. Extraerla del aire también tiene un coste energético y material.

La ventaja potencial consiste en reducir la dependencia de fuentes locales de agua dulce, algo particularmente importante cuando una nueva industria energética pretende instalarse en territorios sometidos a estrés hídrico.

¿Puede producir hidrógeno barato?

Aquí conviene separar claramente el prototipo de los cálculos de escalado.

El estudio realiza un análisis económico para instalaciones hipotéticas de entre 50 y 1.000 kg de hidrógeno diarios. Para el DAE, a una capacidad de 1.000 kg/día, obtiene un coste nivelado de referencia de aproximadamente 4,7 dólares por kilogramo de hidrógeno.

Cuando se incorporan de forma más completa mantenimiento, reposición del electrolito y degradación a largo plazo, la estimación aumenta hasta aproximadamente 5,8 dólares/kg.

Según el análisis de los autores, seguiría siendo alrededor de un 15 % inferior al coste calculado para la alternativa basada en deshumidificación y electrólisis.

Pero atención: no es el precio demostrado por una planta que produzca 1.000 kg diarios. Es una estimación tecnoeconómica derivada del modelo de escalado.

La diferencia es importante.

Polvo del desierto: un problema bastante terrenal

Hay otra dificultad que resulta especialmente relevante precisamente en los lugares donde esta tecnología tendría más sentido.

El polvo.

Los autores advierten de que el modelo de captación de humedad parte de condiciones de aire limpio, mientras que las regiones desérticas presentan una elevada concentración de partículas.

El polvo depositado sobre la superficie porosa puede obstruir progresivamente los espacios por los que entra el vapor de agua y reducir la capacidad de absorción.

Además, determinados minerales presentes en el polvo pueden reaccionar con el ácido sulfúrico y formar precipitados, afectando al electrolito y a los electrodos.

En El Cairo, además, algunos episodios de polvo coinciden precisamente con los meses de menor humedad. Mala combinación.

Una futura instalación real probablemente necesitaría filtración, limpieza y estrategias de mantenimiento que el prototipo de laboratorio todavía no permite cuantificar con precisión.

El agua del aire tampoco llega completamente limpia

La atmósfera contiene partículas, microorganismos y contaminantes. En sistemas que condensan humedad, además, las superficies húmedas y los depósitos pueden favorecer la aparición de biofilms si no existe un mantenimiento adecuado.

Para fabricar hidrógeno esto plantea un problema diferente al del agua potable: las impurezas pueden afectar al electrolizador, los electrodos y la estabilidad del proceso.

Un sistema comercial necesitaría controlar la calidad del agua atmosférica recuperada y establecer procedimientos de limpieza y tratamiento adecuados.

Es otro recordatorio útil: sacar agua del aire parece sencillo hasta que se intenta hacerlo todos los días durante años.

Materiales mejores podrían cambiar bastante el resultado

El propio estudio identifica una de sus principales oportunidades de mejora.

La espuma de vidrio utilizada no es particularmente buena almacenando agua si se compara con materiales específicamente desarrollados para captación atmosférica.

En los últimos años se han investigado hidrogeles higroscópicos, polímeros superabsorbentes y estructuras metal-orgánicas conocidas como MOF, capaces de capturar cantidades importantes de humedad incluso en ambientes muy secos.

Integrar materiales de este tipo podría aumentar la captación, reducir la superficie necesaria o mantener durante más tiempo la producción entre ciclos.

El problema será encontrar un material que combine elevada absorción, estabilidad química, bajo coste, durabilidad y compatibilidad con la electrólisis. Tener una enorme capacidad para capturar agua sirve de poco si el material se degrada rápidamente dentro de un dispositivo electroquímico.

Potencial

El interés real de esta tecnología probablemente no esté en sustituir todos los electrolizadores conectados a redes de agua.

Tiene más sentido como solución especializada para lugares donde el agua es el factor limitante.

Una planta solar situada en una región semiárida podría utilizar parte de su electricidad para producir hidrógeno mientras obtiene del ambiente el agua necesaria. También podrían estudiarse instalaciones remotas, pequeñas plantas de amoníaco renovable o sistemas energéticos aislados donde construir infraestructura hídrica resulte demasiado costoso.

La captación atmosférica también permitiría aprovechar variaciones naturales de humedad. Durante la noche, cuando en muchos desiertos aumenta la humedad relativa, el sistema podría recuperar agua con mayor facilidad y coordinar esa captación con la producción renovable y el almacenamiento energético.

El siguiente salto deberá ser experimental: prototipos mayores funcionando durante meses al aire libre, expuestos al polvo, cambios de temperatura, ciclos de humedad y electricidad fotovoltaica variable.

Ahí se verá cuánto de la ventaja calculada sobre el papel sobrevive al mundo real.

Más información: Design and control of atmospheric water electrolysis systems for green hydrogen in arid environments

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Publicado en: Hidrógeno

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