
Un estudio de casi 247.000 centros educativos revela cómo se ha disparado la exposición infantil a partículas peligrosas y qué medidas pueden proteger a los escolares.
- 🔥 Ocho veces más días afectados: los colegios públicos pasaron de una media de 6,8 días con humo en 2006 a 54,4 días en 2023.
- 🏫 Las guarderías registran un aumento todavía mayor: de 9,4 a 112,2 días anuales, casi doce veces más.
- 🌫️ El humo también entra en las aulas: en algunos centros, las concentraciones de partículas contaminantes llegaron a superar las registradas en el exterior.
- 👧 Millones de menores potencialmente afectados: los investigadores estimaron 3.660 millones de jornadas acumuladas de exposición potencial durante 2023.
- 🌱 Existen soluciones: mejorar la filtración, instalar purificadores HEPA y vigilar la calidad del aire puede reducir la exposición de los escolares.
Los incendios forestales ya no solo amenazan a las poblaciones próximas a las llamas. El humo puede viajar cientos o incluso miles de kilómetros y deteriorar la calidad del aire en lugares aparentemente seguros, como los colegios. Una investigación de la Universidad Estatal de Oregón revela que los centros educativos estadounidenses están expuestos al humo de los incendios muchos más días que hace menos de dos décadas. Y hay un dato especialmente preocupante: permanecer dentro de un aula no siempre garantiza respirar un aire más limpio.
Los incendios forestales están cambiando el aire que respiran los escolares
Durante décadas, la contaminación provocada por los incendios forestales se ha considerado principalmente un problema de las comunidades próximas a las zonas quemadas. Sin embargo, los grandes episodios de humo han demostrado que sus consecuencias pueden extenderse a regiones situadas a enormes distancias.
Las partículas liberadas durante la combustión de la vegetación pueden permanecer suspendidas en la atmósfera y desplazarse impulsadas por las corrientes de aire. Cuando llegan a ciudades y poblaciones, pueden deteriorar la calidad del aire durante días o incluso semanas.
Una investigación de la Universidad Estatal de Oregón ha analizado cómo ha evolucionado este problema en los centros educativos de Estados Unidos entre 2006 y 2023.
El trabajo, publicado en la revista científica Environmental Research, examinó la exposición al humo de los incendios en 115.612 colegios públicos y 131.372 centros de educación y cuidado infantil.
Los resultados muestran un incremento extraordinario de los días afectados por humo, especialmente durante los últimos años del periodo estudiado.
De siete a más de 54 días de humo al año
En 2006, los colegios públicos estadounidenses registraban una media de 6,8 días anuales afectados por humo de incendios forestales. En 2023, esa cifra había aumentado hasta los 54,4 días.
Esto representa un incremento del 700 %, es decir, ocho veces más días afectados en apenas 17 años.
La situación resulta todavía más llamativa en los centros de cuidado infantil. En ellos, la media pasó de 9,4 días anuales en 2006 a 112,2 días en 2023, casi doce veces más.
Conviene tener en cuenta una diferencia metodológica: mientras que los días correspondientes a los colegios se contabilizaron durante el calendario académico, los centros infantiles se analizaron durante todo el año.
Además, un día afectado por humo no implica necesariamente que se hayan superado los valores de referencia sanitarios de contaminación. La investigación cuantifica la presencia de humo y las oportunidades de exposición, no exclusivamente los episodios de contaminación extrema.
Los científicos también calcularon la exposición potencial acumulada de los estudiantes. Solo durante 2023, los colegios públicos registraron aproximadamente 2.640 millones de jornadas de exposición potencial, a las que se sumaron otros 1.020 millones en centros infantiles.
En conjunto, representan 3.660 millones de jornadas acumuladas. Esta cifra suma los días afectados para todos los menores potencialmente expuestos y no debe interpretarse como el número de días que respiró humo cada estudiante individualmente.
El dato más inquietante: algunas aulas tenían peor calidad del aire que el exterior
Uno de los resultados más relevantes de la investigación cuestiona una idea bastante extendida: que permanecer dentro de un edificio siempre protege frente a la contaminación atmosférica.
Durante los episodios de humo, las autoridades suelen recomendar permanecer en espacios interiores y mantener cerradas puertas y ventanas. Aunque esta medida puede reducir la exposición, su eficacia depende de las características del edificio y de sus sistemas de ventilación y filtración.
Para comprobarlo, los investigadores analizaron mediciones de partículas finas realizadas dentro y fuera de 71 instalaciones de la costa oeste de Estados Unidos.
La relación mediana entre las concentraciones interiores y exteriores de partículas PM2,5 fue de 0,86.
Esto significa que, en el punto central de las observaciones, la concentración interior equivalía aproximadamente al 86 % de la registrada fuera del edificio.
Sin embargo, las diferencias entre instalaciones eran importantes. En algunos centros, las concentraciones interiores llegaron a superar las exteriores.
El humo puede penetrar a través de ventanas, puertas, juntas y sistemas de ventilación que carezcan de filtros adecuados. Además, determinadas actividades desarrolladas dentro de los edificios pueden generar partículas adicionales.
Por tanto, cerrar las ventanas no siempre es suficiente para garantizar una buena calidad del aire durante un episodio prolongado de contaminación.
Por qué las partículas PM2,5 son especialmente peligrosas para los niños
El humo de los incendios forestales contiene una mezcla compleja de gases y partículas procedentes de la combustión de vegetación y otros materiales.
Entre los contaminantes más preocupantes se encuentran las partículas PM2,5, cuyo diámetro aerodinámico es igual o inferior a 2,5 micrómetros.
Su tamaño es aproximadamente treinta veces menor que el grosor de un cabello humano, aunque esta comparación varía según el tipo de cabello.
Estas partículas pueden penetrar profundamente en el sistema respiratorio y alcanzar las regiones pulmonares donde se produce el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono.
La exposición a concentraciones elevadas de PM2,5 se ha relacionado con el agravamiento del asma, la irritación respiratoria, otros problemas pulmonares y efectos cardiovasculares.
Los niños constituyen una población especialmente vulnerable porque sus pulmones todavía están desarrollándose y sus mecanismos de defensa frente a determinados contaminantes no son idénticos a los de los adultos.
Además, su actividad física y sus patrones respiratorios pueden incrementar la cantidad de partículas inhaladas en determinadas circunstancias.
Es importante precisar que el estudio no demuestra que todos los menores expuestos hayan desarrollado problemas de salud. Lo que documenta es un incremento significativo de las oportunidades de exposición a contaminantes cuyos efectos perjudiciales están ampliamente estudiados.
El humo ya no afecta únicamente a las regiones donde se producen los incendios
Los grandes incendios forestales pueden liberar enormes cantidades de partículas a la atmósfera. Dependiendo de las condiciones meteorológicas, estas pueden desplazarse a grandes distancias y afectar a comunidades situadas muy lejos de los focos.
La investigación encontró diferencias geográficas significativas en Estados Unidos.
Las regiones del sur y del medio oeste registraron los mayores números de días afectados por humo, mientras que el oeste experimentó algunos de los episodios de mayor intensidad.
Esta distinción resulta importante porque una región puede acumular muchos días con presencia de humo relativamente tenue, mientras que otra puede sufrir menos episodios, pero con concentraciones de partículas mucho más elevadas.
El cambio climático añade un factor de preocupación. Las temperaturas elevadas, las sequías y determinadas condiciones meteorológicas pueden favorecer incendios más extensos o intensos, aunque su evolución también depende de la gestión forestal, las fuentes de ignición y otros factores.
En consecuencia, las comunidades alejadas de los grandes bosques tampoco pueden considerarse completamente protegidas frente a la contaminación generada por los incendios.

Qué pueden hacer los colegios para proteger a los escolares
Los resultados del estudio también ponen de manifiesto que existen medidas relativamente accesibles para reducir la exposición al humo dentro de los edificios educativos.
Mejorar los sistemas de filtración
Los sistemas de ventilación y climatización pueden incorporar filtros capaces de retener una parte importante de las partículas finas presentes en el aire.
Cuando los equipos son compatibles, los filtros de mayor eficiencia, como los clasificados MERV 13, pueden mejorar la eliminación de partículas respecto a filtros convencionales de menor capacidad.
Sin embargo, su instalación debe comprobarse técnicamente, ya que una mayor resistencia al paso del aire puede afectar al funcionamiento de equipos que no estén preparados para utilizarlos.
Instalar purificadores de aire con filtros HEPA
Los purificadores portátiles con filtros HEPA constituyen una alternativa para mejorar la calidad del aire en aulas y otros espacios cerrados.
Estos dispositivos pueden capturar una elevada proporción de las partículas finas que atraviesan el filtro, incluidas las presentes en el humo de los incendios.
Para que resulten eficaces, deben dimensionarse teniendo en cuenta el volumen de la estancia, el caudal de aire limpio suministrado y el tiempo de funcionamiento.
También es importante evitar equipos que generen ozono como subproducto.
Monitorizar la contaminación dentro de las aulas
La instalación de sensores de partículas PM2,5 puede ayudar a detectar episodios de contaminación y comprobar si las medidas de filtración están funcionando.
Estos dispositivos permiten observar tendencias y comparar las condiciones interiores con las exteriores, aunque los sensores económicos deben utilizarse teniendo en cuenta sus limitaciones de precisión.
La monitorización del CO₂ también puede aportar información sobre la ventilación, pero no sustituye a la medición directa de partículas PM2,5.
Adaptar las actividades escolares durante los episodios de humo
Los centros educativos pueden establecer protocolos para modificar temporalmente las actividades deportivas al aire libre, reducir la exposición exterior y habilitar espacios interiores con aire filtrado.
Estas decisiones deben apoyarse en información actualizada sobre la calidad del aire y en las recomendaciones de las autoridades sanitarias.
En cualquier caso, las medidas para reducir la entrada de humo deben equilibrarse con las necesidades de ventilación del edificio, especialmente cuando las condiciones de contaminación se prolongan durante varios días.

Una advertencia que también interesa a España
Aunque la investigación se centra exclusivamente en Estados Unidos, sus conclusiones plantean cuestiones relevantes para España y otros países mediterráneos.
Los incendios forestales pueden generar episodios de contaminación atmosférica que afecten a poblaciones alejadas de las zonas quemadas.
En un contexto de olas de calor, sequías y condiciones favorables a incendios de gran intensidad, la calidad del aire interior de los colegios merece una atención específica.
La rehabilitación energética de los centros educativos suele centrarse en mejorar el aislamiento, reducir el consumo de calefacción y refrigeración e incrementar el confort térmico.
Sin embargo, un edificio energéticamente eficiente no garantiza necesariamente una buena calidad del aire interior.
Un colegio puede mantener temperaturas confortables y consumir poca energía sin disponer de sistemas adecuados para eliminar las partículas finas que penetran desde el exterior.
Por este motivo, las actuaciones de mejora de los edificios educativos deberían considerar conjuntamente la eficiencia energética, la ventilación, la filtración y la monitorización ambiental.
Eso sí, las cifras obtenidas en Estados Unidos no pueden extrapolarse directamente a los colegios españoles sin investigaciones equivalentes que tengan en cuenta las condiciones climáticas, la exposición al humo y las características de los edificios.
La calidad del aire en las aulas, un nuevo desafío de adaptación climática
La investigación muestra una consecuencia de los incendios forestales que suele quedar en segundo plano frente a la destrucción de vegetación, las emisiones de gases de efecto invernadero o los daños materiales: la exposición acumulada de millones de menores a la contaminación atmosférica.
Los centros educativos son espacios especialmente importantes para actuar porque concentran a una población vulnerable durante muchas horas al día y permiten aplicar medidas de protección de manera coordinada.
La mejora de los sistemas de filtración, la instalación de purificadores, la monitorización ambiental y la planificación ante episodios de humo pueden convertirse en herramientas relevantes de adaptación.
La principal enseñanza del estudio es que la protección frente a los incendios forestales no termina cuando las llamas están lejos. También depende de la calidad del aire que respiran los niños dentro de las aulas.
Más información: Spatio-temporal trends in wildfire smoke exposures at schools and childcare centers in the United States and implications for child and adolescent health

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