• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
  • Saltar a la barra lateral principal
  • Publica tu artículo
  • Publicidad
  • Contacto
  • Aviso legal
  • Privacidad
  • Cookies

EcoInventos

Tu blog de gadgets ecológicos

Factoria digital EcoInventos
  • Lo + Visto
  • Renovables
  • Energía solar
  • Fotovoltaica
  • Autoconsumo
  • Arquitectura
BLUETTI

El océano Pacífico está cambiando de color y los científicos sospechan que los microplásticos tienen algo que ver

7 noviembre, 2026 Deja un comentario

Valora este contenido
¿Te interesa la sostenibilidad? Añade EcoInventos como fuente preferida para encontrar más fácilmente nuestros artículos en Google.
Añadir a Google
Imagen generada por IA

Dos décadas de observaciones por satélite revelan una señal inesperada en el agua que podría abrir una nueva forma de detectar la contaminación marina.

  • 🛰️ 20 años de observaciones: los investigadores analizaron registros satelitales correspondientes al periodo 2002-2022.
  • 🌊 Un océano más brillante: se detectó un aumento de la reflectancia en las bandas azul y verde cerca de la gran mancha de basura del Pacífico.
  • 🔬 Microplásticos diminutos: el estudio investiga el posible efecto óptico de partículas inferiores a 300 micrómetros.
  • 📊 Resultados de las simulaciones: el patrón observado apareció en el 13 % de los escenarios con microplásticos, frente al 3 % de los escenarios sin ellos.
  • ⚠️ Una hipótesis pendiente de confirmar: todavía no se ha demostrado que los microplásticos sean responsables del cambio detectado.

El océano Pacífico está experimentando un cambio que resulta prácticamente imperceptible para el ojo humano, pero que los satélites llevan años registrando. Cerca de la gran mancha de basura del Pacífico, una extensa región donde las corrientes marinas concentran residuos plásticos, el agua refleja cada vez más luz en determinadas longitudes de onda.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Bergen, en Noruega, plantea una explicación preocupante: la acumulación de diminutas partículas de plástico podría estar modificando las propiedades ópticas del océano.

El hallazgo, publicado en la revista científica Communications Earth & Environment, también abre una posibilidad hasta ahora difícil de materializar: utilizar satélites para rastrear indirectamente la contaminación por microplásticos sin depender exclusivamente de la recogida de muestras de agua.

El cambio que los satélites llevan dos décadas registrando

En el Pacífico norte, aproximadamente entre California y Hawái, las corrientes oceánicas favorecen la acumulación de residuos plásticos en una extensa región conocida como la gran mancha de basura del Pacífico.

Pese a su nombre, no se trata de una isla compacta de basura que pueda observarse fácilmente desde el espacio. Es una zona donde se concentran residuos de distintos tamaños, desde redes de pesca y fragmentos de envases hasta partículas microscópicas suspendidas en el agua.

Los investigadores Shea Cheatham, Daniel Koestner y Børge Hamre analizaron tres registros independientes de observaciones satelitales para estudiar cómo había evolucionado el color del agua entre 2002 y 2022.

Encontraron un fenómeno llamativo: las aguas próximas a esta región reflejaban progresivamente más luz azul y verde que otras zonas oceánicas circundantes.

No significa necesariamente que una persona que navegue por allí pueda apreciar un cambio evidente de tonalidad. Se trata de variaciones en la reflectancia espectral, una propiedad física que los sensores de observación terrestre pueden medir con mucha mayor sensibilidad que el ojo humano.

La cuestión era determinar qué estaba provocando ese aumento de luminosidad.

¿Cómo pueden los microplásticos cambiar el color del océano?

El color del mar depende de cómo la radiación solar interactúa con el agua y los materiales que contiene.

Una parte de la luz es absorbida y otra se dispersa en distintas direcciones. La cantidad y las longitudes de onda que regresan hacia la superficie determinan la señal registrada por los satélites.

El fitoplancton, las partículas minerales, la materia orgánica disuelta y otros componentes naturales influyen en ese proceso.

Los microplásticos también pueden hacerlo.

Cuando la luz alcanza una partícula de plástico suspendida, parte de esa radiación puede dispersarse. La intensidad y distribución de esa dispersión dependen del tamaño de la partícula, su composición y sus propiedades ópticas.

Si existen suficientes partículas en la columna de agua, su contribución conjunta puede modificar la reflectancia registrada por los sensores.

El equipo utilizó modelos de transferencia radiativa para simular estas interacciones y comprobó que la presencia de pequeños microplásticos podía producir un aumento de la reflectancia compatible con el observado en las bandas azul y verde.

Esto resulta especialmente interesante porque los métodos de detección satelital utilizados para localizar residuos flotantes de mayor tamaño, basados en parte en señales del infrarrojo, no funcionan igual de bien con partículas microscópicas dispersas bajo la superficie.

El dato más revelador: del 3 % al 13 %

Para comprobar si el fenómeno podía explicarse mediante procesos naturales, los investigadores realizaron simulaciones que modificaban las concentraciones de los componentes presentes en el agua.

El estudio incluyó más de 50.000 espectros simulados y evaluó diferentes combinaciones de variables ópticas y biogeoquímicas.

Los resultados mostraron una diferencia significativa:

  • Sin microplásticos: aproximadamente el 3 % de los escenarios simulados reproducían el patrón de aumento de luminosidad observado.
  • Con microplásticos: el porcentaje aumentaba hasta aproximadamente el 13 %.

La incorporación de microplásticos hizo que el patrón observado resultara más de cuatro veces más frecuente dentro de las simulaciones.

Además, los escenarios sin plásticos que reproducían esa señal exigían cambios especialmente pronunciados en las condiciones naturales del ecosistema.

Esto refuerza la hipótesis de que los microplásticos podrían contribuir al fenómeno, aunque no permite atribuirles de forma definitiva el cambio detectado.

Es importante señalar que estos porcentajes no representan la probabilidad de que los microplásticos sean la causa real del fenómeno, sino la frecuencia con la que los modelos reprodujeron determinadas características de la señal observada.

Una nueva forma de vigilar la contaminación marina desde el espacio

La posible aplicación práctica del descubrimiento podría ser incluso más importante que el propio cambio de color.

Actualmente, cuantificar los microplásticos marinos requiere campañas oceanográficas, recogida de muestras y análisis de laboratorio. Son procedimientos indispensables, pero costosos y difíciles de extender a enormes superficies oceánicas.

Si se confirma que determinadas concentraciones de microplásticos producen una señal óptica identificable, los satélites podrían ayudar a localizar regiones donde se están acumulando estas partículas.

Entre sus posibles aplicaciones se encuentran:

  • Seguimiento de grandes zonas de acumulación: identificar regiones oceánicas donde podrían concentrarse partículas de plástico.
  • Observación de tendencias a largo plazo: estudiar cómo evoluciona la señal óptica durante años o décadas.
  • Planificación de campañas oceanográficas: seleccionar áreas prioritarias para recoger muestras y comprobar las concentraciones reales.
  • Evaluación de medidas de prevención: complementar el seguimiento de los cambios en la contaminación marina.

No obstante, el método todavía no permite medir directamente cuántos microplásticos contiene una determinada masa de agua.

Para convertirlo en una herramienta operativa será necesario relacionar las observaciones satelitales con concentraciones medidas sobre el terreno y comprobar cómo afectan las distintas características de las partículas a la señal óptica.

Imagen generada por IA

Los científicos advierten: todavía no se ha demostrado la causa

El estudio ha despertado interés, pero también reservas entre especialistas en contaminación marina.

Según las valoraciones recogidas por el Science Media Centre España, Anna Sànchez-Vidal, investigadora de la Universidad de Barcelona, considera que la propuesta abre una vía prometedora para detectar indirectamente partículas muy pequeñas, aunque insiste en que debe validarse mediante campañas oceanográficas.

Por su parte, Andrés Cózar, investigador de la Universidad de Cádiz, cuestiona que las concentraciones actuales de microplásticos sean suficientes para producir una señal detectable con los sensores utilizados.

También señala otras posibles explicaciones, como cambios en las comunidades de fitoplancton, variaciones en la calibración de los instrumentos o incertidumbres en las correcciones atmosféricas aplicadas a los datos.

Estas objeciones son importantes porque detectar una correlación entre la contaminación y un cambio óptico no equivale a demostrar una relación causal.

Los propios autores reconocen esta limitación y plantean la necesidad de realizar mediciones simultáneas de microplásticos y propiedades ópticas del agua en la zona estudiada.

¿Podría utilizarse también en el mar Mediterráneo?

El Mediterráneo es una de las regiones donde resultaría especialmente interesante disponer de mejores herramientas de vigilancia de microplásticos.

Sin embargo, aplicar directamente el procedimiento desarrollado para el Pacífico norte sería complicado.

Las aguas mediterráneas, especialmente cerca de la costa, presentan una mayor complejidad óptica debido a la presencia de sedimentos, materia orgánica, fitoplancton y aportes procedentes de tierra firme.

Todos estos componentes pueden modificar la luz reflejada por el agua y dificultar la identificación de una señal atribuible específicamente a partículas de plástico.

Por ello, las observaciones satelitales deberían complementar, y no sustituir, los muestreos directos.

Una posible línea de investigación consistiría en combinar los datos de los satélites europeos Sentinel con mediciones oceanográficas realizadas en distintas zonas del Mediterráneo. Esto permitiría comprobar si existen patrones ópticos relacionados con la presencia de microplásticos y si pueden distinguirse de las variaciones naturales del ecosistema.

El verdadero problema: los plásticos que ya no pueden recogerse

La investigación también pone de manifiesto una de las mayores dificultades de la contaminación plástica: cuanto más pequeños son los fragmentos, más complicado resulta retirarlos del medio marino.

Los residuos grandes pueden recuperarse parcialmente mediante sistemas de recogida, aunque estas operaciones presentan importantes limitaciones técnicas y ambientales.

En cambio, los microplásticos suspendidos en la columna de agua pueden alcanzar tamaños similares a los de partículas naturales y organismos microscópicos.

Separarlos a gran escala sin afectar al ecosistema es un desafío mucho mayor.

Además, estas partículas pueden ser ingeridas por organismos situados en la base de las redes tróficas y transferirse posteriormente a otros niveles de la cadena alimentaria.

Por eso, mejorar su detección resulta importante, pero no resuelve por sí mismo el problema.

La prevención de la entrada de plásticos al medio marino, la reducción de pérdidas durante su producción y utilización, y una gestión más eficaz de los residuos siguen siendo actuaciones fundamentales.

La investigación de la Universidad de Bergen no demuestra todavía que los microplásticos estén cambiando el color del Pacífico. Sí identifica una señal física compatible con su acumulación y propone una nueva estrategia para investigar una contaminación que, por su tamaño, permanece en gran medida fuera del alcance de los sistemas habituales de observación.

Si las próximas campañas oceanográficas confirman la relación, el color del océano podría convertirse en una herramienta adicional para seguir desde el espacio la evolución de la contaminación por microplásticos.

Más información: Shea Cheatham et al., El color del océano está cambiando cerca de la Gran Mancha de Basura del Pacífico, Communications Earth & Environment (2026). DOI: 10.1038/s43247-026-04071-0

Canal de WhatsApp de EcoInventos

Publicado en: Contaminación

Interacciones con los lectores

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Barra lateral principal

Una bicicleta eléctrica que quiere sustituir al segundo coche familiar: lleva niños, carga y tiene hasta 180 km de autonomía

Suspensión integral, cambio automático, radar trasero y batería semisólida: así es la nueva propuesta de movilidad urbana que busca conquistar a las familias.

Las peores olas de calor que hemos vivido podrían quedarse pequeñas frente a las que vienen, según un nuevo estudio

Un análisis de 22 episodios históricos revela hasta qué punto podría cambiar el calor extremo durante este siglo y por qué las ciudades no están preparadas.

Desarrollan una microfábrica que convierte archivos digitales en ADN para almacenarlos durante años sin consumir electricidad

Del disco duro al ADN: crean una máquina que guarda información digital en pequeñas cápsulas sin necesidad de electricidad.

Desarrollan un chaleco salvavidas que aprovecha el movimiento de las olas para generar electricidad y emitir señales SOS

La clave está en unas gotas de metal líquido capaces de transformar pequeños movimientos en energía. Una innovación que podría cambiar la seguridad en el mar.

Convierten bolsas y botellas de plástico en un pegamento tan resistente que solo 13 miligramos sostienen 20 kilos

De basura a pegamento industrial: desarrollan un método para transformar bolsas y botellas de plástico en adhesivos ultrarresistentes.

Científicos descubren que utilizar ovejas para mantener los parques solares puede aumentar un 38 % la presencia de insectos beneficiosos

Un estudio de tres años revela que la cantidad de animales por hectárea es clave para proteger a las abejas, reducir el uso de maquinaria y generar nuevos ingresos para los ganaderos.

¿Por qué se seca el romero dentro de casa? Los errores de riego, luz y drenaje que pueden acabar con él

Una planta aparentemente sana puede deteriorarse en pocas semanas. Aprende a reconocer las señales de alerta y descubre cómo recuperarla antes de que sea demasiado tarde.

Entrenan perros domésticos para encontrar plantas invasoras: consiguen detectarlas en el 75 % de las búsquedas

Un estudio en Alemania revela cómo el olfato canino puede convertirse en una herramienta para proteger la biodiversidad y frenar la expansión de especies invasoras.

Científicos japoneses crean espejos biodegradables con materiales vegetales: reflejan más del 95 % de la luz y podrían ayudar a mantener las casas frescas

Inspirados en los colores metálicos de los escarabajos, investigadores de Japón han desarrollado una innovadora película óptica con celulosa y pectina que abre nuevas posibilidades para la construcción sostenible.

Desarrollan un pequeño dispositivo solar que convierte agua salada y contaminada en agua dulce: produce 1,64 litros en ocho horas

Combina una lente de Fresnel y un innovador sistema de evaporación que reduce las pérdidas de calor y funciona incluso con aguas muy ácidas o aceitosas.

Puede revisar y cambiar sus preferencias de cookies con respecto a este sitio web en este enlace.

Copyright EcoInventos © 2026 - Aviso legal - Política de privacidad RGPD - Cookies