
Los embalses de EE. UU. acumulan 61.300 millones de toneladas de sedimentos y pierden capacidad para almacenar agua.
- 💧 57.117 embalses analizados.
- 🪨 63,8 km³ de sedimentos acumulados hasta 2025.
- 📉 Más del 40 % con pérdidas superiores al 25 % de su capacidad original.
- ⚖️ 61,3 gigatoneladas de sedimentos retenidos.
- 📆 83 km³ de sedimentos previstos para 2050.
- 🌊 Menos material disponible para alimentar deltas y costas.
Un gran estudio publicado en Nature Communications pone cifras a un problema que avanza lentamente bajo el agua: los embalses pierden capacidad a medida que los ríos depositan en ellos arena, limo y otros sedimentos. El análisis abarca 57.117 embalses de Estados Unidos y reconstruye su evolución desde 1700, con proyecciones hasta 2050.
¿Por qué importa?
Un embalse puede seguir apareciendo en los mapas exactamente igual que hace décadas y, al mismo tiempo, almacenar bastante menos agua. Los sedimentos van ocupando desde el fondo una parte del volumen diseñado para abastecimiento, regadío, control de inundaciones o producción hidroeléctrica.
El problema tiene además una segunda cara. Ese material que queda atrapado detrás de las presas deja de desplazarse río abajo. Y los sedimentos no son simplemente barro que sobra: ayudan a reconstruir riberas, llanuras aluviales, humedales y deltas sometidos a erosión y al aumento del nivel del mar.
Los embalses también envejecen
Cuando se piensa en el deterioro de una presa suelen aparecer grietas, compuertas, hormigón o instalaciones eléctricas. Hay otra forma de envejecimiento mucho menos visible.
Los ríos transportan continuamente partículas erosionadas de las cuencas. Al entrar en un embalse, el agua pierde velocidad y parte de ese material se deposita en el fondo.
Año tras año. Crecida tras crecida.
El resultado es una especie de relleno progresivo del vaso del embalse. La presa puede encontrarse estructuralmente en buenas condiciones mientras el volumen útil situado detrás de ella disminuye.
El nuevo trabajo permite observar el fenómeno a una escala poco habitual. Los investigadores utilizaron el modelo RATTES para estimar la sedimentación y la pérdida de almacenamiento de 57.117 embalses del territorio continental estadounidense durante el periodo 1700-2050.
La fotografía obtenida resulta bastante más preocupante cuando se abandona el promedio nacional.
El 7,7 % esconde una realidad mucho más desigual
En conjunto, los investigadores calculan una pérdida acumulada del 7,7 % de la capacidad de almacenamiento diseñada.
A primera vista puede parecer una cifra manejable.
No cuenta toda la historia.
Más de dos quintas partes de los embalses estudiados ya habrían perdido más del 25 % de su capacidad original.
La sedimentación no se distribuye uniformemente. Depende de la edad de la infraestructura, las características de la cuenca, la erosión, la geología, el uso del suelo, los incendios, las precipitaciones y la cantidad de material transportado por cada río.
Dos embalses construidos en fechas similares pueden, por tanto, encontrarse décadas después en situaciones completamente diferentes.
Eso tiene una consecuencia práctica importante: la capacidad indicada en los registros históricos no necesariamente coincide con el volumen que realmente puede almacenarse hoy.
Para gestionar sequías, inundaciones y abastecimiento, conocer ese volumen efectivo resulta bastante más útil que trabajar exclusivamente con la capacidad existente cuando se construyó la presa.
63,8 kilómetros cúbicos de material atrapado
El modelo estima que en 2025 se habían acumulado aproximadamente 63,8 km³ de sedimentos en los embalses analizados.
Para 2050, la cifra podría alcanzar los 83 km³.
No es poca cosa.
En términos de masa, los investigadores calculan unos 61,3 gigatoneladas de sedimentos acumulados, aproximadamente siete veces la carga global de sedimentos transportada anualmente por los ríos del planeta.
Esta comparación permite entender la escala geológica del fenómeno. Las presas no almacenan únicamente agua. Con el paso de las décadas se convierten también en enormes depósitos artificiales de materiales que anteriormente continuaban su recorrido hacia las zonas bajas de las cuencas.
Y ahí aparece una consecuencia que queda bastante lejos del propio embalse.
El sedimento que falta en las costas
Un río natural transporta agua y sedimentos. Ambos elementos forman parte de su funcionamiento.
Arena, limo y arcilla erosionados kilómetros tierra adentro pueden terminar contribuyendo a formar bancos fluviales, marismas, estuarios y deltas.
Las presas interrumpen parcialmente ese transporte.
Según el estudio, el 79 % de los sedimentos almacenados en embalses estadounidenses se encuentra a más de 500 km de la costa. Eso hace poco realista pensar que todo ese material pueda simplemente recuperarse y enviarse hasta el mar.
Hay, sin embargo, un grupo especialmente interesante: aproximadamente el 7 % se encuentra retenido detrás de presas terminales, es decir, las últimas grandes barreras antes de que los ríos alcancen las zonas costeras.
En esos lugares, una gestión diferente de los sedimentos podría tener un efecto mucho más directo sobre los ecosistemas situados aguas abajo.
Los deltas necesitan material para mantenerse
El vínculo con los deltas es uno de los resultados más interesantes de la investigación.
Estas formaciones sobreviven gracias a un equilibrio delicado. El mar erosiona y redistribuye materiales mientras los ríos aportan nuevos sedimentos.
Cuando ese suministro disminuye y, al mismo tiempo, aumenta el nivel del mar, el balance empeora.
Los investigadores plantearon un escenario teórico: ¿qué ocurriría si los deltas estadounidenses recibieran la cantidad anual de sedimentos que actualmente queda atrapada en los embalses?
Sus cálculos indican que en aproximadamente la mitad de los deltas analizados, la tasa de acumulación vertical resultante sería comparable al ritmo del aumento eustático del nivel del mar.
No significa que liberar sedimentos vaya a detener automáticamente la pérdida de costas. La compactación del terreno, la subsidencia, las corrientes, las tormentas, la urbanización y la propia configuración de cada delta también intervienen.
Sí revela algo importante: la gestión de sedimentos puede formar parte de las estrategias de adaptación costera.
Un recurso que durante décadas se ha tratado como residuo
Tradicionalmente, el sedimento acumulado representa un problema de mantenimiento.
Hay que dragarlo, desplazarlo o encontrar dónde depositarlo. Todas esas operaciones pueden ser costosas.
La perspectiva empieza a cambiar.
En determinados lugares, ese material puede considerarse un recurso para restauración ambiental. Sedimentos adecuados pueden emplearse para recuperar humedales, reforzar zonas erosionadas, reconstruir hábitats fluviales o alimentar áreas costeras deficitarias.
No todo el material sirve.
Su granulometría importa. También su composición química y la posible presencia de metales pesados, nutrientes, contaminantes persistentes u otras sustancias acumuladas durante décadas.
Mover millones de toneladas sin caracterización previa podría trasladar un problema ambiental de un lugar a otro.
Ahí está precisamente el reto: pasar de retirar sedimentos por mantenimiento a gestionarlos como parte del ciclo completo de la cuenca.
No existe una única forma de recuperar capacidad
Las alternativas dependen enormemente de cada presa.
El dragado permite extraer físicamente los depósitos y recuperar parte del volumen perdido, aunque puede resultar caro y consumir mucha energía cuando se manejan grandes cantidades.
Otra posibilidad consiste en favorecer el paso controlado de sedimentos durante determinados episodios de caudal elevado. En algunas infraestructuras también pueden emplearse sistemas de derivación para evitar que una parte del material llegue a depositarse.
Existen además técnicas de descarga o vaciado destinadas a movilizar sedimentos acumulados.
Cada método plantea compromisos diferentes entre costes, disponibilidad de agua, generación hidroeléctrica, seguridad de la infraestructura y protección de los ecosistemas aguas abajo.
Por eso, probablemente el cambio más importante no sea una máquina concreta. Es incorporar la sedimentación a la gestión ordinaria del embalse desde el principio, en lugar de intervenir únicamente cuando la pérdida de capacidad ya es grave.
Incendios y lluvias extremas complican el escenario
La sedimentación tampoco puede separarse del cambio que están experimentando las cuencas.
Después de un incendio forestal intenso desaparece buena parte de la vegetación que protege el suelo. Las lluvias posteriores pueden movilizar grandes cantidades de cenizas, arena, limo y restos orgánicos hacia barrancos y ríos.
Una parte termina en los embalses.
En otras regiones ocurre algo parecido por deforestación, agricultura intensiva, construcción de carreteras o degradación del suelo.
El cambio climático añade otra variable. Una precipitación anual similar puede producir consecuencias muy distintas cuando el agua cae concentrada en unos pocos episodios torrenciales.
Más escorrentía superficial significa potencialmente más erosión y más transporte de sedimentos.
Para los gestores de embalses aparece una paradoja incómoda: unas infraestructuras cada vez más necesarias para amortiguar sequías y lluvias extremas pueden perder capacidad precisamente mientras aumenta la necesidad de almacenamiento.
Más capacidad sin construir otra presa
La sedimentación plantea una cuestión especialmente relevante en regiones con estrés hídrico.
Construir nuevos embalses implica inversiones enormes, ocupación de territorio, fragmentación de ríos y alteraciones ecológicas importantes. Además, los emplazamientos técnicamente favorables son limitados en muchas cuencas desarrolladas.
Recuperar parte del volumen perdido en infraestructuras existentes puede convertirse en otra pieza de la estrategia.
No reemplaza a la eficiencia hídrica, la reutilización de aguas residuales, la reducción de fugas, la restauración de acuíferos o la gestión de la demanda.
Pero permite formular una pregunta bastante sensata: antes de crear nueva capacidad de almacenamiento, ¿cuánta de la antigua podría recuperarse?

Claves del estudio
Cómo funciona
El estudio utiliza el modelo RATTES para reconstruir y proyectar la acumulación de sedimentos y la pérdida de almacenamiento en 57.117 embalses del territorio continental de Estados Unidos durante el periodo 1700-2050.
Los resultados se combinan con la posición de los embalses dentro de las cuencas para estudiar no únicamente cuánto material queda retenido, también cuánto deja de alcanzar las costas y los deltas.
En cifras
- 57.117 embalses incluidos en el análisis.
- 63,8 km³ de sedimentos acumulados estimados para 2025.
- 83 km³ proyectados para 2050.
- 7,7 % de pérdida acumulada de la capacidad diseñada del conjunto.
- Más del 40 % de los embalses con pérdidas superiores al 25 % de su capacidad original.
- 61,3 gigatoneladas de sedimentos acumulados.
Qué tiene de diferente
La principal aportación está en la escala espacial y temporal.
En lugar de analizar unas pocas grandes presas mediante mediciones individuales, el trabajo construye una visión conjunta de decenas de miles de embalses y conecta la pérdida de almacenamiento con otra consecuencia normalmente estudiada por separado: la reducción del suministro sedimentario hacia los deltas costeros.
Comparación directa con la gestión convencional
- Enfoque convencional: seguimiento individual de determinados embalses, mediciones batimétricas periódicas y actuaciones cuando la sedimentación comienza a afectar al almacenamiento o a la operación.
- Enfoque planteado por el estudio: modelización sistemática de grandes conjuntos de embalses para detectar zonas prioritarias, anticipar pérdidas futuras y estudiar simultáneamente las necesidades del embalse y de los ecosistemas situados aguas abajo.
No sustituye las mediciones de campo. Permite decidir dónde merece la pena realizarlas primero.
Limitaciones
Los resultados proceden en buena medida de modelización, no de mediciones directas realizadas en los 57.117 embalses.
Las estimaciones individuales tienen, por tanto, mayor incertidumbre que las obtenidas mediante levantamientos batimétricos específicos.
El comportamiento real de los sedimentos depende además de fenómenos locales difíciles de representar de manera uniforme: incendios, cambios de uso del suelo, grandes inundaciones, operaciones de las presas, granulometría o modificaciones futuras de las cuencas.
Tampoco puede interpretarse el volumen retenido como material automáticamente recuperable. Gran parte se encuentra demasiado lejos de la costa, y movilizar sedimentos puede resultar económica o ambientalmente inviable.
La presencia de contaminantes constituye otra restricción. Antes de reutilizar o liberar material acumulado durante décadas resulta necesario caracterizarlo.
Finalmente, el escenario relacionado con los deltas sirve para cuantificar el potencial sedimentario. No demuestra que trasladar físicamente todo ese material sea viable ni que pueda compensar por sí mismo el aumento del nivel del mar.
En qué fase se encuentra
Investigación y modelización científica aplicada.
No se trata de un prototipo tecnológico ni de una instalación piloto. El resultado principal es un modelo y una evaluación a escala continental que pueden servir como herramienta de apoyo para planificación, seguimiento y priorización de actuaciones.
Quién está detrás
El trabajo está firmado por investigadores vinculados a la Louisiana State University, University of Colorado Boulder, Bureau of Reclamation y Utah State University, en Estados Unidos.
Entre los autores figuran Abigail C. Eckland, Melissa A. Foster, Aaron A. Hurst, Mussie T. Beyene e Irina Overeem. La investigación recibió financiación del programa WaterSMART Applied Science del Bureau of Reclamation, mientras que Irina Overeem contó con apoyo asociado a la subvención EAR-2148762.
Fuente de los datos
Artículo científico revisado por pares publicado en Nature Communications el 25 de agosto de 2026, titulado Reservoir sedimentation diminishes water storage and coastal delta resiliency.
El trabajo fue recibido el 13 de febrero de 2026 y aceptado el 10 de agosto de 2026. En el momento de su publicación se encontraba disponible como versión temprana aceptada y citable, pendiente de la edición definitiva de la versión de registro.
Más información: Reservoir sedimentation diminishes water storage and coastal delta resiliency

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