
El nuevo convertidor MARMOK A-5 probará en el Cantábrico tecnologías que podrían reducir más del 50% el coste de la energía marina.
- 🌊 Energía de las olas en aguas reales.
- ⚡ Electricidad marina sin combustibles fósiles.
- 🔋 Baterías integradas y control inteligente.
- 🇪🇸 Nuevo ensayo tecnológico en la costa vasca.
- 🛠️ Pruebas de resistencia en mar abierto.
- 🌍 Europa acelerando la energía oceánica.
- 📈 Paso clave hacia la comercialización.
El País Vasco vuelve a mirar al mar para producir electricidad limpia
Las olas llevan décadas siendo una de las grandes promesas de la transición energética. Potentes, constantes y muy visibles en regiones atlánticas, representan una fuente renovable inmensa que todavía no ha logrado desplegarse a gran escala. Ahora, el País Vasco vuelve a colocarse en el mapa europeo de esta tecnología con el despliegue del nuevo dispositivo flotante MARMOK-A5, desarrollado por IDOM y probado en las instalaciones marinas de BiMEP, frente a la costa de Bizkaia.
El objetivo no es pequeño. Se trata de demostrar que la energía undimotriz —la obtenida del movimiento de las olas— puede operar de forma estable, rentable y resistente en uno de los entornos más agresivos que existen para cualquier infraestructura: el océano abierto.
Porque claro, generar electricidad en el mar suena bien. Mantener funcionando una máquina entre tormentas, salitre, corrosión y oleaje extremo… eso ya es otra historia.
Cómo funciona esta tecnología que aprovecha el movimiento del agua
El sistema MARMOK-A5 utiliza una tecnología conocida como columna de agua oscilante. El principio es relativamente sencillo de entender: las olas empujan el agua dentro de una cámara parcialmente cerrada, comprimiendo el aire que hay en su interior. Ese flujo de aire mueve una turbina capaz de producir electricidad.
Lo interesante aparece en los detalles. El nuevo prototipo incorpora palas controlables, sistemas inteligentes de gestión y baterías integradas a bordo, algo especialmente relevante para estabilizar la producción energética y mejorar el comportamiento del sistema en condiciones cambiantes.
Ese enfoque híbrido —mezcla de generación marina y almacenamiento— refleja hacia dónde se dirige gran parte del sector energético mundial. Las renovables ya no dependen únicamente de producir electricidad. Ahora importa cuándo se entrega, cómo se estabiliza y qué capacidad tiene el sistema para adaptarse a la red.
En el caso de las energías marinas, eso es vital.

BiMEP: un laboratorio energético flotando en el Cantábrico
La plataforma BiMEP se ha convertido en uno de los grandes centros europeos de ensayo para tecnologías marinas. Ubicada mar adentro frente a Armintza, dispone de infraestructuras de conexión eléctrica submarina, sistemas de monitorización y zonas específicamente diseñadas para validar prototipos energéticos en condiciones reales.
No es un banco de pruebas de laboratorio. Allí las máquinas se enfrentan al mar de verdad.
Y eso tiene muchísimo valor para empresas y centros tecnológicos. Una tecnología puede funcionar perfectamente sobre el papel o en simulaciones digitales, pero el océano suele desmontar teorías rápido. Muy rápido.
El precedente del propio MARMOK ya dejó datos importantes entre 2016 y 2019, cuando una versión anterior fue ensayada en la misma zona. Aquella experiencia permitió identificar mejoras técnicas relacionadas con mantenimiento, resistencia estructural y eficiencia energética. El nuevo modelo busca precisamente avanzar sobre esos aprendizimos.
Europa insiste en no abandonar la energía de las olas
Aunque la energía undimotriz todavía está lejos de competir en costes con la solar fotovoltaica o la eólica terrestre, Europa sigue invirtiendo en ella por una razón estratégica: el potencial es enorme.
La fachada atlántica europea posee algunas de las mejores condiciones del mundo para este tipo de generación. Irlanda, Escocia, Portugal, Francia y el norte de España aparecen recurrentemente en los mapas de alto recurso energético marino.
Además, las olas presentan ciertas ventajas interesantes:
- Mayor previsibilidad que el viento.
- Producción más estable en determinadas franjas horarias.
- Complementariedad con parques eólicos marinos.
- Alta densidad energética por superficie ocupada.
El programa europeo EuropeWave, que financia parte de estas instalaciones, nació precisamente para acelerar tecnologías que todavía están en fase precomercial pero que podrían jugar un papel importante en la descarbonización futura.
No es casualidad que Bruselas esté reforzando este tipo de proyectos. La Unión Europea busca reducir dependencia energética exterior y diversificar las fuentes renovables más allá de la solar y la eólica convencional.
El gran reto: sobrevivir al océano sin disparar costes
La energía marina lleva años enfrentándose a un problema recurrente: la viabilidad económica.
Las olas contienen muchísima energía, sí, aunque capturarla de forma eficiente y mantener operativos los equipos durante años sigue siendo extremadamente complejo. El desgaste mecánico es brutal. Los costes de mantenimiento son elevados y las operaciones offshore requieren barcos especializados, ventanas meteorológicas favorables y logística complicada.
Ahí es donde proyectos como MARMOK-A5 resultan importantes. No tanto por la electricidad inmediata que puedan producir, que todavía es limitada, como por los datos técnicos que generan.
Cada prueba permite mejorar materiales, optimizar algoritmos de control, reducir averías y acercar poco a poco la tecnología a un escenario comercial más realista.
Un detalle interesante: muchos desarrolladores europeos ya trabajan en sistemas modulares y más compactos para reducir costes de instalación y facilitar el mantenimiento desde puerto. El sector ha aprendido bastante de errores del pasado.
El Atlántico como pieza estratégica de la transición energética
España suele asociarse a la energía solar por razones evidentes, aunque la cornisa cantábrica dispone de un recurso marino muy interesante que todavía está lejos de aprovecharse plenamente.
El País Vasco lleva años intentando posicionarse en esta industria mediante una combinación de centros tecnológicos, ingeniería industrial avanzada y capacidades marítimas. Y tiene sentido. El desarrollo de energía marina no depende solo de fabricar generadores: requiere astilleros, electrónica, automatización, sensores, cables submarinos, mantenimiento naval… una cadena industrial enorme.
Ahí aparece otra derivada importante: la creación de empleo especializado.
Si Europa consigue consolidar esta tecnología durante la próxima década, regiones con experiencia marítima e industrial podrían convertirse en polos estratégicos de fabricación y exportación.
Potencial
La energía de las olas todavía no transformará el sistema eléctrico europeo mañana. Falta madurez tecnológica, reducción de costes y experiencia operativa a gran escala. Pero el avance de proyectos como MARMOK-A5 demuestra que el sector sigue evolucionando y afinando soluciones reales.
A medio plazo, estas tecnologías podrían complementar parques eólicos marinos y aportar generación renovable más estable en regiones costeras con fuerte oleaje. También podrían alimentar instalaciones portuarias, infraestructuras aisladas o sistemas híbridos con almacenamiento.
Además, el conocimiento desarrollado en materiales resistentes a corrosión, control inteligente offshore y mantenimiento automatizado tendrá aplicaciones más allá de la energía undimotriz. Muchas acabarán utilizándose en otras tecnologías marinas renovables.
El océano no resolverá por sí solo la crisis climática. Pero ignorar una fuente energética tan inmensa tampoco parece una opción demasiado inteligente.
Vía BiMEP



Manó Ruiz dice
MUY INTERSANTE
Y DE RELEVANCIA …