
El diseño busca reducir costes mediante materiales aislantes ligeros y baratos y minimizar el uso de metal.
- ☀️ Calor solar directo para procesos industriales.
- 🌡️ Temperaturas de hasta 150 °C.
- 🏭 Alimentación, química y farmacia, entre los primeros sectores objetivo.
- 🔥 Menor dependencia del gas natural.
- 🧱 Diseño sencillo, ligero y con menos componentes metálicos.
- 💰 Reducción del coste como prioridad frente a diseños más complejos.
- 🧪 Primer prototipo probado con éxito en condiciones reales.
- 🎯 Próximo paso: instalación piloto y producto comercial.
¿Por qué importa?
Una parte importante de la transición energética industrial tiene un problema bastante poco visible: las fábricas no consumen únicamente electricidad, también necesitan enormes cantidades de calor. Y buena parte continúa obteniéndose quemando combustibles fósiles.
El ingeniero Luca Thommen, investigador de la ETH de Zúrich, trabaja en una alternativa deliberadamente sencilla: un colector capaz de transformar directamente la radiación solar en calor útil para procesos industriales de hasta unos 150 °C. La clave no está tanto en alcanzar temperaturas récord como en conseguir algo más difícil: hacer que la tecnología resulte suficientemente barata y sencilla para que una fábrica quiera instalarla.

El gran agujero de la transición energética está dentro de las fábricas
Paneles fotovoltaicos, baterías, vehículos eléctricos y aerogeneradores concentran buena parte de la conversación energética. Mientras tanto, en una fábrica de alimentos puede haber calderas funcionando durante horas simplemente para disponer de agua caliente, vapor o aire a determinada temperatura.
La escala del problema es considerable. La demanda mundial de calor de proceso ronda los 112 exajulios anuales, aproximadamente una cuarta parte del consumo final de energía del planeta. Y las fuentes renovables todavía cubren una proporción pequeña de esa demanda.
Ahí aparece una oportunidad especialmente interesante. No todo el calor industrial necesita hornos a 1.000 °C.
En sectores industriales menos intensivos energéticamente, alrededor del 75 % de la demanda térmica se encuentra por debajo de 200 °C, según análisis recientes de la Agencia Internacional de la Energía. Son temperaturas que ya pueden cubrirse mediante diferentes tecnologías bajas en carbono: bombas de calor industriales, electricidad renovable, recuperación de calor residual, biomasa sostenible y, cuando las condiciones son favorables, solar térmica.
El proyecto de Thommen apunta precisamente a ese territorio.
SolarHeat: concentrar la luz para obtener calor útil
El funcionamiento de su colector, denominado SolarHeat, parte de una idea conocida, aunque replanteada para reducir costes.
Unos elementos reflectantes concentran la radiación solar sobre una superficie absorbente. Esa energía eleva la temperatura del sistema y posteriormente se transfiere a un fluido, que puede ser agua o aire.
El calor resultante puede incorporarse directamente a un proceso industrial.
La diferencia frente a instalar fotovoltaica para después producir calor mediante electricidad es importante. SolarHeat intenta realizar una conversión más directa: radiación solar → calor → proceso industrial.
Eso evita generar primero electricidad cuando el producto energético que realmente necesita la fábrica es calor.
No significa que una opción sea universalmente mejor que la otra. Una planta industrial puede combinar fotovoltaica, bombas de calor, almacenamiento térmico, recuperación de calor y solar térmica. La solución óptima dependerá de las temperaturas requeridas, el recurso solar disponible, los horarios de producción y el precio local de la energía.

¿Dónde podría utilizarse?
El rango de temperaturas que persigue SolarHeat encaja con bastantes operaciones cotidianas de la industria.
Entre ellas aparecen la pasteurización y esterilización de productos lácteos, el calentamiento de agua, la limpieza industrial, determinados procesos de cocción y secado, el tratamiento de alimentos y algunas operaciones de destilación en las industrias química y farmacéutica.
También existen aplicaciones potenciales en textiles, bebidas, lavanderías industriales y determinados procesos agrícolas.
No es un mercado pequeño. En la Unión Europea, el calor representa alrededor del 60 % de las necesidades energéticas industriales, mientras que cerca del 80 % del calentamiento de procesos industriales continúa dependiendo de combustibles fósiles.
Ahí está el cuello de botella que tecnologías como SolarHeat intentan atacar.
La innovación está, curiosamente, en quitar cosas
El aspecto más interesante del proyecto de la ETH no es una arquitectura extraordinariamente sofisticada. Casi al contrario.
Thommen parte de una pregunta muy industrial: ¿qué componentes pueden eliminarse o abaratarse sin sacrificar demasiado rendimiento?
Una gran parte del colector utiliza materiales aislantes ligeros, disponibles comercialmente y relativamente económicos. El metal se reserva para aquellos puntos donde realmente resulta necesario.
Esa simplificación podría ser decisiva.
Una tecnología climática puede funcionar perfectamente en un laboratorio y fracasar comercialmente si necesita materiales caros, demasiadas piezas, mantenimiento especializado o una instalación complicada. En una fábrica, el coste del megavatio hora térmico termina pesando tanto como la eficiencia del colector.
El objetivo de SolarHeat es ofrecer prestaciones similares a las de colectores anteriores con un coste sensiblemente inferior.
El primer prototipo ya alcanza las temperaturas previstas
La idea ha pasado del diseño a una instalación real.
El equipo construyó un primer prototipo y lo instaló en la cubierta de un edificio de la ETH de Zúrich. Allí se instrumentó para estudiar parámetros como la radiación recibida y el comportamiento térmico.
Las pruebas permitieron alcanzar las temperaturas objetivo previstas por el proyecto, confirmando que el concepto funciona físicamente.
Eso todavía no equivale a demostrar su rentabilidad industrial.
Ahora comienza probablemente la parte más complicada: comprobar cuánto cuesta fabricar cientos o miles de metros cuadrados, cuánto calor proporciona durante años, cómo envejecen los materiales y qué ocurre cuando el sistema se conecta a una instalación industrial que no puede detener su producción porque haya nubes.
Thommen pretende avanzar hacia un producto preparado para el mercado en aproximadamente un año y probarlo en una instalación piloto. También mantiene conversaciones con posibles clientes e inversores.
Climeworks señala una aplicación especialmente interesante
Entre las empresas que han mostrado interés aparece Climeworks, otra compañía surgida del ecosistema de la ETH de Zúrich y especializada en captura directa de CO₂ de la atmósfera.
Sus instalaciones utilizan calor de aproximadamente 100 °C en los procesos de absorción y desorción empleados para capturar y posteriormente liberar el CO₂.
Es justamente una temperatura situada dentro del rango de SolarHeat.
La combinación tiene una lógica ambiental interesante. Las tecnologías de captura directa de aire necesitan energía para funcionar, por lo que reducir la huella de carbono del calor utilizado mejora el balance climático del CO₂ retirado de la atmósfera.
No implica que SolarHeat vaya a utilizarse necesariamente en futuras plantas de Climeworks. Las conversaciones mencionadas por la ETH muestran, por ahora, que existe interés industrial en una fuente renovable de calor de estas características.
La solar térmica industrial ya empieza a jugar en otra escala
SolarHeat tampoco aparece en un vacío tecnológico.
La denominada SHIP —Solar Heat for Industrial Processes— está creciendo mediante proyectos cada vez mayores. A comienzos de 2025 se contabilizaban mundialmente más de 1.300 instalaciones solares térmicas industriales de al menos 35 kW térmicos o 50 m² de colectores.
Existen proyectos en alimentación, bebidas, agricultura, minería, textiles, industria química, tratamiento de agua, papel y fabricación de materiales.
España ofrece además un ejemplo especialmente significativo. Una cervecera utiliza una instalación solar térmica de alrededor de 30 MW para proporcionar calor a sus procesos y reducir el consumo de gas natural.
La tecnología, por tanto, ya ha superado la etapa en la que únicamente podían mostrarse pequeños colectores experimentales.
El reto actual pasa por abaratarla, simplificar su integración y convertirla en una inversión normal dentro de una planta industrial.
No todo el calor industrial puede venir de estos colectores
También conviene poner el desarrollo en perspectiva.
Un colector diseñado para trabajar alrededor de los 150 °C no resolverá la descarbonización de una acería, un horno de cemento convencional o numerosos procesos metalúrgicos que necesitan temperaturas de varios cientos o incluso más de 1.000 °C.
Para esas actividades hacen falta otras soluciones: electrificación de alta temperatura, hidrógeno renovable en determinadas aplicaciones, combustibles sintéticos, biomasa sostenible, almacenamiento térmico de alta temperatura, captura de carbono o nuevos procesos industriales.
SolarHeat apunta a otra zona del mapa energético, posiblemente menos espectacular, pero enorme: las fábricas que necesitan calor moderado todos los días.
Y ahí la simplicidad puede ser una ventaja.
El almacenamiento térmico puede ampliar mucho su utilidad
Hay una limitación evidente. Una fábrica puede necesitar calor a las siete de la tarde cuando el Sol ya ha desaparecido.
Una posible evolución consiste en combinar los colectores con almacenamiento térmico.
En lugar de almacenar electricidad en una batería para posteriormente convertirla en calor, puede almacenarse directamente energía térmica en depósitos de agua, materiales sólidos u otros sistemas adaptados al rango de temperaturas requerido.
Estudios publicados en 2026 sobre colectores solares industriales y almacenamiento en lechos sólidos muestran precisamente el interés de esta combinación. Sistemas solares capaces de producir aire caliente a temperaturas considerablemente superiores a las de SolarHeat pueden complementarse con materiales económicos para desplazar parte de la energía captada durante las horas solares hacia otros momentos del proceso productivo.
Para aplicaciones de menor temperatura, la ingeniería puede ser incluso más sencilla.
La fábrica tendría entonces tres posibilidades: consumir directamente el calor solar, almacenarlo temporalmente o recurrir a una fuente auxiliar cuando la producción solar resulte insuficiente.
Una tecnología especialmente interesante para países soleados
La economía del sistema dependerá mucho del lugar.
Una planta industrial con tejados disponibles, elevada radiación solar y demanda térmica durante las horas centrales del día parte con ventaja.
Regiones industriales del Mediterráneo, norte de África, Oriente Medio, Australia, México, Chile o determinadas zonas de Estados Unidos presentan condiciones particularmente favorables.
España tiene aquí una posición interesante. Existe abundante recurso solar, una industria agroalimentaria importante y numerosas actividades que utilizan calor de baja y media temperatura.
Bodegas, conserveras, industrias lácteas, mataderos, fábricas de bebidas, instalaciones de lavado, secaderos y plantas de tratamiento podrían constituir mercados naturales cuando la integración técnica y económica resulte favorable.
Europa empieza a mirar más allá de la electricidad renovable
El contexto regulatorio también está cambiando.
La Directiva europea de eficiencia energética refuerza progresivamente el papel de las energías renovables y del aprovechamiento del calor residual. Para determinadas instalaciones industriales de gran consumo energético también exige analizar económicamente las posibilidades de recuperación y utilización del calor.
La dirección resulta clara: la descarbonización industrial ya no puede limitarse a contratar electricidad renovable.
Al mismo tiempo, la solar térmica europea mantiene una base industrial significativa. Al cierre de 2024 había aproximadamente 544 GW térmicos de capacidad solar térmica instalada en todo el mundo, equivalentes a unos 777 millones de m² de captadores. La Unión Europea concentraba alrededor del 7,5 % de esa capacidad mundial.
Sin embargo, su implantación continúa avanzando bastante más despacio que la fotovoltaica.
Proyectos baratos y fáciles de integrar podrían ayudar a cambiar esa dinámica.
La verdadera prueba será el coste del calor
El prototipo ha demostrado que puede alcanzar la temperatura necesaria. Falta la pregunta que decidirá su futuro:
¿cuánto costará cada megavatio hora térmico producido durante toda la vida útil de la instalación?
Una fábrica compara inversiones, mantenimiento, disponibilidad, precio del gas, coste de la electricidad y riesgo energético. También necesita garantías de funcionamiento durante muchos años.
La solar térmica tiene una característica atractiva en ese escenario: después de realizar la inversión inicial, el combustible es gratuito y su precio no cambia.
Eso puede funcionar como una especie de cobertura frente a la volatilidad del mercado energético. Cuanto mayor sea el porcentaje de calor proporcionado por el Sol, menor será la exposición de la industria a futuras oscilaciones del precio del gas.
No hace falta sustituir inmediatamente el 100 % de una caldera para obtener esa ventaja. Una instalación solar puede encargarse de una fracción de la demanda y dejar el sistema convencional como respaldo.
Ese enfoque híbrido probablemente sea una de las vías más realistas para acelerar su adopción.
Potencial
SolarHeat representa una idea bastante pragmática dentro de la transición energética: utilizar una fuente térmica para resolver una necesidad térmica.
Si el desarrollo consigue reducir suficientemente los costes, podría extender el uso del calor solar entre industrias que hasta ahora no podían justificar económicamente la inversión.
Su mayor potencial está en la combinación con otras tecnologías. Solar térmica durante las horas de mayor radiación, almacenamiento térmico para desplazar energía, recuperación del calor residual y bombas de calor para completar la demanda pueden formar sistemas industriales con un consumo de combustibles fósiles mucho menor.
También puede favorecer instalaciones energéticas más locales. Una fábrica con superficie disponible podría producir parte de su propio calor durante décadas, reduciendo tanto emisiones como dependencia de combustibles importados.
La oportunidad es especialmente grande en procesos por debajo de 150-200 °C, una franja térmica presente en miles de instalaciones de alimentación, bebidas, química, farmacia, textiles y agricultura.
No será una tecnología capaz de descarbonizar por sí sola la industria. Tampoco necesita serlo.
Si consigue hacer algo mucho más concreto —producir calor renovable suficientemente barato como para que sustituir gas resulte una decisión empresarial lógica— podría resolver una parte considerable de un problema energético que durante años ha permanecido a la sombra de la revolución fotovoltaica.
Vía ETH

Luis Vega dice
Transformar las energías naturales en soluciones reales y eficientes tiene su mayor reto en la capacidad de la industria a impulsar por si misma este nivel de soluciones que entoenden que los recursos energéticos innocadores radica en hacerlo mas simple, ser altamente accesible. La conductividad de los elementos bioquímicos naturales son la respuesta que siempre ha estado ahí para sin costos de producción sin pataentes que costear lista para evolucionar con Tecnolgias como la de este proyecto que realmente cambiará el tan codisiado mundo de la energizacion ecológica. Es una gran proyecto con un objetivo realmente beneficio que podria ser la verdadera evolución poderosa de transformación se la energia solar.