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Investigadores británicos desarrollan nuevo material de bajo coste que permite generar electricidad a partir del calor perdido, con rendimiento hasta 100 veces mayor

30 marzo, 2026 Deja un comentario

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Científicos de la Universidad de Surrey convierten calor corporal y residual en electricidad con un material flexible y de bajo coste.

  • Calor residual desaprovechado → fuente energética oculta.
  • Material flexible, bajo coste, reciclable.
  • Capas ultrafinas metal-polímero → mayor rendimiento.
  • Mejora hasta 100 veces frente al material base.
  • Aplicaciones en wearables, sensores, industria.
  • Alternativa a materiales caros y frágiles.
  • Recuperación energética descentralizada.

Un avance sostenible en materiales para la próxima generación de energía

Una parte enorme de la energía que se genera en el mundo no llega a utilizarse. Se pierde en forma de calor en fábricas, dispositivos electrónicos o incluso en el propio cuerpo humano. Ese calor, aparentemente inútil, representa una oportunidad. Y aquí es donde entra este nuevo enfoque basado en materiales termoeléctricos sostenibles.

Investigadores del Advanced Technology Institute (ATI) de la Universidad de Surrey han desarrollado una solución que apunta directamente a uno de los grandes retos del sector: cómo transformar ese calor de baja intensidad en electricidad de forma eficiente, accesible y ambientalmente responsable.

La clave está en un nuevo tipo de material híbrido, formado por superredes metal-polímero, estructuras extremadamente finas donde capas metálicas se combinan con un polímero orgánico muy conocido: PEDOT:PSS. No es un material exótico ni difícil de fabricar. Más bien lo contrario.

Cómo funciona esta nueva generación de materiales termoeléctricos

Los dispositivos termoeléctricos convierten diferencias de temperatura en electricidad. Es un principio físico bien conocido, aunque históricamente limitado por los materiales disponibles: caros, rígidos y complicados de reciclar.

Aquí cambia el juego.

Al combinar capas ultrafinas de metal con el polímero PEDOT:PSS, el equipo ha logrado multiplicar el rendimiento hasta 100 veces respecto al material base. No es un pequeño ajuste. Es un salto considerable que abre la puerta a aplicaciones reales.

Además, el sistema permite algo especialmente interesante: ajustar el comportamiento electrónico del material (tipo p o tipo n) simplemente cambiando el metal utilizado. Esto es esencial para fabricar dispositivos completos, ya que los módulos termoeléctricos necesitan ambos tipos de semiconductores para funcionar correctamente.

Dicho de forma sencilla: el material no solo mejora, también se adapta. Y eso en ingeniería energética es oro.

De los laboratorios a la vida cotidiana

Este tipo de tecnología no se queda en el laboratorio. Tiene aplicaciones muy concretas, muchas de ellas ya visibles en pequeñas escalas.

Por ejemplo, en el ámbito de los wearables, donde la autonomía energética es un problema constante. Relojes inteligentes, sensores médicos o ropa inteligente podrían alimentarse parcialmente del calor corporal. Sin baterías. Sin enchufes. Poco a poco.

En la industria, el potencial es aún mayor. Sectores como el químico, el metalúrgico o el alimentario generan enormes cantidades de calor residual a baja temperatura. Difícil de reutilizar con tecnologías convencionales. Aquí estos materiales pueden actuar como microgeneradores distribuidos, capturando energía donde antes se disipaba.

Incluso en el ámbito espacial, donde la eficiencia y el peso lo son todo, soluciones ligeras y flexibles como esta empiezan a tener sentido.

Contexto energético: el gran despilfarro invisible

Se estima que alrededor del 80% de la energía global se pierde como calor residual de baja calidad. No es una cifra menor. Es, probablemente, una de las mayores ineficiencias estructurales del sistema energético actual.

Y lo curioso es que ese calor está en todas partes. En servidores, en motores, en procesos industriales, en edificios. Invisible, constante, desperdiciado.

Tecnologías como esta no buscan sustituir a las energías renovables tradicionales, como la solar o la eólica. Van por otro lado. Se centran en recuperar lo que ya estamos perdiendo. Una especie de reciclaje energético.

En Europa, de hecho, ya se están impulsando políticas para mejorar la eficiencia energética y la recuperación de calor en la industria, dentro del marco del Green Deal y la estrategia de descarbonización. Este tipo de materiales encajan perfectamente en ese enfoque.

Potencial

Este tipo de tecnología encaja en una transición energética más inteligente, menos centrada en producir más y más en aprovechar mejor lo que ya existe.

En un escenario realista, estos materiales podrían integrarse en:

  • Ropa técnica que alimente sensores biométricos.
  • Equipos industriales que recuperen parte de su propio calor.
  • Edificios con superficies capaces de generar microelectricidad.
  • Dispositivos IoT autónomos, sin necesidad de cambiar baterías.

No va a resolver por sí sola la crisis climática. Pero sí puede contribuir a reducir el desperdicio energético estructural que arrastramos desde hace décadas.

Y ahí está lo interesante. No es una tecnología espectacular a simple vista. No hay grandes infraestructuras ni megavatios impresionantes. Es más discreta. Más silenciosa.

Pero actúa justo donde más falta hace: en lo que dejamos escapar sin darnos cuenta.

Vía www.surrey.ac.uk

Más información: James G. Neil et al, Sustainable Framework for Thermoelectric Inorganic‐In‐Organic Superlattices With High Power Factor and Selective P‐ or N‐Type Doping, Advanced Energy and Sustainability Research (2026). DOI: 10.1002/aesr.202500479

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Publicado en: Eficiencia energética

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