
Científicos chinos calculan que reutilizar baterías de vehículos eléctricos hasta el 40% de capacidad duplicaría el almacenamiento frente a nuevas baterías y bombeo hidráulico.
- Baterías usadas de vehículos eléctricos.
- Almacenamiento energético a gran escala.
- Renovables intermitentes.
- Segunda vida antes del reciclaje.
- Menos carbón y gas en picos de demanda.
- China como laboratorio energético global.
Las baterías de coches eléctricos retiradas podrían cubrir gran parte de las necesidades de almacenamiento energético de China
Las baterías de los vehículos eléctricos suelen retirarse cuando alcanzan alrededor del 80 % de su capacidad original. Para un coche, esa pérdida se nota: menos autonomía, menos respuesta. Para la red eléctrica, sin embargo, el panorama cambia por completo. Ahí no importa tanto la aceleración ni la densidad energética extrema, sino la capacidad total, la estabilidad y el tiempo de descarga.
Diversos estudios recientes apuntan a que las baterías de segunda vida podrían cubrir cerca de dos tercios de la demanda de almacenamiento eléctrico de China en las próximas décadas. Un recurso ya fabricado, ya amortizado en parte y, sobre todo, aún muy útil.

El talón de Aquiles de las renovables: cuándo no hay sol ni viento
La generación renovable no es constante. Hay mañanas frías sin viento, tardes nubladas, semanas enteras con producción irregular. En esos momentos, el sistema eléctrico recurre todavía a centrales de gas y carbón para cubrir los picos de demanda.
China, al igual que Estados Unidos, Reino Unido o Australia, está desplegando grandes sistemas de almacenamiento en baterías para absorber los excedentes cuando la producción renovable es alta y devolver esa energía cuando más se necesita. Aquí es donde las baterías de vehículos eléctricos retirados encajan casi de forma natural.
Según el equipo liderado por Ruifei Ma, de la Tsinghua University, reutilizar baterías procedentes de coches podría acelerar la transición hacia un sistema eléctrico casi neutro en carbono, y además hacerlo con menores costes. Sus estimaciones sitúan el ahorro en torno al 2,5 % frente a un sistema basado únicamente en baterías nuevas.
Por qué una batería “vieja” sigue siendo valiosa
Las baterías se degradan con cada ciclo de carga y descarga. A lo largo de los años, pierden capacidad y eficiencia. Pero cuando todavía conservan un 80 % de su capacidad, siguen siendo perfectamente funcionales para aplicaciones estacionarias.
En un sistema de almacenamiento para la red, miles de baterías trabajan de forma coordinada durante horas. La degradación individual importa menos. Además, el ritmo de desgaste es más lento que en un coche sometido a aceleraciones constantes.
Como señala Gill Lacey, de la Teesside University, estas baterías aún pueden ofrecer muchos años de servicio si se usan de forma adecuada. Y tirar materiales que han requerido minería intensiva, energía y procesos químicos complejos resulta, sencillamente, difícil de justificar.
Desde una perspectiva de sostenibilidad, Rhodri Jervis, de la University College London, lo resume con claridad: no se trata solo de ahorrar dinero, sino de extraer el máximo valor ambiental de cada batería antes de reciclarla.

Una oportunidad que crece con el mercado del vehículo eléctrico
En 2024 se vendieron más de 17 millones de vehículos eléctricos en el mundo, cerca del 20 % de todas las ventas de automóviles. Casi dos tercios se vendieron en China. Esa ola implica que, a partir de la próxima década, empezará a haber un flujo masivo de baterías retiradas.
El estudio plantea un escenario en el que se aprovechan baterías de distintas químicas, distribuidas por todo el país, utilizándolas hasta que descienden al 40 % de su capacidad original. A partir de 2030, el crecimiento del almacenamiento con baterías de segunda vida se acelera, mientras que el uso de baterías nuevas se estabiliza.
Para 2050, la capacidad total de almacenamiento podría alcanzar los 2 billones de vatios, aproximadamente el doble que en un escenario basado solo en baterías nuevas y hidráulica de bombeo.
Del laboratorio a la realidad: proyectos que ya funcionan
Aunque todavía es una tecnología joven, ya existen aplicaciones reales. La empresa estadounidense Redwood Materials ha construido un sistema de 63 megavatios hora utilizando baterías de coches con más de diez años de uso para alimentar un centro de datos en Nevada.
Alemania ha lanzado una planta piloto en Chemnitz que redefine la gestión de baterías usadas. El proyecto, liderado por el Instituto Fraunhofer IWU junto a EDAG Production Solutions, apuesta por una economía más circular: en lugar de triturar y reciclar, primero reparar, reacondicionar y reaprovechar.
Un ejemplo destacado es el proyecto de Porsche, donde un sistema de almacenamiento de energía de gran escala, del tamaño de casi dos canchas de baloncesto, ha sido instalado en la planta de Leipzig utilizando 4.400 módulos de baterías recicladas de vehículos Taycan. Estas baterías, que anteriormente se encontraban en vehículos pre-serie y de pruebas, han encontrado una nueva función al final de su vida útil original, contribuyendo de manera significativa al suministro de energía de la planta.

La compañía asegura que estos sistemas pueden ofrecer energía durante más de 24 horas, algo difícil de conseguir con baterías nuevas de ion-litio convencionales, y con costes sensiblemente inferiores.
Eso sí, no todo es tan simple.

Los retos técnicos y de seguridad
Reutilizar baterías exige clasificación, diagnóstico y gestión avanzada. No todas envejecen igual. Algunas celdas se degradan más rápido que otras. Si se agrupan sin control, el sistema entero puede quedar limitado por la batería más débil.
Las soluciones pasan por sistemas de gestión inteligentes capaces de aislar módulos concretos o por agrupar baterías con capacidades similares. Además, las unidades dañadas deben descartarse desde el principio.
La seguridad es clave. Cada módulo necesita sensores de temperatura y voltaje a nivel de celda. Un fallo térmico puede provocar incendios difíciles de extinguir. El riesgo existe, y es mayor que con baterías nuevas, pero se puede reducir con diseño, redundancia y protocolos estrictos. No es magia. Es ingeniería bien hecha.

Potencial
Las baterías de segunda vida encajan de forma natural en un modelo energético más circular. Primero impulsan la movilidad eléctrica. Después, estabilizan la red. Finalmente, se reciclan para recuperar materiales críticos.
En países con redes eléctricas complejas y alta penetración renovable, pueden convertirse en una herramienta clave para evitar nuevas infraestructuras fósiles, reducir costes y acelerar la descarbonización sin esperar a tecnologías futuras.
No es una promesa lejana. Es una transición que ya ha empezado, silenciosa, apoyándose en lo que ya existe. Y eso, en sostenibilidad, suele ser una muy buena señal.
Más información: www.cell.com



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