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Investigadores crean método rápido para encontrar microplásticos ocultos en alimentos cotidianos, reduciendo análisis de días a solo dos horas

4 abril, 2026 Deja un comentario

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Nuevo test permite encontrar microplásticos ocultos en alimentos cotidianos y mejorar el control de lo que consumimos.

  • Microplásticos en alimentos comunes.
  • Método rápido, apenas 2 horas.
  • Eliminación casi total del alimento.
  • Identificación precisa de polímeros.
  • Pan, pescado, salsas, ultraprocesados.
  • Menos incertidumbre en mediciones.
  • Base para futuros controles alimentarios.

Una prueba de dos horas revela los microplásticos ocultos en alimentos cotidianos

La presencia de microplásticos en la alimentación lleva años generando inquietud, pero medirlos con precisión ha sido, hasta ahora, una tarea lenta, desigual y poco comparable entre estudios. Lo que cambia con este nuevo método no es solo la velocidad, es la posibilidad real de empezar a hablar con datos más consistentes.

Nuevo método de análisis

El equipo liderado por Martin Šteković ha desarrollado un sistema capaz de separar en pocas horas la materia orgánica de los alimentos, dejando intactas las partículas plásticas para su análisis. En muestras tan distintas como pan, pimienta, calamar o atún, el procedimiento elimina prácticamente todo lo que no interesa… y deja a la vista lo invisible.

Esto es importante. Mucho. Porque hasta ahora cada tipo de alimento exigía un tratamiento distinto, lo que complicaba comparar resultados entre estudios. Aquí, en cambio, se logra una cierta universalidad del método, algo clave si se pretende escalar el análisis a nivel industrial o regulatorio.

Además, el uso de microspectroscopía Raman, una técnica basada en láser que identifica materiales por su firma molecular, permite no solo detectar microplásticos, sino también saber exactamente de qué están hechos.

Por qué los métodos anteriores eran lentos

Analizar microplásticos en comida no es tan simple como mirar al microscopio. Antes hay que eliminar grasas, proteínas, azúcares… y hacerlo sin destruir las partículas plásticas. Ese equilibrio ha sido el gran cuello de botella.

Los protocolos tradicionales podían tardar más de un día completo. Y aun así, los resultados variaban. Pequeñas diferencias en la preparación generaban grandes diferencias en los datos. Resultado: estudios difíciles de comparar y conclusiones poco sólidas.

Reducir ese proceso a unas pocas horas no solo ahorra tiempo. Permite repetir más pruebas, mejorar la estadística y, sobre todo, avanzar hacia una estandarización del análisis de microplásticos en alimentos.

Los plásticos mantienen su estructura

Uno de los puntos críticos era comprobar si los plásticos sobrevivían al tratamiento químico. Si el método los destruye, no sirve de nada.

Los resultados son bastante claros: materiales como polietileno, polipropileno o recubrimientos antiadherentes conservan su estructura tras el proceso, con recuperaciones cercanas al 100 %. Esto permite identificarlos con fiabilidad.

Aquí está la clave técnica del avance: una limpieza agresiva del alimento, pero lo suficientemente controlada como para no alterar los polímeros más comunes.

Problemas con ciertos plásticos

No todo funciona igual de bien. Algunos materiales más sensibles, como los utilizados en botellas o ciertos plásticos acrílicos, reaccionan peor.

En estos casos, el calor y los ácidos pueden fragmentar las partículas o hacer que se agrupen. Eso distorsiona el recuento. Puede parecer que hay más o menos microplásticos de los que realmente hay.

Esto introduce un matiz importante: el método es muy fiable para estimar masa total de plástico, pero menos preciso cuando se trata de contar partículas individuales en ciertos materiales.

La contaminación del propio laboratorio

Un detalle incómodo, pero real. Los microplásticos no solo están en los alimentos, también flotan en el aire de los laboratorios.

Durante las pruebas, se detectaron partículas que no provenían de las muestras, sino del entorno. Cambiar materiales (como usar cuarzo) y mejorar la limpieza redujo este “ruido de fondo”.

Esto pone sobre la mesa algo más amplio: medir microplásticos exige protocolos extremadamente estrictos, porque el riesgo de contaminación externa es constante.

Probando alimentos reales

El método no se quedó en pruebas de laboratorio. Se aplicó a productos reales: ketchup, paté, chocolate, helado, croquetas…

Y funcionó. Eso ya es bastante decir, porque estos alimentos combinan grasas, azúcares y almidones en proporciones complicadas. Un pequeño caos químico.

Aun así, el estudio no pretende cuantificar cuánto plástico hay en la dieta. Su objetivo es otro: demostrar que ahora existe una herramienta capaz de hacerlo bien.

La ingesta sigue siendo una incógnita

A pesar de los avances, sigue sin saberse cuántos microplásticos ingerimos realmente. Los alimentos no retienen partículas de la misma forma, y los métodos de análisis han sido, hasta ahora, inconsistentes.

Algunos estudios recientes apuntan a que los alimentos ultraprocesados podrían contener más partículas que los frescos. Tiene sentido: más manipulación, más contacto con envases, más procesos industriales.

Pero sin métodos comparables, todo eso queda en estimaciones. Este nuevo enfoque puede empezar a cambiar ese escenario.

Evidencia en humanos

Los microplásticos ya se han detectado en distintos tejidos humanos: leche materna, sangre, orina, incluso órganos. Esto no significa automáticamente que sean peligrosos, pero sí que están entrando en el cuerpo.

El problema es que aún no se conocen bien sus efectos. Sin datos sólidos sobre exposición real, cualquier debate sobre riesgos se mueve en terreno incierto.

Y aquí es donde este tipo de avances cobra sentido: primero medir bien, luego evaluar impactos.

Enfoque en la precisión

El mayor valor de este trabajo no es alarmar, es aportar claridad. Un método más rápido, reproducible y aplicable a distintos alimentos abre la puerta a algo que hasta ahora faltaba: datos comparables a gran escala.

Eso es lo que permitiría, por ejemplo, establecer límites regulatorios, diseñar políticas alimentarias o exigir mejoras en envases y procesos.

Próximos pasos en el análisis

El siguiente paso es evidente: aplicar este método de forma masiva. Analizar cadenas de suministro completas, comparar regiones, evaluar cambios en el tiempo.

También será necesario mejorar el tratamiento de plásticos más sensibles y seguir afinando los protocolos para reducir la contaminación externa.

No es una solución al problema de los microplásticos. Pero sí una herramienta imprescindible para entenderlo de verdad.

Qué impacto puede tener

Este tipo de avances no solo afecta a la salud humana. También tiene implicaciones ambientales claras.

Una mejor medición permite identificar fuentes principales de contaminación, desde envases alimentarios hasta procesos industriales. Eso facilita actuar donde más impacto se genera.

Además, puede impulsar cambios en diseño de materiales, favoreciendo plásticos más estables o alternativas biodegradables que reduzcan la fragmentación en microplásticos.

Incluso en el ámbito agrícola, entender cómo llegan estas partículas a los alimentos puede ayudar a revisar prácticas como el uso de plásticos en cultivos o sistemas de riego.

Menos suposiciones, más evidencia. Y eso, en sostenibilidad, lo cambia todo.

Más información: Development of a Microwave-Assisted Digestion Procedure for Microplastics Extraction from Different Food Matrices with Subsequent Analysis Using Raman Microspectroscopy | MDPI

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Publicado en: Contaminación

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