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Investigadores de Microsoft desarrollan sistema robótico que almacena 4,8 TB en vidrio con consumo energético mínimo y vida útil superior a 10.000 años

20 febrero, 2026 Deja un comentario

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Investigadores de Microsoft optimizan almacenamiento de datos en bloques de vidrio, reduciendo materiales y reemplazos frente a discos duros convencionales.

  • Archivo digital para 10.000 años.
  • 4,8 terabytes en 12 centímetros cuadrados.
  • 301 capas tridimensionales en vidrio.
  • 48,9 kilojulios para grabar un “libro”.
  • Alternativa a discos duros de corta vida útil.

Bibliotecas robóticas con “libros” de vidrio podrían almacenar datos durante milenios

Un equipo de Microsoft Research ha demostrado un sistema de almacenamiento robótico capaz de grabar datos en pequeños bloques de vidrio que, en teoría, podrían leerse dentro de 10.000 años. La investigación, publicada en Nature, propone algo más que una curiosidad tecnológica: plantea una nueva forma de preservar información crítica sin depender de infraestructuras energéticamente intensivas y frágiles.

La idea es sencilla en apariencia y compleja en ejecución. En una pieza de vidrio de apenas 12 centímetros cuadrados y 2 milímetros de grosor se almacenan hasta 4,8 terabytes. El truco está en grabar 301 capas tridimensionales de diminutas cavidades —voxeles— en el interior del material. Un láser emite pulsos ultrarrápidos que modifican la estructura interna del vidrio a diferentes profundidades. No se trata de tinta ni de superficie. Es arquitectura microscópica permanente.

Para registrar toda esa información se necesitan 48,9 kilojulios de energía. Una cantidad sorprendentemente baja si se compara con el consumo continuo de los centros de datos actuales, que requieren electricidad las 24 horas del día para mantener servidores activos y refrigerados.

La lectura, eso sí, no es trivial. Un microscopio enfoca capa por capa y, posteriormente, algoritmos de aprendizaje automático interpretan los patrones grabados. Parte del espacio se reserva para corrección de errores, algo imprescindible en cualquier sistema de archivo a largo plazo.

Más allá de los discos duros

Los sistemas convencionales de almacenamiento —discos duros, cintas magnéticas— rara vez superan dos décadas sin degradarse. Incluso los archivos digitales “en la nube” dependen de una cadena continua de reemplazo de hardware y suministro eléctrico. Eso implica materiales críticos, energía constante y una infraestructura que no siempre está garantizada a escala de siglos.

Frente a ello, el vidrio ofrece una estabilidad físico-química notable. Las pruebas térmicas realizadas indican que las cavidades internas permanecen estables incluso tras exposiciones prolongadas a altas temperaturas. A temperatura ambiente, la durabilidad proyectada se extiende durante milenios. Claro, siempre que no se funda, fracture o termine olvidado en algún almacén húmedo. El factor humano también cuenta.

En paralelo, otras soluciones como el almacenamiento en ADN avanzan en laboratorios de biotecnología, pero presentan mayores dificultades en la lectura y manipulación. El vidrio, en cambio, utiliza procesos ópticos más cercanos a tecnologías industriales ya consolidadas.

Una cuestión de sostenibilidad digital

Aquí es donde la conversación se vuelve interesante desde el punto de vista ambiental. El crecimiento exponencial de datos —climáticos, científicos, históricos— obliga a ampliar centros de datos en todo el mundo. Estas instalaciones consumen grandes cantidades de electricidad y agua para refrigeración. Aunque cada vez más funcionan con energías renovables, su huella material sigue siendo relevante.

Un sistema de archivo pasivo, que no requiera alimentación constante una vez grabado, podría reducir la presión sobre infraestructuras energéticas. Especialmente para datos que no necesitan acceso frecuente: registros climáticos, cartografía histórica, bases científicas, archivos culturales. No todo tiene que estar en línea en tiempo real.

Además, el vidrio es un material abundante, reciclable y químicamente estable. No depende de tierras raras ni de complejas cadenas de suministro asociadas a componentes electrónicos. Eso no significa impacto cero, pero sí un perfil distinto.

Potencial

La transición ecológica no depende solo de energía limpia; también requiere gestionar de forma inteligente la información que sustenta la ciencia y la planificación ambiental. Archivar datos climáticos durante miles de años puede parecer exagerado, pero comprender tendencias de largo plazo será crucial para futuras generaciones.

Este tipo de almacenamiento podría integrarse en estrategias nacionales de preservación digital, museos tecnológicos o repositorios científicos internacionales. Incluso en infraestructuras resilientes frente a desastres naturales o conflictos. Una biblioteca robótica de vidrio, bien protegida, consume prácticamente cero energía una vez creada.

En un mundo que produce datos a un ritmo vertiginoso, aprender a conservar sin gastar constantemente es casi un acto de responsabilidad ecológica. Menos obsolescencia. Más permanencia. Y, quizás, una relación más consciente con la memoria colectiva del planeta.

Vía Project Silica’s advances in glass storage technology – Microsoft Research

Más información: Nature

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Publicado en: Eficiencia energética

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