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Investigadores escoceses convierten musgo acuático en un filtro natural para capturar una de las mayores fuentes de metano del planeta

12 junio, 2026 Deja un comentario

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Investigadores escoceses desarrollan un biofiltro de musgo y bacterias para capturar metano en ríos, una fuente clave de emisiones globales.

  • 🔬 Biofiltro natural basado en musgo y bacterias.
  • 🌍 Reducción del metano en ríos y aguas dulces.
  • 💨 Hasta un tercio de las emisiones globales vinculadas a ecosistemas de agua dulce.
  • 🦠 Microorganismos capaces de transformar metano en biomasa.
  • 🏞️ Pruebas piloto en el río Tweed, Escocia.
  • 📊 Desarrollo de modelos predictivos para localizar zonas críticas.
  • 🌱 Solución inspirada en procesos naturales ya existentes.
  • ♻️ Beneficios potenciales para clima y biodiversidad.

Un aliado inesperado contra el metano

Durante años, la lucha contra el cambio climático ha estado dominada por el dióxido de carbono. Sin embargo, cada vez más investigaciones apuntan hacia otro gas de efecto invernadero con una capacidad de calentamiento mucho mayor a corto plazo: el metano.

Aunque permanece menos tiempo en la atmósfera que el CO₂, el metano tiene un poder de calentamiento muy superior durante sus primeras décadas. Por eso, reducir sus emisiones se considera una de las medidas más rápidas y eficaces para frenar el aumento de la temperatura global.

En este contexto surge Mossthane, un innovador proyecto liderado por la Universidad Edinburgh Napier que pretende aprovechar la colaboración entre musgos acuáticos y bacterias especializadas para capturar metano antes de que llegue a la atmósfera.

Los ríos, una fuente de emisiones poco conocida

Cuando se habla de emisiones de metano, la atención suele centrarse en la ganadería, los vertederos o la industria de los combustibles fósiles. Sin embargo, los ecosistemas de agua dulce también desempeñan un papel importante.

Ríos, lagos, humedales y embalses generan metano debido a la descomposición de materia orgánica en condiciones con poco oxígeno. Este fenómeno natural se intensifica cuando existen aportes excesivos de nutrientes procedentes de actividades agrícolas o urbanas.

Muchos estudios recientes han demostrado que las aguas continentales son responsables de una parte significativa de las emisiones globales de metano. Lo llamativo es que, hasta ahora, existían pocas herramientas prácticas para actuar directamente sobre estas fuentes.

El papel oculto de las bacterias que se alimentan de metano

La clave de Mossthane se encuentra en unas bacterias conocidas como metanotróficas o oxidantes de metano.

Estos microorganismos utilizan el metano como fuente de energía. Durante ese proceso lo transforman en dióxido de carbono y biomasa. Aunque el CO₂ también es un gas de efecto invernadero, el impacto climático resultante es considerablemente menor que el del metano original.

Lo interesante es que los investigadores han descubierto que ciertas especies de musgo acuático pueden servir como soporte ideal para estas bacterias. El musgo proporciona una superficie estable donde los microorganismos pueden desarrollarse y formar auténticos biofiltros naturales.

La especie elegida para el proyecto es Fontinalis antipyretica, un musgo acuático ampliamente distribuido en Europa y otras regiones templadas del hemisferio norte.

Una tecnología inspirada en los propios ecosistemas

A diferencia de muchas soluciones climáticas basadas en infraestructuras complejas o procesos industriales, esta propuesta busca potenciar mecanismos que ya existen en la naturaleza.

Los investigadores cultivarán en laboratorio un compuesto formado por musgo y bacterias metanotróficas para posteriormente instalarlo en tramos de río con elevadas concentraciones de metano.

El objetivo no consiste únicamente en comprobar cuánto gas puede capturar este sistema. También se pretende identificar las condiciones ambientales óptimas para maximizar su eficacia y garantizar que la intervención no altere el equilibrio ecológico del río.

Ese enfoque resulta especialmente relevante en una época en la que muchas estrategias climáticas buscan combinar captura de carbono, restauración ecológica y protección de la biodiversidad en una misma actuación.

Inteligencia ecológica para identificar los puntos críticos

Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es el desarrollo de herramientas predictivas capaces de localizar los cursos fluviales donde esta tecnología tendría mayor impacto.

No todos los ríos emiten las mismas cantidades de metano. Factores como la temperatura del agua, la velocidad de la corriente, la cantidad de materia orgánica o la actividad microbiana influyen enormemente.

Los modelos que se desarrollen durante Mossthane permitirán identificar áreas prioritarias donde desplegar estos biofiltros naturales. De funcionar correctamente, podrían utilizarse en miles de kilómetros de ríos repartidos por Europa, Norteamérica y otras regiones templadas.

Una nueva generación de soluciones basadas en la naturaleza

Mossthane forma parte de un programa financiado por ARIA, una agencia británica creada para impulsar proyectos de investigación de alto riesgo y alto potencial transformador.

La iniciativa encaja dentro de una tendencia creciente conocida como Nature-Based Solutions o Soluciones Basadas en la Naturaleza, que busca aprovechar procesos ecológicos para resolver desafíos ambientales.

Actualmente existen ejemplos similares en restauración de humedales, recuperación de bosques ribereños, protección de manglares o regeneración de praderas marinas. Todos comparten una misma filosofía: trabajar con los ecosistemas en lugar de intentar sustituirlos mediante tecnología artificial.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

Si los resultados son positivos, esta tecnología podría generar varios beneficios simultáneos.

Por una parte, contribuiría a disminuir las emisiones de metano atmosférico, uno de los principales responsables del calentamiento global a corto plazo.

Por otra, favorecería la creación de microhábitats acuáticos capaces de albergar comunidades de microorganismos y pequeños invertebrados, mejorando la complejidad ecológica de algunos ríos.

También podría ayudar a aumentar el conocimiento científico sobre los procesos biológicos que regulan el ciclo del carbono en aguas continentales, un área todavía llena de incógnitas.

Otro aspecto relevante es su baja huella ambiental. El sistema se basa en organismos ya presentes en los ecosistemas acuáticos y no requiere grandes consumos energéticos para funcionar una vez instalado.

Un pequeño musgo con un potencial enorme

Resulta curioso que una planta tan discreta como un musgo acuático pueda convertirse en una herramienta climática de alcance global.

Durante décadas, especies como Fontinalis antipyretica han pasado prácticamente desapercibidas fuera de los círculos científicos. Ahora empiezan a revelar capacidades que podrían ayudar a afrontar algunos de los desafíos ambientales más urgentes del siglo XXI.

La investigación también recuerda una realidad importante: muchas de las soluciones más prometedoras para combatir la crisis climática quizá ya estén presentes en la naturaleza, esperando ser comprendidas y aplicadas con inteligencia.

Vía Edinburgh Napier University

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Publicado en: Tecnología verde, Contaminación

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