
Nuevo sistema híbrido con geotermia superficial y deshumidificación desecante optimiza la climatización y reduce el consumo hasta un 34,3%.
- Consumo energético en climatización → muy alto en climas húmedos.
- Separación de funciones → deshumidificación + refrigeración independiente.
- Energía geotérmica superficial → temperatura estable bajo tierra.
- Reducción de consumo → hasta 34,3% en verano.
- Confort interior → estable en distintas condiciones climáticas.
- Aplicación directa → edificios eficientes, casi cero emisiones.
La refrigeración híbrida con desecantes y energía geotérmica superficial puede reducir el consumo energético en climas húmedos
Un equipo de investigación en Taiwán ha puesto sobre la mesa una idea que, sin ser completamente nueva, sí está mejor ejecutada: combinar energía geotérmica superficial con deshumidificación por desecante para replantear cómo se enfrían los edificios en climas húmedos.
El resultado no es menor. Las pruebas en condiciones reales muestran reducciones de consumo energético de hasta un 34,3% en verano, justo cuando más se dispara la demanda eléctrica.
La refrigeración híbrida con desecantes y energía geotérmica superficial reduce el consumo energético en climas húmedos
En regiones cálidas y húmedas, el aire acondicionado se vuelve imprescindible. Pero también se convierte en uno de los mayores consumidores de energía. En algunos casos, llega a representar cerca del 40% del consumo eléctrico de un edificio.
Aquí es donde este sistema híbrido marca la diferencia. En lugar de enfriar y deshumidificar el aire al mismo tiempo —como hacen los equipos convencionales— separa ambas funciones. Puede parecer un detalle técnico. No lo es.
Al dividir procesos, se elimina una de las partes más ineficientes del aire acondicionado tradicional: la condensación para eliminar humedad, que exige un gasto energético considerable.

Cómo funciona realmente este sistema híbrido
El sistema se basa en dos pilares:
Por un lado, una rueda desecante que absorbe la humedad del aire de ventilación. Es un proceso físico-químico, sin necesidad de enfriar el aire hasta provocar condensación.
Por otro, una bomba de calor geotérmica que aprovecha la temperatura relativamente constante del subsuelo para enfriar o calentar el aire. Bajo tierra, a pocos metros, la temperatura se mantiene estable durante todo el año. Y eso es oro energético.
Esta combinación permite que cada parte del sistema trabaje en condiciones óptimas. Menos esfuerzo, menos consumo.
Además, el sistema es capaz de adaptarse dinámicamente a las condiciones exteriores, cambiando su modo de operación según temperatura y humedad. Esto evita sobreconsos innecesarios. Algo que los sistemas tradicionales no suelen gestionar bien.
Resultados en condiciones reales: más allá del laboratorio
Las pruebas realizadas en Taiwán, en distintas estaciones, confirman que el sistema mantiene el confort interior incluso en condiciones exigentes.
En verano, el ahorro alcanza ese 34,3%. En primavera y otoño, más moderados, el sistema sigue ofreciendo mejoras, con reducciones cercanas al 18,7%.
Un dato interesante: la energía geotérmica superficial por sí sola cubre cerca del 40% de las necesidades térmicas anuales. Sin embargo, la alta humedad del entorno hace que el sistema desecante siga siendo clave durante aproximadamente la mitad del tiempo.
No es una solución única. Es una combinación inteligente.
Más allá del ahorro: ventajas prácticas
El uso del subsuelo como fuente térmica aporta estabilidad. No hay fluctuaciones bruscas como en el aire exterior.
Esto es:
- Mayor eficiencia constante.
- Menor desgaste de equipos.
- Reducción de ruido frente a sistemas de aire tradicionales.
Además, este tipo de soluciones encaja bien en estrategias de edificios de consumo casi nulo (nZEB), cada vez más impulsadas por normativas europeas.
De hecho, en países como España, donde la demanda de refrigeración crece año tras año, integrar sistemas híbridos de este tipo empieza a tener sentido no solo ambiental… también económico.
Potencial
La clave está en cómo se implemente. Este tipo de tecnología no va a sustituir de golpe a todos los sistemas actuales. Pero puede integrarse en nuevas construcciones y rehabilitaciones energéticas.
Algunas aplicaciones realistas:
- Edificios públicos con alta ocupación (hospitales, universidades)
- Viviendas colectivas en zonas con humedad elevada
- Centros de datos, donde la gestión térmica es crítica
- Hoteles en zonas costeras, con gran demanda de climatización
Si se combina con energías renovables eléctricas (fotovoltaica, por ejemplo), el impacto se multiplica. Menos consumo, menos emisiones, más resiliencia.
Y hay algo importante: este tipo de soluciones obliga a repensar el diseño de los edificios desde el principio. No como un añadido. Como parte del sistema.
No es solo tecnología. Es otra forma de enfriar el mundo. Y, visto lo que viene, se va a necesitar.
Más información: Jyun-De Liang et al, On-site study on a desiccant-based air-conditioning system integrated with shallow geothermal energy, Energy Conversion and Management (2026). DOI: 10.1016/j.enconman.2025.120540



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