
La precipitación disminuyó en promedio 21 mm por año durante la estación seca. La temperatura máxima subió unos 2 °C en ese periodo. Los efectos son más intensos cuando se pierde entre el 10% y el 40% del bosque.
- Deforestación = 74,5% menos lluvia seca.
- Aumento de temperatura = 2 °C en 35 años.
- 16,5% del calor extra, por pérdida forestal.
- Amazonia = regulador climático clave.
- Lluvias alteradas, incendios más frecuentes.
- Mayor riesgo si se deforesta más.
- Proyecto brasileño-chino, datos sólidos.
- Urgencia real, implicaciones globales.
La deforestación en la Amazonia brasileña ya no es solo una amenaza visible: ahora sus efectos climáticos están cuantificados. Un estudio liderado por científicos de la Universidad de São Paulo (USP) muestra que el 74,5 % de la reducción de lluvias y el 16,5 % del aumento de temperatura durante la estación seca se deben directamente a la pérdida de cobertura forestal. Es la primera vez que se logra separar con precisión la influencia de la acción humana local —deforestación— de la del cambio climático global en este ecosistema.
Este hallazgo llega en un momento clave. La próxima COP30, prevista para noviembre de 2025 en Belém, capital del estado de Pará, tendrá como eje central temas de mitigación y adaptación climática. La nueva evidencia científica ofrece insumos urgentes para orientar políticas públicas y acuerdos internacionales.
Durante 35 años (1985–2020), los investigadores analizaron una superficie de más de 2,6 millones de km² en la Amazonia Legal, utilizando modelos estadísticos robustos y datos satelitales. Los resultados son claros: cuanto antes se deforesta, mayor es el impacto climático. Incluso perder entre un 10 % y un 40 % del bosque genera efectos desproporcionados en el régimen de lluvias y las temperaturas locales.
El aumento de 2 °C en la temperatura máxima durante la estación seca ya está afectando los ciclos ecológicos y agrícolas. Detrás de este fenómeno hay una combinación de emisiones globales —especialmente de países industrializados— y de la presión local por transformar selva en pastizales. Las decisiones tomadas en ambos extremos del planeta están moldeando el futuro de la Amazonia.
Equilibrio delicado de un ecosistema
La Amazonia funciona como una bomba biótica que distribuye humedad por Sudamérica mediante los llamados «ríos voladores». Cuando se tala el bosque, se interrumpe este ciclo: menos árboles significa menos vapor de agua, menos formación de nubes y, por tanto, menos lluvia.
Además, investigaciones recientes han revelado un mecanismo aún más complejo de formación de lluvias. Un equipo internacional, que incluye a científicos brasileños, demostró que la selva genera nanopartículas de aerosol que interactúan con descargas eléctricas y reacciones químicas en las capas altas de la atmósfera. Este sistema natural actúa como una máquina de nubes, clave para el clima regional.
Sin embargo, entre 1985 y 2023, la Amazonia brasileña perdió 553.000 km² de vegetación nativa, una superficie equivalente al territorio de Francia. Según MapBiomas, el principal impulsor fue la expansión de pasturas para ganado. Aunque en el último año se alcanzó uno de los niveles más bajos de deforestación —4.495 km² entre agosto de 2024 y julio de 2025— la degradación silenciosa, provocada por incendios y fragmentación del hábitat, continúa sin freno.
Radiografía del impacto
El estudio aplicó ecuaciones paramétricas que descomponen las variables climáticas entre los factores globales y los cambios locales por deforestación. Así, lograron aislar el efecto directo de perder bosque sobre la lluvia y la temperatura.
En promedio, las lluvias durante la estación seca disminuyeron 21 mm por año, de los cuales 15,8 mm se deben solo a la deforestación. Este dato es especialmente preocupante, ya que la estación seca se ha alargado y vuelto más intensa, lo que eleva el riesgo de incendios forestales y reduce la capacidad de recuperación de los ecosistemas.
En cuanto a gases de efecto invernadero, el aumento de 87 ppm de CO₂ y 167 ppb de CH₄ observado en ese mismo período se atribuye casi en su totalidad a emisiones globales. Aunque parece contradictorio con estudios que muestran que la Amazonia está perdiendo capacidad de absorber carbono, la diferencia está en la escala: esos estudios miden el flujo local de CO₂, mientras que este analiza su concentración atmosférica total, más influida por fuentes lejanas.
Otro dato relevante: el patrón de lluvias de la estación monzónica sudamericana —clave para la agricultura en el centro y sur de Brasil— ya está siendo alterado. Sequías severas, como las de 2023 y 2024, son señales de que la resiliencia del sistema climático regional está en jaque.
Más información: How climate change and deforestation interact in the transformation of the Amazon rainforest | Nature Communications



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