
Los satélites revelan una preocupante transformación bajo la superficie del mar: disminuye el fitoplancton, se alteran las cadenas alimentarias y crece el riesgo para la pesca.
- 🌡️ Calentamiento excepcional: las aguas superficiales del Pacífico oriental presentan temperaturas aproximadamente 1,7 °C superiores a la media.
- 🌊 Cambios en el nivel del mar: algunas zonas registran elevaciones de entre 30 y 40 centímetros relacionadas con la redistribución de aguas cálidas.
- 🛰️ Vigilancia desde el espacio: los satélites Sentinel-6 y PACE permiten observar la evolución del fenómeno y sus efectos sobre el océano.
- 🐟 Alteración de los ecosistemas: la reducción del fitoplancton amenaza con modificar las cadenas alimentarias marinas.
- 🌍 Consecuencias mundiales: El Niño puede alterar las precipitaciones, favorecer sequías en determinadas regiones y modificar la actividad de tormentas.
El océano Pacífico está experimentando una transformación extraordinaria que ya puede observarse desde el espacio. Los satélites de la NASA han detectado un calentamiento anómalo de sus aguas, cambios importantes en el nivel del mar y una alteración del color del océano relacionada con la disminución del fitoplancton. Son las señales de un episodio de El Niño que podría convertirse en el más intenso registrado desde 1950, con posibles consecuencias para el clima, los ecosistemas marinos y millones de personas.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estima que existe un 83 % de probabilidades de que el episodio actual sea el más fuerte desde 1950, según la información publicada por la NASA el 15 de octubre de 2026.
Un fenómeno climático que está transformando el océano Pacífico
El Niño es un fenómeno climático natural que aparece aproximadamente cada dos a siete años y forma parte de la denominada El Niño-Oscilación del Sur (ENSO).
En condiciones normales, los vientos alisios empujan las aguas superficiales cálidas del Pacífico hacia el oeste, favoreciendo la llegada de aguas profundas, frías y ricas en nutrientes a las costas de Sudamérica.
Durante El Niño, estos vientos se debilitan y, en ocasiones, cambian temporalmente de dirección. Como consecuencia, grandes masas de agua cálida se desplazan hacia el Pacífico central y oriental.
Esta redistribución modifica el intercambio de calor y humedad entre el océano y la atmósfera, alterando los patrones de circulación atmosférica a escala planetaria.
El episodio de 2026 comenzó a mostrar señales especialmente significativas en enero, cuando los instrumentos de observación detectaron una gran onda de agua cálida cerca de Micronesia.
Se trataba de una onda Kelvin oceánica, una perturbación capaz de transportar energía a lo largo de miles de kilómetros.
A comienzos de abril, estas ondas habían alcanzado el Pacífico oriental, contribuyendo al aumento de las temperaturas superficiales y del nivel del mar.
El nivel del océano ha aumentado hasta 40 centímetros en algunas regiones
Uno de los descubrimientos más llamativos procede de los satélites Sentinel-6, capaces de medir con gran precisión la altura de la superficie oceánica.
Los datos muestran que, durante el desarrollo de El Niño, el nivel del mar ha llegado a situarse entre 30 y 40 centímetros por encima de los valores habituales en determinadas zonas del Pacífico oriental.
Mientras tanto, alrededor de Indonesia y el norte de Australia se han observado niveles entre 15 y 20 centímetros inferiores a lo normal.
Estas diferencias se explican por la redistribución de las masas de agua y por la expansión térmica: cuando el agua se calienta, aumenta su volumen.
Las observaciones permiten seguir cómo el agua cálida se desplaza hacia Sudamérica y posteriormente se extiende hacia el norte, siguiendo la costa americana.
Es importante distinguir estas variaciones regionales y temporales del aumento global del nivel del mar provocado por el cambio climático. Aunque ambos procesos pueden superponerse, responden a mecanismos y escalas temporales diferentes.
Los satélites Sentinel-6 realizan mediciones globales de la altura oceánica aproximadamente cada diez días, aportando información esencial para comprender la cantidad de calor acumulada en el océano.
El Pacífico se está volviendo más azul y los científicos saben por qué
Otra de las señales más sorprendentes detectadas por la NASA es un cambio en el color del océano.
El satélite PACE, lanzado en febrero de 2024, ha observado que determinadas regiones ecuatoriales del Pacífico presentan una tonalidad más azul que en 2025.
Este cambio está relacionado con la disminución del fitoplancton, el conjunto de organismos microscópicos fotosintéticos que constituye la base de buena parte de las cadenas alimentarias marinas.
En condiciones habituales, las aguas frías que ascienden desde las profundidades transportan nutrientes esenciales para su crecimiento.
Sin embargo, durante El Niño, el debilitamiento de los vientos alisios reduce este proceso, conocido como afloramiento oceánico.
Al disminuir la disponibilidad de nutrientes, también puede reducirse la abundancia de fitoplancton.
La consecuencia es doble: cambia la composición óptica del agua y disminuye la disponibilidad de alimento para numerosos organismos marinos.
El instrumento Ocean Color Instrument (OCI), instalado en PACE, analiza cientos de longitudes de onda de luz visible, infrarroja cercana y ultravioleta para estudiar estos cambios con un detalle sin precedentes.
El episodio actual es el primero de El Niño observado por PACE desde su lanzamiento, lo que permitirá estudiar su evolución con información espectral que no estaba disponible en anteriores episodios.
Las consecuencias podrían extenderse a la pesca, la agricultura y los ecosistemas
Los efectos de El Niño no se limitan a las temperaturas oceánicas.
Cuando disminuye el fitoplancton, se reduce una fuente fundamental de alimento para el zooplancton y, de manera indirecta, para peces, aves marinas y mamíferos.
Las pesquerías de anchoveta de Perú, especialmente sensibles a la temperatura y disponibilidad de nutrientes, han sufrido importantes alteraciones durante episodios anteriores.
En 2026, las autoridades peruanas ya han adoptado suspensiones temporales de la actividad pesquera para proteger este recurso.
En tierra firme, los cambios en la circulación atmosférica pueden modificar la distribución de las precipitaciones y la frecuencia de determinados fenómenos meteorológicos extremos.
Entre sus efectos habituales se encuentran las condiciones más secas en partes de Indonesia y Australia, un mayor riesgo de lluvias intensas en determinadas regiones americanas y alteraciones de las temporadas agrícolas.
No obstante, El Niño no produce exactamente las mismas consecuencias en todos los episodios. Su impacto depende de la intensidad, la época del año, las condiciones atmosféricas regionales y la interacción con otros fenómenos climáticos.
¿Qué consecuencias puede tener para España?
Aunque El Niño se desarrolla en el Pacífico tropical, sus efectos atmosféricos pueden propagarse a otras regiones mediante conexiones climáticas conocidas como teleconexiones.
En Europa, y particularmente en España, su influencia es menos directa y predecible que en las regiones próximas al Pacífico.
Algunos estudios han identificado relaciones estadísticas entre ENSO y determinados patrones de circulación atmosférica del Atlántico Norte, pero estas conexiones varían según la estación y no permiten anticipar por sí solas un invierno especialmente lluvioso, seco, cálido o frío en la península ibérica.
Por tanto, la posibilidad de un episodio histórico de El Niño no significa necesariamente que España vaya a experimentar fenómenos meteorológicos extremos concretos.
Para evaluar sus consecuencias regionales es necesario consultar las predicciones estacionales de organismos meteorológicos como AEMET y el Centro Europeo de Predicción Meteorológica a Medio Plazo.
¿Estamos ante el mayor episodio de El Niño de la historia?
La estimación de la NOAA apunta a una probabilidad del 83 % de que el episodio de 2026 termine siendo el más intenso desde 1950.
Sin embargo, se trata de una previsión probabilística, no de un récord confirmado.
La intensidad definitiva dependerá de la evolución de las temperaturas del Pacífico ecuatorial durante los próximos meses.
Los científicos continuarán observando tres indicadores fundamentales: la temperatura superficial, las anomalías en la altura del mar y los cambios en el color del océano.
La combinación de estas mediciones permite estudiar tanto la evolución física del fenómeno como sus primeras consecuencias biológicas.
Además, el calentamiento global introduce un contexto adicional: El Niño se desarrolla actualmente sobre un planeta más cálido que durante gran parte de los registros históricos. Esto puede aumentar determinados riesgos asociados al calor, aunque no significa que todos los impactos del episodio sean necesariamente más intensos.
El seguimiento realizado por la NASA demuestra hasta qué punto la observación de la Tierra desde el espacio se ha convertido en una herramienta fundamental para anticipar riesgos climáticos, proteger los ecosistemas y mejorar la capacidad de adaptación de las sociedades.
Vía NASA

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